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Mirtha Dermisache, la artista que convirtió la escritura en una obra visual

Su primera exposición monográfica en el país se inaugura este jueves en el Malba; grafismos entre lo legible, lo ilegible y lo incomprensible

Miércoles 09 de agosto de 2017
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LA NACION
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Mirtha Dermisache, artista
Mirtha Dermisache, artista.

No es un secreto que de los solitarios se puede esperar cualquier cosa. Sobre todo porque, en su misma soledad, nada de lo que preparan se conoce hasta que, de golpe, como una floración imprevista, sale a la luz. Así pasaba con Mirtha Dermisache. "Desde hace unos meses pienso que en mi trabajo estoy demasiado sola." Esto se lee en una anotación de puño y letra de la artista fechada en junio de 1971 y que se exhibe ahora en Mirtha Dermisache. Porque, ¡yo escribo!, la muestra curada por Agustín Pérez Rubio que ocupa la sala Silvia N. Braier en el primer piso del Malba. La importancia de esta muestra es doble: pone por fin en orden el itinerario de esa mujer radicalmente original y, por otro lado, es la primera exposición monográfica dedicada a ella que se hace en la Argentina.

El compositor norteamericano Morton Feldman solía definir su trabajo como "entre categorías"; esas categorías eran, en su caso, la música y la pintura. También los raros sistemas escriturarios de Dermisache transcurren entre categorías: entre el grafismo y el dibujo. No son dibujos, pero, en tanto grafismos, participan de la escritura. Dermisache pertenece a una familia cuya genealogía nace, si no antes, con Stéphane Mallarmé. Cuando, en el prólogo a su poema "Un golpe de dados jamás abolirá el azar", Mallarmé dijo que la unidad no sería ya el verso sino la página, y que lo importante era la espacialidad abría un horizonte tanto al gesto grafemático como a la posibilidad de una performance sonora. Esta nueva sensibilidad del espacio poético, que incluye los artificios tipográficos, dieron por resultado una apertura poética de la grafía impresa.

Un ejemplo de los grafismos de los años 70
Un ejemplo de los grafismos de los años 70.

La originalidad de Dermisache no pasó inadvertida en ninguno de los dos extremos. Acerca del primero de esos límites (el grafismo) resulta insoslayable la carta que le envío a la artista Roland Barthes en la que menciona "la extrema inteligencia de los problemas teóricos de la escritura que su trabajo supone". La nota, parte de una correspondencia más o menos profusa aunque con intermitencias, insiste: "Usted ha sabido producir un cierto número de formas, ni figurativas ni abstractas, que podrían ubicarse bajo el nombre de escritura ilegible". Hay en la muestra textos ilegibles, textos incomprensibles y textos legibles (que ella nunca juzgó como obras pero conservó en sus papeles como tales).

En cuanto al segundo extremo, la música, baste revisar el comentario de Fernando von Reichenbach: "Mirtha producirá una obra formidable cuyas características desconocemos en este momento". Von Reichenbach, figura clave del Laboratorio de Música Electrónica del Centro de Alto Estudios Musicales del Instituto Di Tella (Claem), inventó el Convertidor Gráfico Analógico, al que llamaban familiarmente "Catalina", que permitía la conversión de dibujos en voltajes y en sonidos. También los grafismos de Dermisache liberaron ahí su música latente. Su Libro n° 2, de 1972/2008, puede verse como una de esas partituras gráficas tan emblemáticas de fines de los años sesenta y principios de los setenta.

La muestra sigue un criterio cronológico que asume la simultaneidad
La muestra sigue un criterio cronológico que asume la simultaneidad.

Porque, ¡yo escribo! incluye en total 140 piezas pertenecientes a colecciones privadas, además de documentos provenientes del Archivo Mirtha Dermisache, que desde 2013 lleva adelante un minucioso trabajo de catalogación de sus obras. A pesar de todo, Pérez Rubio la define como una overview de Dermisache. En verdad, cada estación de esta muestra podría contener otra muestra por sí misma: los años heroicos del Centro de Arte y Comunicación (CAyC), con Jorge Glusberg y el Grupo de los 13; la influencia de Guy Schraenen y Florent Fajole; los años, no menos heroicos, de las Jornadas del Color y la Forma entre los 70 y 80 en el Museo de Arte Moderno, el Sívori y el Centro Cultural Recoleta; al último de esos talleres asistieron más de 15.000 personas,

Henri Michaux había dicho, a propósito de sus pinturas (a su modo especies de signos), que pintaba como escribía, "para conseguir o ver aparecer un cierto vacío, una cierta aura donde otros ven o quieren ver lo lleno". También Dermisache trató de colmar un vacío (de sentido) o de vaciar una plenitud (de sentido).

En su ensayo Últimas noticias de la escritura, Sergio Chejfec dio verdaderamente en el blanco del programa que subyace a la poética de Dermisache. Ese programa no implica solamente una línea de acción, sino un posicionamiento filosófico respecto del lenguaje: "En su silencio, las grafías de Dermisache vienen a ser una reivindicación bastante radical de lo que toda escritura esconde, que es su profunda ilegibilidad".

En el Malba se pueden recorrer los libros en un video
En el Malba se pueden recorrer los libros en un video. Foto: Alejandro Guyot

Trazos

Dermisache (1940-2012) no pensaba que sus obras fueran para colgar en museos. En 1967 realizó su primer libro de 500 páginas de grafismos.

Con Guy Schraenen, de Amberes, sus publicaciones empezaron a circular en Europa. Sus obras están en la Tate de Londres y en el Pompidou. En Buenos Aires, Henrique Faria se ocupó de dar a conocer sus trabajos.

Para agendar

Jueves, a las 19: Inauguración en el Malba (Av. Figueroa Alcorta 3415). Antes, a las 18, habrá una mesa redonda de introducción a la muestra com la participación de Leticia Obeid, Agustín Pérez Rubio, L. Palacios y Eduardo Stupía

Miércoles 16 y 23: Taller de Sergio Chejfec de escritura a partir de grafismos. Gratis con inscripción previa vía mail a eventosliteratura@malba.org.ar

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