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Kim no cree en las advertencias y la credibilidad de EE.UU. lo sufre

Jueves 10 de agosto de 2017
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Donald Trump hizo una pausa en sus vacaciones anteayer para amenazar a Corea del Norte. En sus palabras: "Más vale que Corea del Norte no siga amenazando a Estados Unidos porque enfrentarán un fuego y una furia como el mundo nunca ha visto. Sus amenazas van más allá de lo normal y, como dije, enfrentarán el fuego, la furia y un poder desatado como el mundo no ha visto nunca antes".

La amenaza de Trump llega en respuesta a una continua serie de provocaciones de parte de Corea del Norte. Sin embargo, Corea del Norte no tardó más de un par de horas en responderle al presidente norteamericano redoblando sus amenazas. La agencia oficial de noticias norcoreana informó que Pyongyang estaba "amenazando" con ataques con misiles en las cercanías de Guam.

Ante esta situación, Estados Unidos enfrenta un problema. Los mandatarios norteamericanos siempre fueron cuidadosos de sus palabras, especialmente en sus tratos con otras potencias nucleares, y por buenas razones. Si a Estados Unidos le importa su credibilidad, entonces no debe proferir amenazas que no vaya a cumplir. Ahora, Corea del Norte ha desafiado directamente a Trump. Si Estados Unidos respondiera según lo prometido por Trump, el conflicto podría escalar peligrosamente. Y si no respondiera, la credibilidad de Trump -y tal vez la de Estados Unidos- quedará dañada.

Si bien los temores a que una guerra mundial podría terminar con la vida humana en el planeta han disminuido, incluso un conflicto nuclear acotado podría dejar millones de muertos.

La historia de las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética siempre estuvo signada por el miedo a una guerra nuclear total. Ambos lados sintieron la tentación de aplicar la política de riesgo controlado, empujando el nivel de hostilidad hasta el límite para obligar al otro a hacer concesiones.

Pero la política de riesgo controlado es un juego peligroso. Cualquier error de cálculo en las amenazas o una mala interpretación de las motivaciones del adversario pueden llevar a las partes a responder con violencia, desatando una guerra de destrucción mutua que ninguno de los adversarios quiere, pero tampoco puede evitar.

Así nació la Guerra Fría. Cada bando recurría a amenazas más o menos implícitas para disuadir al otro de hacer cosas que no quería que hiciera, dejando en claro cuáles serían las consecuencias si el otro avanzaba. Eso implicaba que los líderes fuesen extremadamente cautos. Temían que si el desafío era aceptado tuviesen que cumplir su amenaza, con el riesgo de desatar una conflicto nuclear, o correr el riesgo de que sus adversarios ya no creyesen en sus amenazas futuras y perder así su capacidad de presionarlos.

Trump amenazó con "fuego y furia" contra Corea del Norte, en un clásico ejemplo de riesgo calculado. Pero Corea del Norte parece haber llegado a la conclusión de que la amenaza de Trump no es creíble. No tiene muchas razones para creer que la amenaza de Trump no iba en serio.

Para empezar, la amenaza de una represalia militar masiva podría parecer una respuesta desproporcionada para la retórica política, por amenazante que sea. Después de todo, hace décadas que Estados Unidos tolera, y mayormente ignora, la retórica belicosa de Pyongyang.

En segundo lugar, si Estados Unidos decide ir a la guerra con Corea del Norte, ese país puede vengarse. Como mínimo, puede usar su artillería convencional para devastar Seúl y gran parte del resto de Corea del Sur, un importante aliado norteamericano, y por otro lado seguir presionando con la amenaza de pasar a usar sus cabezas nucleares.

Tercero, Corea del Norte podría considerar que en caso de un enfrentamiento tendrá el apoyo de China, una genuina superpotencia. Finalmente, y si bien Corea del Norte tiene pocos amigos, Trump es un mandatario débil y también podría tener dificultades para encontrar aliados.

¿Así que cómo sigue? Ahora Estados Unidos está metido en una situación difícil generada por Trump. Para Estados Unidos, sería sumamente oneroso y posiblemente desastroso cumplir la amenaza del presidente, incluso en su mínima expresión. Para colmo, existe el riesgo significativo de que una espiral de amenazas y contraamenazas desemboque realmente en una guerra nuclear de devastadoras consecuencias.

Pero si Trump no cumple con su amenaza, que es lo más probable, su credibilidad quedará más dañada aún, al igual que la credibilidad de Estados Unidos frente a futuros conflictos. A partir de ahora, lo más difícil será influir en las acciones de Corea del Norte.

Los expertos no concuerdan con la importancia de la credibilidad a lo largo del tiempo sobre los temas conflictivos con otros países. Tal vez la comunidad internacional llegue a considerar que el gobierno de Trump es una aberración temporaria y no extraiga conclusiones sobre la fortaleza de Estados Unidos o su voluntad de cumplir con sus compromisos. O tal vez no lo haga.

Traducción de Jaime Arrambide

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