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Venezuela, del dolor humano al éxtasis deportivo

Yulimar Rojas de Venezuela
Yulimar Rojas de Venezuela. Foto: AFP
Martes 08 de agosto de 2017 • 19:22
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LA NACION
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LONDRES.- Resulta fácil identificar a Yulimar Rojas. No sólo se distingue por su 1,92m, sino que también llama la atención por su pelo verde. Tonalidad que pasará a la historia en las próximas horas: mutará en rosa. Las promesas son así, y si vienen acompañadas por la primera medalla dorada de la historia de Venezuela en Mundiales, mejor aún. El lunes por la noche, en "una batalla campal centímetro a centímetro", la joven Rojas superó a Caterine Ibargüen por sólo dos centímetros (14,91 a 14,89m) y se quedó con el título de triple salto que era propiedad de la colombiana, que llegaba como bicampeona mundial y oro olímpico.

Fue el duelo sudamericano por excelencia y de donde salieron dos de las tres medallas del continente en el Mundial. La otra es el bronce de la también venezolana Robeilys Peinado (19 años), en salto con garrocha. Sudamérica tiene tres medallas y no habrá más. Y la Venezuela que se desangra con sus problemas internos será el principal aportador. La contracara venezolana aparece en Londres. Y es la bandera de un continente en el que Brasil, sin el garrochista Thiago Braz -lesionado-, no logra hacer pie pese a ser potencia deportiva y la Argentina sólo depende de apariciones fugaces, de brotes que muchas veces son fruto de la casualidad.

"Venezuela, generación de oro. Yulimar Rojas, orgullo patrio". El mensaje apareció en las últimas horas del lunes en las redes sociales del presidente venezolano Nicolás Maduro. Mientras Rojas trataba de saltar. Aunque esta vez sobre la grieta. Chavista e imagen de propaganda política para unos; estandarte de la revolución deportiva, para otros. Están quienes le marcan que tras la medalla plateada en Río 2016 recibió premios que salieron de fondos nacionales, y quienes dicen que se fue a vivir a España por la falta de apoyo. Diplomática, evitó hablar de política tras el oro mundialista que consiguió en el Estadio Olímpico y prefirió concentrarse en lo estrictamente deportivo.

Puso mala cara cuando dos cronistas brasileños le preguntaron por "la dictadura, el dictador Maduro y los problemas económicos", pero al mismo tiempo pidió por el final de "una guerra entre hermanos" y se emocionó al desear que "la medalla le dé felicidad y orgullo al país". Trata de pisar firme, aunque reconoce el apoyo económico del estado venezolano y pide por su continuidad. "Mi país siempre se ha caracterizado por apoyarme, por tratar de que me sienta muy bien. Espero seguir recibiendo apoyo de mi país, y que sigan respaldando a un deporte que le da tantas alegrías. Que inviertan en pistas para que crezca el deporte", señaló.

Peinado, por su parte, fue la medallista inesperada. La misma que el año pasado debió renunciar a los Juegos de Río por una lesión en la mano izquierda y que este año no tenía incluido el Mundial dentro de la planificación de la temporada. Todos esperaban al lunes, con Rojas como la candidata al podio, pero Peinado se adelantó y dio el primer golpe. Nacida en Caracas en 1997, es una de las grandes promesas del atletismo venezolano y siempre reconoció su inclinación política. Hace tres años reveló que su sueño era viajar a los Juegos Olímpicos y recibir la bandera de parte del presidente. Y, entre lágrimas, añadió: "Siempre que estoy en algún sitio importante y me llueve un poquito, sé que está conmigo. Una vez estaba en una semifinal y empezó a lloviznar. Dije, Dios, sé que él está ahí". Hablaba de Hugo Chávez.ß

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