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Sorprendido tras el asalto,el ejército venezolano intenta mostrarse fuerte y unido

Los generales confirmaron su apoyo a Maduro tras las dudas que generó la acción de un grupo liderado por militares que logró llevarse armas de un cuartel; están prófugos

Martes 08 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ayer, junto a la plana mayor del ejército
El ministro de Defensa, Vladimir Padrino López, ayer, junto a la plana mayor del ejército. Foto: EFE

CARACAS.- El general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa y hombre fuerte del madurismo, compareció ayer en el batallón Simón Bolívar para hacer una demostración de fuerza ante el país y dar sensación de unidad interna, un día después de que el asalto a la armería de un cuartel desatara todo tipo de especulaciones.

El militar, pieza clave del gobierno, se rodeó en primer plano de 15 miembros de la cúpula del ejército para emitir la versión institucional del "ataque terrorista" contra el Fuerte Paramacay. "Ayer ocurrió una situación extraordinaria, atacaron una de nuestras unidades más emblemáticas. El plan contemplaba el ingreso al fuerte de civiles de zonas cercanas", explicó, protegido por un cordón militar de dos centenares de soldados, armados hasta los dientes, y tres tanques que apuntaban al más allá. Los generales que lo acompañaban volvieron a confirmar su apoyo irrestricto a Nicolás Maduro. La misma fidelidad que todos ellos exigieron previamente a sus oficiales.

Cuando las palabras de Padrino comenzaron a resonar, unidades especiales de inteligencia militar y policial continuaban la búsqueda del capitán Juan Caguaripano, comandante de la Operación David Carabobo y principal protagonista del asalto al Fuerte Paramacay, junto a los tenientes Oswaldo Gutiérrez y Jefferson García, responsable del arsenal del cuartel.

El militar rebelde, exiliado en Miami durante tres años tras ser acusado de rebelión contra la patria, recibió críticas muy fuertes de Padrino, que lo vinculó al llamado Golpe Azul de 2014 y la Operación Jericó, en 2015, durante la que se pretendía acabar con la vida del "hijo de Chávez", según el gobierno.

"Buscaban empañar el restablecimiento de la paz logrado por la elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) por parte de ocho millones de personas", explicó el ministro. Pese a la insistencia del oficialismo, el país piensa todo lo contrario: el 77,6% de los venezolanos cree que los comicios del 30-J fueron un fraude, según la última encuesta de Hercón.

El general no perdió la oportunidad de embestir contra la oposición, precisamente cuando la ANC planea arrebatar la inmunidad a los parlamentarios. Los rebeldes habrían operado "como mercenarios pagados desde Miami por grupos de extrema derecha ligados a factores de la oposición venezolana, así como gobiernos extranjeros que mantienen una actitud hostil e injerencias contra el país".

El comandante Jesús Suárez Chourío, jefe del ejército, sumó su propia versión de los sucesos de anteayer: "Fue una escaramuza de la mediática internacional apoyada por lacayos que viven en este municipio burgués".

El asalto y el llamado a la rebelión cubrieron de dudas a las distintas Venezuelas. Una, al borde de la desesperación, aplaudió la acción de anteayer, que ha vuelto a demostrar que la alta cúpula militar se juega su futuro con Maduro. Buena parte de los generales de las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas participa en la millonaria Gran Misión Abastecimiento Soberano, que controla la importación y distribución de alimentos y productos básicos. Y son muchos generales, casi 2000, otro récord mundial del chavismo, especialista en batirlos.

Los organismos de inteligencia sopesan las intenciones del capitán, que en un audio que circuló ayer aseguraba que girará instrucciones en los próximos días. Declaración que no se pudo verificar, después de la aparición de varias cuentas falsas en redes sociales. Una de las hipótesis que manejan en el oficialismo es que se acabe concretando un vínculo entre el grupo de la resistencia civil y el militar con el objetivo de hostigar a figuras políticas de alto rango.

El asalto dejó 15 heridos, una decena de detenidos (incluido el hijo de una alcaldesa chavista) y tres muertos, entre ellos un dirigente local de la opositora Avanzada Progresista, alcanzado por un disparo en las protestas que sucedieron a la rebelión cívico-militar. Los rebeldes lograron apoderarse de un centenar de armas, incluidos varios lanzagranadas. Las protestas continuaron ayer en las cercanías del cuartel y también en algunos puntos de Caracas.

Al otro lado del país, en Bolívar, la joven Wilmery Zerpa caía abatida por las balas de paramilitares revolucionarios mientras protestaba, según dio a conocer ayer Voluntad Popular.

"La acción de Paramacay fue planeada para que hubiese una masacre. Sólo una mente aberrada la puede apoyar", señaló Tarek William Saab, fiscal de facto, que acusó a Luisa Ortega de ser cómplice de la violencia.

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