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Cómo pudo la Argentina retroceder tanto desde 1930: faltó el dueño

Orlando J. Ferreres

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PARA LA NACION
Miércoles 09 de agosto de 2017 • 01:03
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Todos nos preguntamos, ¿cómo pudo la Argentina retroceder tanto desde 1930 en adelante? Faltó el dueño, el que pone límites a la acción de los demás, especialmente, a los políticos.

Este es un punto terrible, que no se dio por excepción sino como regla general. Es tremendo este tipo de comportamiento, que aceleró la caída de la Argentina, aunque esto ocurrió también en varios otros países. Es algo que no tiene una explicación razonable, sino que es un problema general de las democracias, pero más de la de nuestro tipo, populistas, cortoplacistas.

Ya desde 1930, con el golpe de Estado de ese año, y después con un sinnúmero de gobiernos civiles/militares hasta 1983, fecha en la que se produjo un cambio de gobierno que trató de salirse de ese modelo cortoplacista, aunque creo que sin lograrlo.

No quisiera analizar los gobiernos civiles y militares desde 1930 para acá, porque ese es un trabajo al cual muchos han destinado muchas horas de trabajo y creo que está bastante estudiado. Incluso varios de estos analistas consideran que se debería empezar el análisis aún antes del 30 porque los problemas venían de mucho más lejos.

¿Qué es lo que caracterizó a esa etapa que se inicia en 1983? Son bastantes factores, entre ellos, diversas combinaciones de datos, pero que no pueden dejar de llamarnos la atención. Tomemos por caso las elecciones, las que se fueron dando cada dos años o incluso mucho más frecuentemente, ya sean nacionales, provinciales, municipales o de constituyentes.

En ningún momento se aprobó una ley del famoso ajuste de penas por la delación premiada, aquel sistema que brinda seguridad a quien, habiendo hecho algún soborno, lo puede reducir si denuncia a un superior que le habría dado las instrucciones. Esto es fundamental para incentivar las delaciones de los sobornos. Nadie lo va a aprobar, pues con un método así irían todos presos, como pasó en Brasil, donde sí rige el mencionado sistema.

Por más que les demos vueltas a las palabras, no llegaremos nunca a un buen sistema para juzgar a los corruptos, pues es el sistema de corrupción el que mueve el universo de los políticos. Existe un conjunto pequeño de políticos a los cuales no les interesa el dinero, pero son una minoría y con eso no logramos mucho por ser justamente una minoría.

Necesitamos un gran conjunto de políticos y sindicalistas que puedan asociarse a los políticos, y muchos otros actores de la realidad económico-social que puedan sentirse libres de juzgar a los demás por las culpas de cada uno, sin ningún tipo de remordimiento en las denuncias. Esto puede cambiar mucho el sistema político, como pasó, por ejemplo, en Brasil.

En otras palabras, necesitamos un dueño del país, hay algunos, pero no un verdadero dueño, que se ponga firme en la defensa del interés nacional. Sin esto, y muchas otras cosas que las vamos a ir tratando en sucesivos artículos, no podremos salir nunca del interés cortoplacista que es nuestro defecto principal. Debemos hacerlo ahora.

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