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Debate dinámico sobre el arte

Viernes 11 de agosto de 2017
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LA NACION
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Texto y dirección: Rafael Spregelburd/ intérpretes: Rafael Spregelburd, Andrea Garrote, Alberto Suárez, Sofía Brihet, Mónica Raiola, Pablo Seijo, Débora Dejtiar, Lalo Rotavería, Luciana Acuña, Matthieu Perpoint, Cecilia Arellano e Isol/ video: Agustín Genoud y Pauli Coto/ vestuario: Julieta Álvarez/ escenografía e iluminación: Santiago Badillo/ funciones: sábados y domingos, a las 19/ sala: Teatro de la Ribera/ duración: 80 minutos,Tres finales/ Nuestra opinión: muy buena

Garrote, Brihet, Suárez y Spregelburd
Garrote, Brihet, Suárez y Spregelburd. Foto: Pérez de Eula

¿Dónde está la verdad? ¿Quién determina qué es arte? ¿Qué pasa con todo lo que se ubica en una frontera? ¿Qué es lo nuevo? ¿Cómo es vivir en la virtualidad? Una vez más, Rafael Spregelburd vuelve al teatro para llenar el escenario de preguntas y para continuar su búsqueda de sentido en medio de esta masa caótica de objetos y referencias que es la sociedad contemporánea. En Tres finales retoma planteos filosóficos y estéticos clave sobre el arte, la realidad y la historia que, al final, podrían englobarse en un cuestionamiento mayor: ¿dónde volvemos a encontrar aquello que está vivo?

El espectáculo que estrenó Spregelburd en el Teatro de la Ribera, y que sólo tendrá funciones hasta el 20 de agosto, fue un proyecto comisionado en 2016 por el Teatro Argentino y Centro de Experimentación y Creación de La Plata (Tacec). Ahora, en la sala de La Boca y rodeada de murales de Quinquela Martín, Spregelburd vuelve al escenario (como autor, director y también actor) para plantear los grandes debates sobre lo contemporáneo, sin perder de vista el humor paródico y siempre cómplice con el público que circula en sus obras, además de un gran despliegue escénico.

En Tres finales actúan grandes referentes del teatro y la danza independiente, cantantes y músicos. Esta fusión de estilos también es un guiño a la posmodernidad. Durante la obra hay bailarines que interpretan e improvisan, dos grandes cantantes en vivo, una orquesta poderosa (¡hasta suena una tiorba!) y, claro, los actores desplegando un universo que pasa del juego a los debates cargados de contenido. Lo multidisciplinario es el eje de esta propuesta que tanto desde la forma como desde el contenido se vuelve a preguntar acerca de la singularidad, y que entiende el arte (y al teatro específicamente) no como la conclusión de un proceso creativo, sino como un portal, que transita por una red de signos y de permanentes referencias a otros códigos de la cultura, de la historia y de la vida cotidiana.

La obra de Spregelburd se divide en tres partes: el fin del arte, el fin de la realidad y el fin de la historia. El primero es un divertidísimo duelo teórico entre Spregelburd y Andrea Garrote, que interpretan a dos docentes y críticos de arte de una universidad de Francia, que se plantean si deben incluir en su programa de estudios y, por ende, ubicarlo en la categoría de arte, a la restauración que una anciana hizo de una pintura religiosa y que se conoció mundialmente como el Ecce mono. "Somos los burgueses de sombrero y abanico que huyen de la primera sala de cine cuando ven llegar el tren en la pantalla", dice la especialista, al borde de un colapso teórico y emocional. Y él le responde: "¡Querés medievalizar la administración de lo sublime!" En ese tono se hablará de hitos de la historia del arte, sin abandonar el humor.

Para el fin de la realidad, unos intérpretes traducen en vivo una conferencia sobre un tema irrelevante y se advierte la vida como una realidad virtual. En la última parte, unos actores ensayan, sin buenos resultados, una obra de otra época. ¿Cómo se representa lo viejo en el mundo contemporáneo? Entre las parodias a las antiguas formas de representación y las innovaciones modernas, igual de vacías, los actores tratan de encontrar algo que tenga sentido y sea verdadero. En esa búsqueda recurren a obras de patrimonio mundial, como la infalible Café Müller, de Pina Bausch.

En una puesta entretenida, dinámica y muy trabajada (tanto desde el texto como desde la escena), Rafael Spregelburd continúa con la búsqueda que muchos artistas comenzaron a principios del siglo XX. ¿Cómo encontrar expresiones que no imiten a la vida, sino que tengan vida por sí mismas?

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