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Duelo de amenazas sin precedente entre Trump y Corea del Norte

La escalada verbal alcanzó niveles sin precedente tras otro avance norcoreano

Jueves 10 de agosto de 2017
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LA NACION
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Un acto en respaldo del régimen en su escalada retórica contra Washington, ayer, en Pyongyang
Un acto en respaldo del régimen en su escalada retórica contra Washington, ayer, en Pyongyang. Foto: AFP

WASHINGTON.- Estados Unidos envió otro ultimátum al régimen norcoreano de Kim Jong-un, al amenazar con la "destrucción de su pueblo" si no desiste de sus provocaciones. Fue un día después de que Donald Trump elevó la tensión al advertir que respondería con "fuego y furia" el desafío de Pyongyang.

La última advertencia, que corrió por cuenta del jefe del Pentágono, Jim Mattis, recicló por escrito la dura retórica presidencial y buscó despejar cualquier duda sobre la postura de la Casa Blanca luego de que se supo que Trump improvisó su amenaza sin consultarla con su equipo de seguridad nacional.

La salida de Trump despertó alarma y críticas en Washington, en medio de la creciente tensión por una dramática escalada que funcionarios oficiales han puesto ya a la par de la crisis de los misiles cubanos, en plena Guerra Fría.

"Mi primera orden como presidente fue renovar y modernizar nuestro arsenal nuclear "
Donald Trump, presidente de EE.UU.

Por la mañana, desde su resort, Trump había mantenido el tono de sus advertencias al afirmar en un mensaje en Twitter que el arsenal nuclear de Estados Unidos es "más fuerte y más poderoso que nunca".

"Esperemos que nunca tengamos que usar este poder, ¡pero nunca habrá un momento en que no seamos la nación más poderosa del mundo!", tuiteó el presidente.

A cada amenaza de la Casa Blanca Corea del Norte responde con más provocaciones. Anteayer, luego de que Trump prometió "furia y fuego", el régimen dijo que estaba analizando un plan para atacar Guam, una isla en el Pacífico que pertenece a Estados Unidos. Y ayer, tras la declaración de Mattis, dijo que las amenazas de Trump "son un montón de tonterías".

La única voz que intentó poner paños fríos fue la de Rex Tillerson, el secretario de Estado. En una escala para cargar combustible en una base militar en Guam, de regreso tras su gira por Asia, minimizó la advertencia de Trump, dijo que la situación no había cambiado "dramáticamente" y que los estadounidenses debían "dormir bien".

"Creo que el presidente sólo quería ser claro para el régimen norcoreano sobre la capacidad indiscutible de Estados Unidos para defenderse, que se defenderá a sí mismo y a sus aliados. Y pienso que era importante que él entregara ese mensaje para evitar cualquier error de cálculo de su parte", justificó.

"El presidente envía un fuerte mensaje, en un idioma que Kim Jong-un pueda entender"
Rex Tillerson, secretario de Estado

El canciller insistió en apostar a la diplomacia y afirmó que la estrategia de presión "está funcionando". Pyongyang, señaló, sólo tenía una salida: negociar. Al final de su charla con periodistas, Tillerson buscó llevar calma: "Creo que los estadounidenses deben dormir bien por la noche, no tener preocupaciones sobre esta retórica particular en los últimos días".

Unas horas después, desde los jardines de la Casa Blanca, Sebastian Gorka, asesor de seguridad nacional de Trump, renovaba la amenaza: "El mensaje es claro. No ponga a prueba a esta Casa Blanca, Pyongyang. Corea del Norte tiene que desescalar ahora mismo".

Lejos de bajar la tensión, Gorka trazó un paralelismo con la peor crisis nuclear de la historia: "Durante la crisis de los misiles cubanos, nos encolumnamos detrás de JFK. Esto es análogo a la crisis de los misiles cubanos. Necesitamos unirnos", abogó.

A los mensajes cruzados de Trump y dos de sus principales asesores se sumó otro dato que surgió ayer desde el círculo presidencial, y que despertó alarma en Washington: Trump improvisó su amenaza sobre "fuego y furia" hacia el régimen de Kim y no consultó esa declaración con los generales de su gobierno ni con su equipo de seguridad nacional, según medios locales.

Ya por la tarde, Heather Nauert, vocera del Departamento de Estado, tuvo que responder una pregunta atípica. "¿A quién debería escuchar la gente en el gobierno sobre Corea del Norte y cuáles son la postura y la política?", interrogó un periodista. "Estados Unidos está en la misma página", ensayó Nauert. "Ya sea la Casa Blanca, el Departamento de Estado o el Departamento de Defensa, estamos hablando con una sola voz", afirmó.

"Corea del Norte debería poner un alto a las acciones que podrían llevar al fin de su régimen"
James Mattis, secretario de Defensa

Mattis terminó por enviar el ultimátum final por escrito. "La República Popular Democrática de Corea debe optar por dejar de aislarse y abandonar su búsqueda de armas nucleares", dijo el secretario de Defensa en un comunicado. "La RPDC debe cesar cualquier consideración de las acciones que conducirían al fin de su régimen y a la destrucción de su pueblo", completó.

La ausencia de una postura uniforme despuntó en el Congreso, donde la advertencia de Trump de "fuego y furia" provocó críticas.

El senador republicano John McCain dijo que esa frase fue "un error". McCain resumió en una oración el problema, el mismo que ya enfrentó Obama cuando trazó su infame "línea roja" sobre las armas químicas en Siria: un presidente debe poder cumplir con una amenaza.

"Los grandes líderes que he visto no amenazan a menos que estén listos para actuar, y no estoy seguro de que el presidente Trump esté listo para actuar", afirmó.

Otra figura del Partido Republicano en el Senado, Lindsey Graham, dijo que Estados Unidos está "absolutamente" preparado para actuar si el régimen de Kim ataca Guam u otro aliado, o si insiste en desarrollar un misil capaz de llevar una ojiva nuclear.

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