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I Love Dick: el deseo como la mejor obra de arte

Viernes 11 de agosto de 2017
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I Love Dick. Creadoras: Jill Soloway, Sarah Gubbins/ elenco: Kathryn Hahn, Kevin Bacon, Grifinn Dunne, Roberta Colindrez, India Menuez/ Una temporada de 8 episodios disponible en Amazon Prime Video / Nuestra opinión: Muy buena

"Querido Dick: todas las cartas son cartas de amor." Con esa declaración de un amor obsesivo y delirante comienza I Love Dick, la nueva serie creada por Jill Soloway (Transparent) y Sarah Gubbins. Basada en el relato autobiográfico de la escritora y cineasta Chris Kraus, I Love Dick comienza en Nueva York con un viaje y un proyecto. Mientras espera que se concrete la presentación de su película en el Festival de Venecia, Chris acompaña a su marido a Marfa, Texas, donde ha sido invitado por un instituto de arte para desarrollar sus investigaciones sobre la estética del Holocausto. Para Chris, esa estancia en el inhóspito y árido desierto, con cócteles de bienvenida y charlas con intelectuales excéntricos, se transforma en toda una aventura cuando conoce a Dick.

En la piel de un veterano y atlético Kevin Bacon , Dick ("Me gusta Dick", le dirá ella como guiño con el doble sentido del apodo) no sólo revoluciona su vida sexual y expone sus contradicciones e inseguridades, sino que despliega su infinita creatividad artística haciendo de ese tiempo de espera el mejor artilugio de su renacimiento.

I Love Dick se construye como un juego epistolar en el que escritura e imaginación van de la mano. Cada carta que Chris escribe para un Dick imaginario, mezcla de un tosco ranchero texano y las ambiciones de un artista "posconceptual", es un disparador de fantasías vívidas, de exploraciones que estimulan un nuevo despertar sexual en su matrimonio, la dramaturgia de su andrógina vecina, y las conexiones con ese pequeño pueblo de tacos, marihuana y gatos de un solo ojo. Soloway y Gubbins capturan con una estética juguetona y distendida, que combina la sátira con un uso inteligente del punto de vista, la mirada femenina como creadora del objeto deseado, como origen del pulso amoroso que en su puesta en palabras se transforma en ejercicio artístico.

La serie le debe todo a la extraordinaria Kathryn Hahn. Era hora de que pensaran una ficción para ella. Su energía y carisma hacen de Chris un personaje inagotable, capaz de explosiones de humor hilarante, de ocurrencias discursivas, y de una sensualidad que no le teme nada al ridículo. La reaparición de Griffin Dunne -tan desconcertado como en aquella noche interminable en Después de hora, de Martin Scorsese- no deja de ser un gran hallazgo. Su Sylvere, sutil parodia del intelectual neoyorquino inmaduro y engreído, tiene algo de los mejores años de Woody Allen, y funciona como el mejor contrapunto a la opaca y enigmática virilidad del soñado Dick.

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