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Un proyecto que rompió con los convencionalismos

Martes 08 de agosto de 2017
PARA LA NACION
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El encargo que en 1886 le hizo Cayetano Brenna, propietario de la Confitería del Molino, al arquitecto italiano Francisco Teresio Gianotti, llegado a Buenos Aires en 1909, involucraba la integración de dos edificios existentes y la construcción de uno nuevo.

Desde su emplazamiento original en Rivadavia y Rodríguez Peña, en 1903 y con el impulso generado por la construcción del Congreso nacional Brenna se trasladó al edificio de dos plantas de la esquina de Rivadavia y Callao. En 1909 adquirió el inmueble de Callao 32 y en 1914, el lote de Rivadavia 1815. A partir de ese momento, estuvo listo para construir el ícono actual, inaugurado en 1917, que combinaba su lujosa confitería con casa de renta y oficinas.

Gianotti debió concretar la construcción con la premisa impuesta de no interrumpir el funcionamiento del negocio ni de la casa de renta existentes. Tomando como altura límite la del edificio ya erigido, levantó el nuevo elevándose sobre la esquina con la estilizada cúpula en cuya base las aspas de un molino identifican la marca del establecimiento.

Si bien sigue el ordenamiento tradicional para la arquitectura de principios del siglo XX tanto en plantas como en fachada, es notoria la impronta antiacademicista de Gianotti en la ornamentación innovadora y en la tecnología utilizada. La resolución en el cuerpo de esquina con la cúpula y linterna, pequeños balcones y cornisas sutilmente ornamentadas, cerámicas coloridas, venecitas y tejas doradas, mosaicos opalinos y vitrales de colores vivos reflejan la influencia de los años de residencia en Bruselas, cuna del art nouveau, del joven Gianotti.

Su ruptura con los convencionalismos se evidencia también en el tratamiento de la esquina: el sector de la confitería -planta baja y primer piso y sus salones asoma con el hueco-terraza donde se encontraban las hoy lamentablemente perdidas esculturas de 1,80 metros de altura.

Estructuralmente, combinó el nuevo esqueleto de hormigón armado con la antigua perfilería metálica de la confitería. El Molino conjugó lo mejor en cuanto a proyecto complejo, materiales de lujo y tecnología de vanguardia en la segunda década del siglo XX.

La autora es arquitecta e investigadora

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