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Goles y lágrimas: cuando el fútbol es un homenaje

Barcelona recibió con emoción a Chapecoense, por la Joan Gamper; Messi intercambió la camiseta con Ruschel, uno de los sobrevivientes

Martes 08 de agosto de 2017
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LA NACION
Todos juntos, por el futuro, más allá del dolor; y Messi, en el centro de todas las miradas
Todos juntos, por el futuro, más allá del dolor; y Messi, en el centro de todas las miradas. Foto: Adrián Quiroga

A veces, el fútbol es un vehículo de solidaridad. Detrás de una tragedia, se reúne para encontrar pequeñas soluciones, económicas y humanitarias, para paliar semejante dolor. Y lo que devuelve en el campo de juego es un espectáculo conmovedor, una cita imprescindible con la emoción verdadera. Chapecoense juega, corre, lucha, detrás de los fantasmas más oscuros. No queda otra: debe seguir pateando hacia adelante. En competencias locales, en choques internacionales. Y cuando pisa escenarios como el Camp Nou, repleto y con Leo Messi entre sus adversarios, el mundo devuelve la mirada contra un humilde equipo brasileño que subsiste detrás de la agonía. La excusa es una copa. Goles, abrazos y recuerdos. A veces, el fútbol recupera su esencia.

Barcelona se enfrentó con Chapecoense por el Trofeo Joan Gamper, un honor por las víctimas y sobrevivientes del accidente aéreo en el que perdieron la vida 71 personas, en el vuelo 2933 de LaMia, el 28 de noviembre de 2016, cuando el club brasileño viajaba a Colombia para disputar la final de la Copa Sudamericana.

Antes del encuentro, un 5-0 con goles de Gerard Deulofeu, Busquets, Messi, Luis Suárez y Denis Suárez, fue el espacio para el espíritu, con el balón a un costado. Andrés Iniesta, el cerebro y referente catalán, pronunció un breve discurso con el que dio la bienvenida a la nueva temporada y, sobre todo, honró al equipo de Chapecó. "Es un día muy especial; recibimos en nuestra casa al Chapecoense, un rival muy especial. Espero que podáis disfrutar de un partido inolvidable", dijo el volante, que ensayó un recuerdo de las víctimas, de sus familiares y de los sobrevivientes.

Dos de los futbolistas que se salvaron, Jakson Follman y Helio Hermito Neto, fueron los encargados de realizar el saque de honor. El tercero, Alan Ruschel, fue el capitán del equipo. "Ahora soy una de las personas más felices del mundo porque estoy viviendo algo impensable", dijo Ruschel, que intercambió su camiseta con Leo Messi tras el pitazo final. "Me considero un afortunado de poder estar en España, enfrentar a Barcelona, jugar en un estadio en el que nunca imaginé... Son tantas cosas buenas que vivo ahora que no me lo creo", comentó.

"Hoy rendimos homenaje a las 71 personas que perdieron la vida el año pasado y a sus familias. ¡Fuerza Chapecoense! Estamos con todos ustedes", fue la rúbrica de Leo Messi en las redes sociales.

Hubo más historias profundas. Como la del arquero Jakson Follman, que perdió una pierna en el accidente y desde entonces utiliza una prótesis. Ahora, quiere competir con la selección de fútbol paralímpico. Se ganó la admiración del mundo; y desde ayer, la de Marc-André ter Stegen, de Barcelona. "Estoy sin palabras. No puedo imaginar lo que ha pasado, pero después de todo mantener el deseo de seguir jugando al fútbol realmente es increíble y valiente", dijo el arquero alemán, uno de los profesionales más conmovidos por la tragedia.

Barcelona ingresó al campo de juego y, desde el medio de la cancha, esperó que fueran saliendo uno a uno los rivales (alguno de ellos, entre lágrimas), a quienes respaldó con un caluroso aplauso, en sintonía con los simpatizantes. El conjunto catalán ya había donado a Chapecoense, el año pasado, 250.000 euros para la reconstrucción del plantel. Barcelona se quedó con el trofeo, pero el homenaje lo dio el fútbol. El resultado del partido fue lo de menos.

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