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Reseña: Reflexiones sobre Christa T., de Christa Wolf

Retrato de un personaje inasible

Daniel Gigena

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LA NACION
Domingo 13 de agosto de 2017
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Una amiga recibe el diario íntimo de Christa T. tiempo después de la muerte de esa mujer en un hospital de Alemania Oriental. "Krischan" fue una singular compañera de escuela de la narradora, luego maestra, escritora y, por breve lapso, equívoca discípula de Madame Bovary. Mientras Christa yace en el cementerio de Mecklemburgo, antes de que su imagen se desvanezca la amiga compone, a partir de manuscritos y cartas, una suerte de monumento funerario verbal. Paradójicamente, la distancia temporal y física de la narradora intensifica la proximidad de la voz con la de Christa T., personaje inasible y del que irradia una trama ensayística sobre las posibilidades de una mujer de "volverse una misma" bajo las condiciones de vida en épocas de la República Democrática Alemana. La subjetividad femenina allí, insinúa Reflexiones sobre Christa T., tiene pocas chances, entre ellas, la obediencia, la adaptación, la locura o la muerte.

La narradora es una escritora. Ella sí se ha adaptado y, con los manuscritos de la amiga muerta, reconstruye acontecimientos y los atributos de una conciencia atribulada. "Así es como la escucho hablar mientras la leo", escribe. No siempre es una conversación amable: "¡Quién pudiera frenar ahora su discurso irrefrenable! ¡Quién obligarla a levantar la vista, a prestar oído a lo que se le quiere contraponer, ahora sí por fin contraponer!"

No parece casual que en la nueva edición de esta novela, de 1968, con traducción de Ariel Magnus, se haya elegido la palabra "reflexiones" para el título (antes había sido "noticias"). La escritura de Christa Wolf se refleja y se distorsiona en la de los dos personajes femeninos. En el caso de la protagonista, las desventajas de su naturaleza, que anhelaba más el movimiento que la meta, se hacen evidentes mientras crece. En una sucesión de fugas e intentos de asumir alguna etiqueta social (estudiante, maestra de escuela, esposa, madre, escritora), Christa T. se deja envolver por una sola cuestión: ¿qué precisa el mundo para ser perfecto? "Ésa y no otra era la pregunta que ella encerraba en sí misma, pero más adentro aún la esperanza arrogante de que ella, ella misma, Christa T., tal como era, pudiera ser necesaria para la perfección del mundo."

Por una serie de novelas muy celebradas, como Casandra (1983) y Medea (1996), Christa Wolf (1929-2011), hija de simpatizantes nazis que emigraron a Alemania Oriental luego de la derrota del Eje y que en su juventud adhirió al socialismo, dio cuerpo a personajes femeninos que pagaron un precio elevado por asumir la singularidad en tiempos históricos quizás poco convenientes para ese fin. Por varias de sus obras y posiciones públicas, Wolf fue considerada tanto la narradora de la transición democrática luego de la caída del Muro como una vil colaboradora de la policía secreta de su país, la eterna candidata al Nobel y la víctima de una cultura patriarcal. El espíritu de contradicción y enigma de su vida se extendió a la obra. "Escribir, obstruir, la lengua ayuda. Pero ¿obstruir qué cosa y contra qué", se pregunta Christa T., tal vez en nombre de Christa Wolf.

En la novela, el sacrificio está dado de antemano. Se debe lidiar con los escritos de una inadaptada, de una exaltada. "Por suerte la vida misma impulsa la trama novelística, aunque sólo por causa de la extraña inconsecuencia de nuestra alma", se lee. Pero a esa trama la narradora la interviene con comentarios, con preguntas, con enmiendas y censuras. Escritura sobre escritura, se crea una y otra vez la figura de la protagonista mientras la cronología hace su trabajo. La trama de una vida puede ser un obstáculo para la narración del drama ajeno. "Comprendo el misterio de la tercera persona, que está ahí sin que se la pueda tocar, y que, cuando las circunstancias le son favorables, puede arrastrar hacia sí más realidad que la primera: yo. Sobre la dificultad de decir yo", reflexiona la narradora sobre los escritos de Christa T. El hecho de que la protagonista posea el mismo nombre que la autora de la novela es apenas una de las incógnitas que el libro reserva para los lectores.

Reflexiones sobre Christa T.

Por Christa Wolf

El Cuenco de Plata. 220 páginas. $ 320

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