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Una herencia a la inversa: de hijo a padre

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 10 de agosto de 2017
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El rugby es un deporte de herencia. En un rugbier generalmente siempre hubo un padre o un tío o un hermano rugbier. Miguel Muñoz sigue esa tradición, pero a la inversa: llegó a jugar al rugby a través de su hijo. Se trata de un caso nada común para la estadística, pero sí para lo que significa el amor por este deporte. Miguel pisó por primera vez una cancha como jugador a los 42 años. Hoy tiene 45 (cumplirá 46 el 13 de noviembre) y además de debutar en el plantel superior antes que su hijo Tadeo (21 años, del 2 de agosto del 96) hoy se da el lujo de compartir el primer equipo de Arsenal Zárate Rugby junto a él; ambos en la segunda línea.

"El día que coincidimos en el mismo equipo no lo voy a olvidar más. Pero especialmente cuando nos abrazamos para formar el primer scrum. Lloraba mientras empujaba junto a mi hijo", cuenta Miguel, quien antes de jugar se aprendió las reglas de este juego siguiendo a todos lados a Tadeo y a Patricio (18), su otro hijo, que ahora se tomó un año sabático. Aquel episodio ocurrió en 2015, ante San Miguel, en la cancha de Arsenal Zárate. "Recuerdo cómo nos aplaudieron a la salida, porque además ganamos", agrega Tadeo.

El rugby entró en la casa de los Muñoz hace apenas 6 años, cuando Tadeo llegó al club de Zárate, su ciudad, a través de un amigo del colegio: "Me enganché muy rápido y mi padre también. Lo que nunca me imaginé era que él se iba a largar a jugar". Miguel relata: "Hace un par de años, en el verano, me empecé a preguntar ¿y por qué no? Así que me puse a entrenar fuerte. Yo nunca había tocado una pelota, pero sí me cuidaba físicamente. Mi mujer no quería saber nada, tenía miedo de que me pasara algo. Pero fui al club, pasé los aptos médicos y me puse a correr con el plantel superior. Hasta que en un partido el entrenador me dijo si no me animaba a jugar. Y así debuté en la Intermedia. Al poco tiempo subí a la Primera".

El día de la primera vez de los Muñoz, Tadeo era suplente. Ahora, ese lugar es para Miguel, quien entra siempre en los segundos tiempos "porque el físico ya no me da tanto". Miguel, operario de una planta de cerveza, tiene horarios rotativos en su trabajo y eso a veces le impide concurrir a la noche a los entrenamientos: "Esos días -cuenta- nos juntamos con otros que están en mi misma situación y a veces lo hacemos a la mañana".

Tadeo, que estudia seguridad e higiene, grafica cómo transita el rugby en sus vidas: "Lo mejor de la semana es cuando los martes y los jueves mi viejo me pasa a buscar a las 8 para ir juntos al entrenamiento y estar con él hasta las 11. En el resto de la semana casi que no nos vemos, pero ése es nuestro momento sagrado. Después viene el premio de jugar juntos".

Arsenal Zárate Rugby, que depende del Náutico de Zárate, entró en la URBA en 1983, pero el rugby llegó a la ciudad en 1973. Actualmente juega en el nuevo Grupo III. Es un club, como todos los de este país, hecho a pasión y pulmón. Historias como éstas, que las hay y las hubo de a miles, ponen en jaque recientes declaraciones del presidente de la UAR, Carlos Araujo, quien llegó a decir ante un grupo de periodistas: "El rugby nuestro se moría, muchachos" para intentar justificar el ingreso de unos pocos al negocio del profesionalismo.

"Yo siento que estoy en deuda con todo lo que me dio el rugby en este corto tiempo", remata Miguel. Es que el rugby argentino nunca estuvo ni cerca de morirse, porque cada día resucita en sus clubes y en seres como los Muñoz de Zárate

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