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Su vida tomaba un rumbo que no quería, hasta que se fue al campo

Martes 08 de agosto de 2017 • 00:03
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Any mantiene el único santuario de tortugas de la región
Any mantiene el único santuario de tortugas de la región.

"Casas enfiladas, casas enfiladas, /casas enfiladas, / cuadrados, cuadrados, cuadrados, /casas enfiladas. /La gente ya tiene el alma cuadrada, / ideas en fila / y ángulo en la espalda; / yo misma he vertido / ayer una lágrima, / Dios mío, / cuadrada". Hace diez años Any recordó un poema de Alfonsina Storni que la sacudió por completo. Llevaba 35 años viviendo en la ciudad, pero esa tarde de recuerdos, cuando se conectó con esa niña de su infancia que hablaba con los animales a la hora de la siesta, comía frutas sentada en las ramas de los árboles y terminaba cada noche leyendo con la débil luz de una vela abajo de la cama, supo que tenía que volver al campo.

En la ciudad estudió, se recibió, empezó a ejercer como docente, se enamoró, se casó, se divorció y se volvió a enamorar. También viajó y vivió en otras geografías y estuvo en contacto con otras culturas pero hubo un tiempo en el que se sintió ajena a todos los lugares donde intentaba pertenecer. Angustiada por darse cuenta de que su vida iba por un camino que no la representaba -ni por historia ni por deseo- decidió volver a una forma de vida más natural, para reencontrarse con la felicidad y empezar a "crecer para adentro".

La infancia, el color de los días en Bragado, la previa de este presente

En la década del '70 Any pasaba sus días correteando en la chacrita de sus padres en Bragado, provincia de Buenos Aires. Era la tercera generación criándose en una zona rural.

Cuando era chica pasaba sus días en contacto con la naturaleza, en Bragado
Cuando era chica pasaba sus días en contacto con la naturaleza, en Bragado.

Entre vegetación, valles y arroyos tuvo una infancia feliz; pero en algún momento de su juventud, Bragado le pareció chato, aburrido, poco estimulante y prometedor. La excusa que encontró para irse, como casi todos los jóvenes de su edad, fue el estudio y las posibilidades que ofrecía la ciudad.

Los años le dieron una familia y una profesión pero la desconectaron con su niña interior. "Cuando vivimos insertos en una sociedad, es muy difícil que el entorno no nos influencie y empezamos a parecernos aún en aquello que no nos gusta. Queremos una casa más grande, vacaciones en lugares lejanos, teléfonos cada vez más grandes que nos sumergen en la soledad más temible: la de creer que estamos vinculados y/o acompañados porque nuestro teléfono suena y suena. Nos esforzamos por mostrarnos exitosos y felices para el afuera aunque por dentro tengamos un naufragio. Nadie es lo que es. Nadie se muestra real. Nadie dice lo que piensa y si lo dice, es estigmatizado", reflexiona Any.

La bomba de tiempo empezó a correr cuando su madre enfermó. Ahí empezó a dividirse entre sus obligaciones en la ciudad, sus padres y sus necesidades. Además, cada vez que volvía a la casa de su infancia tenía que atender a los animales y ocuparse de la propiedad, que por falta de atención se venía abajo. En ese momento ella se sentía "como cuando vamos de compras y las bolsas del súper se van rompiendo y las cosas se nos caen y tratamos de sostener con nuestras dos manos todo lo que se va yendo al suelo. Sin éxito. Manoteamos cada cosa que sentimos que se cae y de todos modos, todo termina en el suelo".

Ese horizonte sumado a la revelación del poema de Storni la impulsaron a regresar al campo, a la vida simple, a recuperar el horizonte de la niñez.

Con sus propias manos desmontó un sector de la vieja chacra paterna y construyó una casa donde volver a empezar
Con sus propias manos desmontó un sector de la vieja chacra paterna y construyó una casa donde volver a empezar.

No hay rosas sin espinas: La parte gris de vivir de este modo

Habiendo crecido en el campo todas las tareas rurales le eran familiares, así que con sus propias manos desmontó un sector de la vieja chacra paterna y construyó una casa donde volver a empezar. El proceso de construcción fue lento, engorroso y más caro de lo que había calculado. Los primeros años sufrió el frío violento del invierno y el calor sofocante del verano.

Los primeros años sufrió el frío violento del invierno y el calor sofocante del verano
Los primeros años sufrió el frío violento del invierno y el calor sofocante del verano.

Hoy disfruta de las bondades de las cuatro estaciones y cada día, después de dar clases, vuelve a su casa y pone manos a la obra: "Los vientos se llevan lo que ordené el día anterior. Los animales reclaman atención. El pasto crece más rápido de lo que puedo cortarlo. Las hormigas necesitan continua vigilancia. Mi padre, que es mi vecino más cercano y mi gran responsabilidad, necesita estar abastecido de leña".

Refugio de tortugas

Al volver a su pueblo natal Any se reencontró con Moro, su tortugo de la infancia ese que descubrió a sus 8 años con su abuelo en un maizal y que hoy le dio un nuevo sentido a su vida. Hace unos años Any arrancó un blog para compartir sus días rurales, pero en cuento empezó a hablar de Moro y por qué las tortugas no son mascotas, empezó a recibir consultas de personas que por diferentes motivos ya no podían cuidarlas y querían llevárselas a ella.

Así llegó a mantener el único santuario de tortugas de la región "Tortugas en El Faro". En total viven unas 70 tortugas y ella les ofrece un ambiente natural para que crezcan y se reproduzcan. Viven en recintos naturales que les va armando y para las tortugas acuáticas cuenta con un estanque. Any es su refugio ante posibles depredadores y comerciantes ilegales.

"Sentirme comprometida con el cuidado ambiental -concluye Any-, respetar toda las formas de vida, pisar de nuevo la tierra de mi niñez y trabajar para embellecerla, me permite re-vincularme poco a poco con la nena aquella que hablaba con los animales en lugar de dormir la siesta y leía abajo de la cama con la luz de la vela, aquella nena que no imaginaba que alguna vez pudiera derramar una lágrima... cuadrada".

Tiene más de 70 tortugas de tres especies diferentes. Cada verano decenas de familias le llevan sus tortugas para que les de un hogar natural
Tiene más de 70 tortugas de tres especies diferentes. Cada verano decenas de familias le llevan sus tortugas para que les de un hogar natural.

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