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Miguel Zenón: "En términos de fraseo, mi norte es Charlie Parker"

El saxofonista puertorriqueño, fan de Cortázar, se presenta en Buenos Aires

Jueves 10 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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Foto: Leo Vaca/AFV

La vida y la música de Miguel Zenón bien podrían explicarse desde un recorrido biográfico convencional. Un joven nacido en Puerto Rico que estudió música clásica desde los 10 años hasta que descubrió el jazz y se instaló en Nueva York hasta convertirse en uno de los referentes contemporáneos más relevantes de su instrumento. Pero también a partir de dos influencias que con su sola mención le hacen abrir los ojos y apurar las palabras: Charlie Parker y Cortázar. Entre la improvisación de uno y el refinamiento estructural del otro, el músico que se presentará hoy, mañana y pasado en Bebop Club, y el domingo 13 en El Galpón de la Música (Rosario), encontró su sonido y su estilo característico. "Charlie Parker fue el primer músico que me shockeó", dice sobre uno, y "Rayuela fue el primer gran libro que me hizo sentir que estaba leyendo algo distinto", dice sobre el otro.

De fraseo fluido, con melodías extensas y un sonido depurado que se convirtió en su principal obsesión, Zenón, de 40 años, construyó una carrera por demás sólida al frente de su cuarteto y de colaboraciones de todo tipo. Entre ellas, las grabaciones que hizo como parte de las formaciones de Charlie Haden, el legendario contrabajista de Ornette Coleman, terminaron de ponerlo definitivamente en el mapa del jazz actual. "Tocar con él fue genial, no se me ocurre otra forma de describirlo -cuenta apenas bajado del avión-. Él hablaba todo el tiempo de música, estaba muy metido, incluso cuando tenía una edad en la que podía permitirse estar más relajado."

-Vos eras muy joven cuando tocaste con él, ¿tuviste que dejar la admiración a un lado para hacerlo?

-Éramos todos muy seguidores de su música y al principio estábamos muy pendientes de eso. Él era una leyenda, pero cuando pasó el período de fanatismo, fue como tocar con cualquiera. Él hacía todo muy fácil, no era de dar muchas indicaciones, y podíamos verlo tocar a veces muy tranquilo y otras veces era el Haden agresivo que tocaba con Ornette.

-El hecho de ser caribeño hace que se te asocie directamente al latin jazz. ¿Cuánto creés que te sienta esa etiqueta y cuánto creés que es un prejuicio que limita la escucha de tu música?

-Tiene más de lo segundo, es algo que está preconcebido. Es interesante, porque inicialmente, cuando Dizzy Gillespie se interesó en Chano Pozo, fue algo bien orgánico de juntar el folklore americano y el afrocubano, pero eran como dos personajes caminando en forma paralela: Dizzy era jazzero y Pozo era rumbero, no sabían nada de las otros músicas. Eso abrió la puerta a la explosión de diferentes cosas con Stan Getz y esta idea global de lo que es el jazz. Un músico cubano, uno argentino, uno puertorriqueño... pero también creo que lo que pasó fue que se puso un sello en términos de lo afrocubano: si sos de Cuba, hacés latin jazz. Encerró en un casillero a todos los músicos latinoamericanos.

-Hoy ya es un prejuicio casi totalmente desterrado.

-Sí, eso cambió con el tiempo. Danilo Pérez y David Sánchez, por ejemplo, abrieron puertas para que se pudieran combinar los sonidos de otra manera y hoy el jazz es algo global. Es lo que pasa ahora si escuchás a Chick Corea, a Hancock o a Branford Marsalis, tienen elementos americanos, afro y asiáticos, y ya los reconocés como parte del lenguaje del jazz. Yo creo que de la misma manera está pasando con los músicos latinos, ya no tienen que sonar de una forma, pueden no tener matices caribeños. Es cuesta arriba como latinoamericano romper esa barrera por primera vez, pero después la cosa camina mejor.

-Tu estilo de composición es muy marcado. ¿Cómo vivís la tensión forma-contenido en una música en la que la improvisación puede atentar contra cualquier esquema?

-Me interesa la forma en la composición porque quiero contar historias. Obviamente mi música está llena de improvisación, entonces tratás de balancear. Por más que yo escriba la pieza, el 90% es improvisado porque yo le doy una idea a la sección rítmica y ellos después improvisan sobre eso, pero si quiero que toquen algo específico, lo escribo. No me siento muy cómodo con lo aleatorio. Prefiero cuestiones más concretas, organizadas. Cuando compongo, nada depende de mi inspiración, sólo voy llenando espacios.

-Siempre que se habla de vos se hace hincapié en el sonido que le sacás al saxo como uno de tus puntos fuertes. ¿Cuánto lo trabajás de manera consciente?

-Yo soy de la filosofía de que la personalidad viene dada por la manera en la que asimilamos lo que nos gusta. En términos de fraseo, mi norte es Charlie Parker, es mi héroe desde el principio, pero siempre trato de monitorear mi progreso. Y cuando no progreso, también (risas). A la hora de practicar, me centro en cosas bien básicas, que tienen que ver con los elementos primarios del instrumento. Eso es lo esencial para mí, el fraseo, el ritmo y el sonido. Las cuestiones más complejas se ven por encima de eso y llegan como añadido.

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