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Arcade Fire construye su propia pista de baile

Viernes 11 de agosto de 2017
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LA NACION
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Win Butler vendrá al país para presentar este disco, en diciembre
Win Butler vendrá al país para presentar este disco, en diciembre. Foto: Cambria Harkey

Desde que Bob Dylan se electrificó en 1965 y los Beatles se calzaron los trajes de Sgt. Pepper's en 1967, cambiar de piel ha sido la regla número uno del manual del rock. Y en eso estaba Arcade Fire cuatro años atrás, cuando editaron su disco Reflektor, apoyados en dos nuevas y estimulantes amistades: David Bowie y James Murphy, de LCD Soundsystem.

Por entonces, sin perder la intrínseca intensidad que los había llevado hasta la cima de la escena rockera, los canadienses descubrieron el hipnotizante reflejo de la bola de espejos. Y, ante la duda, caminaron hacia la luz.

Everything Now, el quinto álbum de Arcade Fire, encuentra a los hermanos Butler y compañía tirando pasos en la pista de baile, despojados de prejuicios musicales, aunque empapados de un cinismo que por momentos suena anacrónico.

"Cada milímetro del cielo tiene una estrella, cada milímetro de piel tiene una herida. Creo que vos tenés todo ahora. Cada milímetro de espacio en tu cabeza está lleno con las cosas que leés. Creo que vos tenés todo ahora. Y cada película que viste llena los espacios en tus sueños", canta Win Butler, sacando a relucir su Bowie interior en una pieza perfecta, ideal para abrir este nuevo capítulo.

De aquí en más, el paso por la pista de baile de Arcade Fire alterna buenas intenciones, un puñado de clichés bien utilizados, algún que otro robo de guante blanco y un par de canciones que, si bien no se recordarán como lo mejor de su obra, llevan la impronta de esta gran banda que, en esta oportunidad, contó con la producción de nada más y nada menos que Thomas Bagalter, uno de los dos comandantes de Daft Punk.

Pero en cuestiones musicales, no siempre dos más dos da cuatro. Tras el inicio con "Everything Now", la banda se despacha con "Signs of Life", que los acerca a una suerte de Frankie Goes To Hollywood del nuevo milenio para, luego, bucear en terrenos tecno-industriales en "Creature Comfort" y, acto seguido, plantear un segmento dub-rocker-reggae de la escuela The Clash con "Peter Pan" y "Chemistry".Las dos partes de "Infinite Content" que dividen el álbum en dos sugieren la mano del otro músico que comparte la producción del álbum: Steve Mackey, ex bajista de Pulp.

"Electric Blue" retoma cierto aire de ese pop sueco para bailar que hoy está tan de moda, pero "Good God Damn" vuelve a cambiar el ritmo y anticipa el fin de fiesta, lánguido, pero con estilo, de "Put Your Money On Me" y "We Don't Deserve Love".

El guiño del cierre con "Everything Now (continue)", que une este último track con la intro, apto para el sinfín de la reproducción digital, funciona como chiste, pero al mismo tiempo recuerda que Arcade Fire no es Daft Punk y Everything Now ni siquiera se acerca a Random Access Memories, el álbum himno bailable de este milenio que, en repeat, bien podría animar una fiesta de veinticuatro horas.

Es difícil imaginar que Arcade Fire se mantenga en este estado de baile permanente, pero, al fin de cuentas, quien le quita lo bailado.

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