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Diego Guebel: "La experiencia sólo sirve para fallar un poco menos"

El fundador de Cuatro Cabezas y actual VP del canal brasileño Bandeirantes asegura que la TV abierta no desaparecerá, pero reconoce que nadie tiene la fórmula del éxito

Miércoles 09 de agosto de 2017
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LA NACION
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Con 51 años, a Diego Guebel le cuesta desprenderse de la imagen de enfant terrible de la televisión argentina. Es que la marca que dejó en la TV de los 90 fue muy grande. Junto con su entonces socio, Mario Pergolini, fundó la productora Cuatro Cabezas, que terminó creando algunos de los programas más exitosos de la pantalla chica local como Caiga Quien Caiga, El rayo o La TV ataca, que trajo a la televisión argentina un nuevo lenguaje y una renovación de la imagen.

Con su productora logró imponer sus formatos y programas en España, Italia, Portugal, Chile, Francia, Israel y Brasil, y se convirtió en un caso exitoso de exportación de contenidos made in Argentina. En 2007 vendió la compañía al grupo holandés Eyeworks, que a su vez fue adquirido por Warnes, y hasta hace unas semanas presidió la Cámara Argentina de Productores Independientes de Televisión (Capit). Hoy su principal ocupación es la dirección de contenidos televisivos del poderoso grupo brasileño Bandeirantes.

Desde afuera, Guebel igual no esconde su análisis sobre la televisión argentina y sus diferencias con lo que se está haciendo en Brasil, y se muestra optimista sobre el futuro de la TV abierta. "Hoy funciona todo al mismo tiempo y hay mucha incertidumbre, pero es parte de este negocio. La verdad es que no sé cómo será el negocio dentro de diez años, y tampoco estoy seguro que lo quiera saber", explicó en diálogo con LA NACION.

-¿Cómo llega un argentino a dirigir un canal en Brasil?

-Llegué con la productora que fue creciendo en Brasil en base a Caiga Quien Caiga. Después le fuimos sumando nuevos programas como La liga, un late night show, hasta que llegamos a producir la primera temporada de Master Chef. La rivalidad con los brasileños existe un poco, pero cada uno es lo que hace. Antes de entrar a Bandeirantes con CQC, fuimos rechazados por todos los canales de Brasil. En cada canal nos explicaban lo mismo: que lo que hacíamos no tenía nada que ver con el humor de los brasileños. Pero nosotros siempre tuvimos la idea de que no existe un humor de cada país, y esta idea se sustentaba en los resultados que habíamos tenido con nuestros productos cuando llegamos a otros mercados. Igualmente, tampoco hay que perder de vista que para nosotros sería difícil aceptar que un brasileño dirigiera un canal de televisión en la Argentina.

-¿Somos más nacionalistas que los brasileños?

-No sentimos que lo somos, pero en este caso creo que hay algo de eso. En Brasil son más abiertos y también ocurre en otros países. En España hay italianos al frente de un canal y no pasa nada. Estoy convencido de que acá sería más difícil que se diera algo parecido.

-¿El peso de las telenovelas en la TV brasileña es un mito o es algo real?

-No es un mito. Allá, Globo -que en términos de peso de mercado representa lo mismo que en la Argentina Telefé y Eltrece juntos- tiene cinco horas de telenovelas y unitarios originales en estreno todos los días. Además hay otros dos canales que producen una o dos horas de telenovelas por día.

-¿En Brasil también hubo una invasión de novelas turcas?

-No. De hecho en el canal donde trabajo colocamos una novela turca y funcionó, pero no fue el fenómeno de audiencia de acá. En la TV brasileña el producto local sigue siendo muy fuerte.

-¿No hay temor de que se repita lo que pasó en la Argentina con Fanny la fan, que cuando se levantó despertó muchas críticas por el temor del avance de los contenidos extranjeros?

-No, para nada. En Brasil así como nadie está pendiente de la cotización del dólar, tampoco se preocupa por el contenido local y la competencia extranjera. Los productos de afuera están contenidos porque la gente no los mira. Es algo parecido a lo que ocurría en la Argentina hasta hace años, donde existía ese temor ante el avance de las series de afuera. Acá las productoras crecieron muy fuerte en los 90, porque la gente prefería ver contenido local. Nosotros nos criamos viendo series extranjeras que en los 90 perdieron interés y fue el mercado que marcó hacia dónde íbamos.

-¿Existe una fórmula del éxito en la televisión?

-No, de ninguna manera. Siempre pensé que yo estaba de prestado en la televisión porque no había razones para que funcionen nuestros productos. A medida que uno va creciendo, a lo sumo, lo que pasa es que va incorporando la experiencia y se aprende a escuchar un poco más, pero eso no garantiza nada. La experiencia sólo sirve para fallar un poco menos o para aprender a no equivocarse tanto, pero igual se cometen errores. En el mejor de los casos, uno termina no cometiendo errores demasiado graves, pero eso tiene como contrapartida que te limita a la hora de encontrar un camino más alternativo.

-Se vuelve más conservador?

-Es algo lógico. Uno toma menos riesgos porque tiene más para perder. La clave es igual reconocer tendencias. Si la gente está navegando para un lado, hay que ir hacia eso. Yo estoy convencido de que la audiencia, como tal, no sabe lo que quiere ver. Y por eso lo que tenemos que hacer es ofrecer lo mejor que uno puede hacer. Cuando le preguntás a la gente qué quiere ver, te responde que quieren mirar documentales. Y después vas a las planillas de rating y ves que los canales de documentales hacen 0,2 o 0,3 puntos. Uno se da cuenta de que muchas veces las personas dicen algo sólo porque queda bien.

-En el último tiempo se dice que la TV argentina está en crisis, lo que explica que hayan caído mucho las exportaciones de contenidos. ¿Es un tema de costos o de contenidos?

-Si hay una crisis en la televisión argentina, que es algo que no lo sé, es de creatividad. Muchas veces la gente tiene la tendencia a pensar o decir que antes todo era más fácil, pero yo estoy convencido de que es al revés. En los 90 cuando comenzamos una edición no lineal costaba 150.000 dólares y hoy no vale nada. En LA NACION pudieron arrancar un canal desde cero sin tener que pensar que el hardware era un limitante, porque hoy los límites pasan por el talento y lo que uno tenga para decir. Si hay una crisis en la televisión tiene que ver con lo que hacen los canales. Así como no hay países que exporten si no tienen un mercado interno fuerte, tampoco se puede hacer un programa para afuera si no está produciendo bien para adentro. Es medio grosero decirlo desde afuera, pero no está muy bueno lo que se está haciendo en la televisión argentina. Igual hay que diferenciar lo que pasa con la ficción. En este campo no se está produciendo mucho, pero siguen apareciendo productos que están muy bien.

-En todo el mundo se habla de la muerte de la TV abierta y que ya no capta el interés de las nuevas generaciones. ¿Qué hay de cierto en ese diagnóstico?

-Los datos dicen otra cosa. Uno puede ver las mediciones de los últimos cinco o siete años y se descubre que afuera la TV abierta no perdió audiencia ni relevancia. En Estados Unidos hay un mercado más fragmentado en oferta y cada vez más hay diferentes maneras de ver cada producto. La ficción de calidad no desapareció, pero sí salió de la TV abierta y hoy está en HBO, mientras que Netflix no pelea con los canales tradicionales, sino con propuestas como Showtime. Funciona todo al mismo tiempo y hay mucha incertidumbre, pero es parte de este negocio. La verdad es que no sé cómo será el negocio dentro de diez años, y tampoco estoy seguro de que lo quiera saber. Dentro de diez veremos.

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