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Pablo Gianera

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LA NACION@gianera
Miércoles 09 de agosto de 2017
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Foto: Reuters / Eloy Alonso

La pintada está en Oviedo, pero bien podría estar en cualquiera de las ciudades europeas que el turismo fue colonizando con el correr de los años. Hubo un tiempo, por ejemplo, que fue hermoso, y Roma fue libre de verdad. No hace tanto, tal vez hasta los años sesenta. Lo mismo pasa con Venecia, en cuyas fuentes y canales los turistas que bajan de cruceros se bañan ahora como si fueran natatorios naturales. ¡Y París! En temporada alta, es otra estación infaltable de esa especie de gran parque temático que es Europa. Entendemos a los turistas porque nosotros mismos lo somos. Pero también entendemos a quienes no quieren entender a los turistas. Para el que vive en el lugar, el turismo convierte la casa (el hogar, las calles familiares, las esquinas) en un lugar extraño. El fenómeno es indetenible. El mundo ya no guarda secretos y cada rincón puede ponerse de moda o gozar de una moda permanente. Pero ¿cuál es nuestro hogar?

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