Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Monopolios en la mira: Europa le declara la guerra a los gigantes tecnológicos de los EE.UU.

No es un espíritu antiamericano lo que impulsa la lucha de las autoridades de la UE contra Google y Facebook, sino la misma teoría de la competencia que promovía hasta hace unos pocos años el gobierno estadounidense

Miércoles 09 de agosto de 2017
0

El 27 de junio pasado, la Unión Europea impuso una multa de ? 2400 millones a Google por dar trato favorable en los resultados de su motor de búsquedas a su propio servicio de compras por comparación. Y el ente antimonopólico alemán está investigando a Facebook por pedir a los usuarios que den autorización firmada al traspaso del control de su información personal.

En contraste, los organismos anti trust estadounidenses muestran poco interés en estas compañías. La Comisión Federal de Comercio (FTC por sus siglas en inglés) abrió una investigación acerca de si Google orienta las búsquedas a su favor, pero la cerró en 2013, pese a reconocer que "puede haber tenido el efecto de perjudicar a competidores individuales".

Pero el antiamericanismo no explica estos enfoques tan diferentes. Europa apunta a las compañías locales con la misma ferocidad. Hace unos meses, por ejemplo, la UE multó a un cartel de fabricantes de camiones europeos con una cifra más alta que la que recibió Google.

En cambio, la divergencia se explica porque Estados Unidos abandonó en la década del 80 la teoría de que la competencia promueve la innovación. Hoy Europa sigue abrazada a esta idea, mientras que Estados Unidos parece operar bajo la premisa de que la competencia amenaza la innovación al negar a las compañías que desarrollan un producto superior los beneficios del monopolio.

Apuesta a la competencia

La misión de las leyes antimonopólicas, articulada por primera vez por los promulgadores de la ley Sherman en 1890, es asegurar que los mercados contengan grandes cantidades de competidores en igualdad de condiciones. Por eso Europa llama a sus propias reglas antimonopólicas "leyes de competencia".

La ley Sherman implementó este objetivo prohibiendo dos cosas: "limitaciones al comercio", como los acuerdos de precios entre empresas, y monopolización, el intento de una compañía poderosa de impedir el ingreso de competidores a sus mercados. Las leyes de competencia europeas tienen una estructura bipartita similar.

El caso de la UE contra Google corresponde a la segunda categoría, monopolización o, como lo llaman los europeos, "abuso de posición dominante".

Una de las áreas más importantes y difíciles de la ley de monopolización involucra la infraestructura, que puede ser cualquier cosa, desde los caminos que cruzan Estados Unidos hasta las normas de ingeniería que usan los celulares para comunicarse. Las grandes innovaciones, como el motor de búsquedas de Google, a menudo se convierten en la infraestructura a la que la siguiente generación de competidores necesita acceder para crear sus propios productos innovadores. Pero el dueño de la infraestructura a menudo excluye a esos competidores para maximizar sus ganancias.

La meta de la ley antimonopólica parece requerir que los encargados de aplicarla -el Departamento de Justicia y la FTC en EE.UU.- intervengan para forzar a sus dueños a compartir su infraestructura en términos razonables con competidores. Pero en la década de 1960 hubo escépticos -particularmente economistas y abogados antimonopólicos asociados con la Universidad de Chicago y encabezados por Robert Bork- que comenzaron a sostener que forzar a empresas a compartir su infraestructura sobre bases igualitarias con competidores reduce los beneficios que una compañía puede esperar generar con la innovación, lo que potencialmente podría desalentar el avance tecnológico.

Si Google no puede obtener ganancias monopólicas sobre la búsqueda de productos y vínculos patrocinados, ¿dejará de invertir en la mejora de su motor de búsquedas? Acertar en la respuesta es inmensamente importante. El acceso a la infraestructura bien pudo haber provocado la Revolución Industrial. Un estudio reciente muestra que la abolición de la servidumbre en Rusia en 1861 -que terminó con el monopolio de los señores feudales sobre un tipo muy importante de infraestructura, la tierra- impulsó enormemente el crecimiento de la economía rusa. Los autores concluyeron que la abolición de la servidumbre en Europa occidental al menos un siglo antes probablemente explique su posterior dominación económica.

Hasta la década del 80, los funcionarios antimonopólicos estadounidenses seguían este ejemplo dividiendo los "feudos" cuando se volvían demasiado grandes. El DOJ norteamericano hizo esta lectura cuando presentó su último caso exitoso antimonopolio en 1974, haciendo que AT&T tuviera que renunciar a las redes de telefonía locales que en un tiempo llevaban los cables de cobre a la mayoría de los hogares en Estados Unidos. Eso permitió a un competidor innovador, MCI, usar esos cables para conectar los teléfonos hogareños y de las oficinas a los sistemas de transmisión por microondas y satelitales pioneros de la compañía, reduciendo a la mitad las tarifas de llamadas a larga distancia para 1990.

Durante la década del '60 creció el poder de los escépticos que se opusieron a las intervenciones antimonopólicas, llegando a un punto de viraje en 1981 con la elección de Ronald Reagan, que nombró a representantes de esta corriente como jueces federales y en cargos de conducción de las agencias antimonopólicas. Esa postura ha persistido a pesar de los cambios de gobierno desde entonces.

¿Al menos esto ha llevado a un aumento de la innovación? Podría creerse que la respuesta es "sí", dado que Google y Facebook fueron lanzadas en EE.UU. en años recientes.

Pero ambas compañías -así como sus innovaciones increíbles- son producto no del monopolio, sino de la competencia. Google ganó las guerras de las búsquedas creando algoritmos que superaron los de sus rivales, incluyendo AltaVista y Yahoo. Facebook innovó mejorando el concepto de redes sociales que su antiguo rival MySpace ayudó a crear. Ambas compañías prosperaron gracias al acceso igualitario a Internet, dicho de otro modo, la neutralidad de la red.

Las medidas de innovación de la economía en su conjunto, en vez de las historias individuales de éxito, aportan un cuadro más confiable y menos alentador. De lo que hablan los economistas en estos tiempos es de la actual combinación del aumento de las ganancias corporativas y la falta de un incremento similar en la inversión en innovaciones empresarias.

Este resultado es exactamente lo que se esperaría en una economía de grandes compañías que generan ganancias a partir de su situación de monopolio, en vez de ofreciendo mejores productos.

Europa no ha seguido este camino. En las décadas del 50 y 60, cuando se estaban sentando las bases para el derecho antimonopólico actual, los funcionarios estadounidenses aún creían que la competencia promovía la innovación. El énfasis estadounidense en proteger las nuevas firmas tuvo eco en un continente que aún se recuperaba del nazismo, que utilizaba los monopolios promovidos por el Estado para mantener el control. El caso de la UE contra Google se enmarca firmemente en esa tradición, al igual que la investigación de Facebook, que domina otra infraestructura de la nueva economía, las redes sociales.

Aunque las acciones antimonopólicas europeas sólo beneficiarán directamente a los europeos, son un recordatorio a los estadounidenses del camino que no tomaron.

Traducción Gabriel Zadunaisky

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas