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Un escenario sin soluciones sencillas ni en el país ni en la región

Lunes 07 de agosto de 2017
PARA LA NACION
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Desde el primer trabajo de los doctores Althabe y Belizán sobre la incidencia de la cesárea en América latina, publicado en 1999, los resultados muestran un sistemático aumento.

Una mirada superficial podría sugerir que los obstetras no son buenos profesionales y que las mujeres son víctimas de esta epidemia. Sin embargo, no hay nadie en el ambiente de la obstetricia mundial que no reconozca las dificultades que presenta el nacimiento en los últimos años. Hay una menor tolerancia al riesgo; muchas veces no hay obstétricas suficientes; existe temor a las demandas judiciales; hace unos años se consideró que el parto vaginal favorecía más el daño en el piso pelviano de las mujeres; los costos no fueron debidamente estudiados y es probable que en una lectura fina un parto de 16 horas sea más costoso que una operación cesárea de 20 o 30 minutos; los terceros pagadores no suelen tener clínicas o sanatorios adecuados para sostener los trabajos de parto de larga duración, y las mujeres cada vez se presentan a su primer hijo con una edad más avanzada.

Todos estos ejemplos muestran las dificultades que tiene el análisis de la cesárea. Es probable que una modificación integral pudiera generar una disminución en los índices de nacimientos abdominales. Esto implicaría tener un número adecuado de obstétricas en las guardias, no habría un sistema personalizado de atención en la seguridad social y debería modificarse la infraestructura de las maternidades.

El cambio en nuestro país sería copernicano y los resultados, inciertos. Habría que citar a una reunión "multisectorial" donde se encuentren los interesados en este tema y plantear escenarios factibles. En esa misma reunión cabría analizar las dificultades para ofrecer a todas las mujeres un parto o una cesárea en tiempo y forma, con adecuada atención, con profesionales competentes, con banco de sangre y con anestesia las 24 horas. Vivimos en un país donde las mujeres pobres pueden tener una menor incidencia de operación cesárea, pero no acceden a una analgesia peridural durante el trabajo de parto. Como toda política pública, requiere una mirada holística. No veo que las soluciones sean sencillas.

División Tocoginecología del Hospital Italiano de Buenos Aires

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