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Prófugo: partidos de truco, cervezas y TV, la vida de Minnicelli en Chapadmalal

Tenía identidad falsa y se movía con facilidad en el paraje, donde estuvo 100 días

Martes 08 de agosto de 2017
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LA NACION
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El despliegue policial en el paraje de Chapadmalal donde se ocultó Minnicelli, el cuñado de De Vido
El despliegue policial en el paraje de Chapadmalal donde se ocultó Minnicelli, el cuñado de De Vido. Foto: Mauro V. Rizzi

MAR DEL PLATA.- Don Roberto Martínez ya era uno más en el vecindario. Saludaba a todos y tenía un trato casi familiar. Caminaba por el barrio con tranquilidad, se movía en remise para ir a distancias más alejadas y hasta salía de noche a bailar a Mar del Plata.

Roberto Martínez era la falsa identidad que había improvisado Claudio Minnicelli, el cuñado del ex ministro kirchnerista Julio De Vido , capturado anteanoche en Estación Chapadmalal, un pequeño paraje de 1600 habitantes al sur de Mar del Plata. La llave para capturarlo fue un vecino que, según una fuente policial, identificó a Minnicelli en la edición de anteayer de LA NACION, donde figuraba en una nota sobre los diez prófugos más buscados. Le interesaba cobrar los $ 250.000 de recompensa.

En Chapadmalal, donde Minnicelli pasó los últimos 100 días, los vecinos no salen del asombro. Mientras, los investigadores intentan desentrañar cómo llegó hasta allí, quién le sugirió ese lugar y si hubo cómplices.

"Pidió alojamiento por una semana porque había conseguido trabajo en unos viveros en Sierra de los Padres", contó Juan Castillo, el dueño de las modestas habitaciones de las calles 22 y 9, donde Minnicelli pasó los últimos 100 días de los casi nueve meses que llevaba como prófugo de la Justicia. Al propietario lo esperarán en tribunales para que explique algo más que los términos del alquiler.

La sorpresa se adueñó de este paraje cercano a la localidad de Batán, al que se llega por un camino asfaltado que nace en la ruta 88 y se abre paso entre canteras, fábricas de ladrillos y un pequeño poblado. Ninguno de los vecinos consultados por LA NACION admitió conocer a Minnicelli antes de ver su cara en las noticias. "Para todos nosotros era Roberto", admitió uno de los siete hijos de Castillo, que estaba al frente de la pequeña despensa familiar cuando una comisión policial atrapó al prófugo. En sus bolsillos, Minnicelli llevaba un teléfono celular y $ 2000.

Lejos del perfil tradicional de quien intenta eludir a investigadores que están tras sus pasos, Minnicelli se movía casi sin límites y con extrema comodidad. Nunca se dejó bigotes ni barba. Por el contrario, lucía cada mañana recién afeitado. A lo sumo usaba capucha. Hacía compras, salía a caminar casi a ritmo de práctica deportiva, charlaba con algunos vecinos y había hecho de la esquina de 22 y 9 su refugio.

La habitación que alquiló a razón de $ 1500 semanales que pagaba por adelantado tiene una puerta placa y una única ventana que da a la calle de tierra, tapada por una placa de madera rajada. Adentro, en menos de nueve metros cuadrados, tenía una cama, mesa, un par de sillas y un baño sencillo. El inmueble iba a ser allanado ayer por orden del juez Aguinsky.

"Claro que lo tengo visto, ¿pero qué me iba a imaginar que era semejante personaje?", reconoció Dionisio, propietario de una tienda de ropa que está justo frente al destacamento policial.

"Don Roberto" solía tomar cerveza con algunos jóvenes de la zona. Mataban el tiempo en partidas de truco. Y en la despensa de Castillo se manejaba con comodidad: hasta se adueñaba del control remoto del televisor de 20 pulgadas, donde nunca quería ver canales de noticias y mucho menos programas de espectáculos. "Odiaba a Tinelli", contó uno de los testigos. El conductor lo citó seguido cuando la ex mujer de Minnicelli, Celina Rucci, ganó unatemporada del "Bailando por un sueño".

La coincidencia entre los lugareños es que jamás habían visto antes esa cara. "Si sabía quién era y encima que había recompensa, ni dudaba en llamar a la policía", confió un vecino que vive a media cuadra del "aguantadero".

Elba, también vecina, estaba ayer pendiente de la radio para saber qué decían de este hombre al que recién ahora le pudieron poner nombre y apellido correcto. "Para nosotros era una cara nueva más de las tantas que circulan por Chapadmalal", reconoció a LA NACION. Pero la diferenció con otros de esos frecuentes residentes de paso que se suelen dar, algunos por trabajo y otros por encuentros de una iglesia evangélica. "Este era distinto, mucho más prolijo que cualquiera", admitió.

La coincidencia entre los lugareños es que jamás habían visto antes esa cara. O al menos no la tenían registrada como uno de los delincuentes más buscados en el país.

Minnicelli tomaba cerveza en la calle con un par de jóvenes cuando al anochecer del domingo, la policía empezó a cercarlo. Cuando vio el primer patrullero, se retiró hacia su refugio de 22 y 9. Esperó un rato. Salió más tarde hasta la despensa de Castillo. Cuando estaba adentro, le pidieron el documento y lo identificaron. "No pasa nada, Juan", le dijo a Castillo, quien reconoce haber visto cómo al detenido se le llenaban los ojos de lágrimas. En el comercio dejó una deuda impaga de algo más de $ 200.

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