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Putin se olvida de tener una "relación especial" con Trump y reflota la rivalidad con EE.UU.

Las sanciones de Washington dinamitaron las esperanzas de mejorar las relaciones; Moscú considera que el mandatario norteamericano es rehén de los militares

Lunes 07 de agosto de 2017
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LA NACION
Las vacaciones aventureras de Putin dieron que hablar en Rusia y el mundo
Las vacaciones aventureras de Putin dieron que hablar en Rusia y el mundo. Foto: Reuters

PARÍS.- La escalada de sanciones recíprocas adoptadas por Washington y Moscú parece haber puesto término a las esperanzas del presidente ruso, Vladimir Putin , de crear una "relación especial" con Donald Trump , y abre una nueva fase de rivalidad entre las dos grandes potencias.

Rusia, totalmente decepcionada de los primeros seis meses de Trump en el poder, "se prepara para hacer frente a décadas de conflicto" con Estados Unidos, declaró el primer ministro, Dimitri Medvedev, durante la última semana.

Las sanciones "extinguieron las esperanzas de mejorar nuestras relaciones con el nuevo gobierno norteamericano", agregó.

Ni siquiera el encuentro de ayer en Manila entre los responsables de la política exterior de ambos países, Serguei Lavrov y Rex Tillerson, parece haber modificado esencialmente esa situación. Ambos se reunieron por primera vez desde que el Congreso estadounidense votó nuevas sanciones contra Rusia, en el marco de la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean).

Tillerson "quería detalles sobre las medidas de retorsión que hemos tomado", dijo Lavrov después del encuentro. "Le di explicaciones", agregó. Minutos después, la cancillería rusa afirmó que Moscú seguirá respondiendo a las acciones hostiles de Estados Unidos, aunque está dispuesto a normalizar el diálogo si Washington abandona el camino de la confrontación.

El jefe del Kremlin también hizo buceo en Siberia
El jefe del Kremlin también hizo buceo en Siberia. Foto: AP

En una entrevista, Putin declaró que su gobierno "esperó mucho tiempo" desde que asumió Trump que Washington evitara la vía del enfrentamiento. Pero "a juzgar por la situación" esos cambios "no ocurrirán pronto".

El jefe del Kremlin parece haber llegado finalmente a la conclusión de que Trump es incapaz de modificar la espiral descendente de las relaciones ruso-norteamericanas. ¿No quiere o no puede?, se interrogan los especialistas de la Tercera Hermana, como se conoce en Moscú al imponente rascacielos estalinista de 172 metros de altura donde funciona la cancillería rusa.

"Trump capituló ante el Congreso. Ahora, Estados Unidos no tiene más oportunidades para desarrollar una cooperación constructiva con Rusia", sentenció Konstantin Kosachyov, presidente del Comité de Asuntos Internacionales del Consejo de la Federación (cámara alta equivalente al Senado).

Nadie cree realmente en la teoría de que Trump firmó las sanciones "para no pasar por un agente de los rusos" ante la opinión pública. Un grupo de consejeros de Putin avanza incluso una hipótesis más arriesgada: Trump se ha convertido en rehén de los militares. Y enumeran a los generales que ocupan los cargos clave de la administración: el general del cuerpo de marines James Mattis (secretario de Defensa); el teniente general H.R. McMaster (consejero de Seguridad), que reemplazó a Michael Flynn, sospechado de haber mantenido ambiguas relaciones con los rusos; el general de marines Joseph Dunford (jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas); el contraalmirante John Kelly, que acaba de suceder a Reince Priebus en el cargo clave de secretario general de la Casa Blanca.

Para los rusos, que viven obsesionados con los fantasmas del lobby militar-industrial y la Guerra Fría, ese fenómeno reviste características inquietantes porque marca un regreso del sector castrense al primer plano. Desde la presidencia de Gerald Ford, en 1974, ningún militar había ocupado el estratégico cargo de secretario general de la Casa Blanca. Más aún: desde la época de Dwight Eisenhower, ningún militar había alcanzado influencia en los niveles superiores de la administración.

"El análisis que realiza el Kremlin es que después de siete meses de caos los militares se impusieron como una fuerza coherente de estabilidad que comienza a hacer prevalecer sus posiciones en las cuestiones esenciales de política exterior", afirma el experto francés Pascal Boniface.

Con el secretario de Estado, Rex Tillerson, reducido al papel de junior partner (socio menor), ese grupo se convirtió en el eje de los adultos, según la definición acuñada por los republicanos más influyentes.

Ese cambio de paradigma destruyó buena parte de las ilusiones que se había hecho Putin desde que decidió "invertir" en Donald Trump. Queda por ver si ese error de cálculo tendrá repercusiones en el plano interno, pues desde hace algún tiempo hay sectores del establishment ruso que critican los desaciertos de la estrategia internacional del jefe del Kremlin.

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