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Los mapuches insisten en que al artesano le pegaron y se lo llevaron

Lo afirmaron a LA NACION en su propio campamento; dicen que no permitirán rastrillajes en el terreno

Martes 08 de agosto de 2017
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LA NACION
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CUSHAMEN, Chubut.- La justicia federal de Esquel sostiene que no hay pruebas de que el artesano Santiago Maldonado, que está desaparecido desde hace una semana tras un operativo de Gendarmería que evacuó un corte intermitente en la ruta 40 e ingresó violentamente en el Pu Lof en Resistencia de la comunidad mapuche en Vuelta del Río, haya sido capturado por esa fuerza, como afirmaron a LA NACION tres miembros de ese colectivo indígena.

El juez federal Guido Otranto, que analiza un pedido de hábeas corpus presentado por los familiares de Maldonado, informó que se realizaron inspecciones muy acotadas en el predio con buzos de la Prefectura y un can entrenado en la búsqueda de personas, sin novedades. Los peritajes fueron muy limitados, ya que los ocupantes no permitieron el ingreso de dos drones ni de un semirrígido Zodiac para relevar minuciosamente el área y el curso del río Chubut, que por la profusa vegetación de sauces criollos es de difícil navegabilidad, como pudo comprobar LA NACION.

Maldonado, de 28 años, oriundo de 25 de Mayo, se radicó en El Bolsón hace tres meses y realizaba tatuajes en la feria artesanal. Fue visto por última vez hace una semana, según testigos mapuches, dentro de esa comunidad, cuyo reclamo de tierras el joven artesano acompañaba de manera solidaria.

Los tres miembros encapuchados de la comunidad mapuche, que desde 2015 ocupan tierras perteneciente a la Compañía Tierras de Sud, de la empresa Benetton, junto a otras familias dispersas por el predio, dijeron ayer a LA NACION que vieron cómo efectivos de esa fuerza lo golpeaban en un desnivel del terreno, a metros del río Chubut, y que tras formar un cerco humano lo cargaron en una de las camionetas.

"Tras los disparos de la Gendarmería con balas de 9 mm y munición antitumulto [postas de goma] nos dispersamos corriendo y cruzamos el río. Ya del otro lado escuché los gritos de Santiago y vi cómo los gendarmes lo rodeaban y le pegaban", dijo uno de los miembros mapuches, que rehusó identificarse -al igual que el resto de sus compañeros- "para no ser perseguidos".

Sin embargo, la Justicia dio por concluidos los peritajes en busca del ADN de Maldonado en las cuatro camionetas y en un camión Iveco Eurocargo usados en el operativo. Los vehículos fueron restituidos a la fuerza una vez revisados, según se informó.

"No vamos a ir al juzgado a declarar bajo juramento lo que ya dijimos: a Santiago se lo llevó la Gendarmería. Y no vamos a ir porque hace años que venimos sufriendo una brutal persecución ilegal por parte de las autoridades, que nos arman causas para meternos presos", dijo otro de los encapuchados. Cuestionaron que en el operativo les secuestraron elementos de labranza, como una motosierra, hachas, palas y cuchillos que usan para cultivar papa, arvejas, habas y trigo. También poseen una huerta y plantaciones de árboles frutales.

Sobre su negativa a permitir el ingreso de drones al terreno para profundizar la búsqueda dijeron: "Nosotros ya rastrillamos todo y él no está acá. No queremos que hagan «tareas de inteligencia»".

El campamento mapuche, al que accedió LA NACION, consta de un puesto de madera que funciona como guardia las 24 horas. Por turnos, los miembros custodian que nadie traspase "sus dominios". No están armados: sólo poseen allí un caballo, elementos de logística y alimentos para cubrir las guardias. Un fogón, mate, tortas fritas, bolsas de alimentos y de verduras que les acercan quienes se solidarizan con su causa son los pocos enseres con los que resisten las bajas temperaturas de día y noche.

Cordiales y predispuestos al diálogo con la prensa, reivindicaron su pertenencia a esas tierras productivas ancestrales de las cuales, dijeron, fueron despojados por el winka hace 130 años y, luego, por "la corporación capitalista" de los Benetton. "Están haciendo cateos mineros en las tierras que nos arrebataron; quieren poner una hidroeléctrica y están contaminando todo el suelo con plantaciones forestales de pinos. No lo vamos a permitir. De acá nos sacarán muertos", dijeron.

Al caer la noche, otros encapuchados se unieron al diálogo. Viven del otro lado del río Chubut, área que se negaron a permitir que LA NACION visitara para conversar con el resto de la comunidad.

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