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Sin Bolt, el atletismo está en graves problemas

Santiago Segurola

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PARA LA NACION
Lunes 07 de agosto de 2017
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MADRID.- La despedida de Usain Bolt significa mucho más que el fin de un periodo excepcional. Hace tiempo que el atleta jamaicano entró por derecho en la leyenda. Desde 2008 ha dominado el sprint como nadie anteriormente. Invencible en los grandes campeonatos -campeón olímpico de 100 y 200 metros en Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016-, Bolt registró en 2009 dos récords que se antojan inaccesibles para dos o tres generaciones de atletas. Son tiempos (9.58 segundos en los 100 metros y 19.19 segundos en los 200) sobrehumanos, futuristas, sin relación con las marcas de esta época.

Bolt ha sido mucho más que un atleta excepcional. Adorado por los aficionados, el campeón jamaicano añadía a sus actuaciones el carisma necesario para preservar la delicada salud del atletismo, preso de una crisis galopante. Atacado por la falta de credibilidad que genera el doping, erosionado por la corrupción de su clase dirigente, sin apenas audiencia televisiva y con figuras intrascendentes en el ámbito global del deporte, el atletismo ha vivido en gran medida del efecto Bolt.

Los anchos hombros del jamaicano han sostenido un deporte que pierde prestigio a chorros. Cuando Alemania organizó en 1974 los Mundiales de fútbol, ocho de los nueve estadios disponían de pista de atletismo. En el Mundial de Alemania 2006, nueve de los 12 campos no tenían pista. Desde entonces, el estadio del Stuttgart ha retirado el anillo. Lo mismo puede ocurrir en el mítico estadio Olímpico de Berlín, donde Bolt batió sus récords más memorables.

Hace un año, en los Juegos de Río, las ceremonias de apertura y clausura se celebraron en Maracaná. El recinto de atletismo, semivacío en casi todas las jornadas, ni tan siquiera albergó la llama olímpica. Sólo Usain Bolt ha emergido como una figura trascendente y saludable en medio del declive, pero el sábado cerró su grandioso ciclo. Su derrota en la final de 100 metros fue mucho menos significativa que el efecto de su despedida. Sin Bolt, el atletismo tiene mal pronóstico.

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