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Microcréditos y servicios básicos

Celebramos los esfuerzos de fundaciones y gobiernos para superar los escollos que han impedido extender las redes de prestaciones a cada vez más pobladores

Viernes 11 de agosto de 2017
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Una deuda importante en nuestro país es extender la provisión de servicios básicos, de la que hoy carecen pobladores de muchos distritos. Provincias como Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones, por ejemplo, no están conectadas a la red de gas natural y aguardan que se complete la construcción de un gasoducto, iniciado en 2015.

Es que en la Argentina, la cobertura de gas llega al 51,5% de la población, según cifras del Censo 2010, con un 43% que usa gas en garrafa o en tubo, y un 5%, leña o carbón, que son más costosos. De los habitantes de casas, sólo la mitad accede a la red, puesto que deben además poder afrontar los gastos de conexión, un problema que no tienen quienes viven en departamentos, donde el porcentaje de acoplamiento asciende al 90%.

Además, hay que contemplar que muchas veces alternativas más adecuadas y eficientes como la electricidad o las energías renovables pueden suplir las grandes inversiones necesarias para el tendido de redes, con dificultad también a la hora de llegar a poblaciones dispersas.

Lejos de modelos asistencialistas, desde 1992 la Fundación Pro Vivienda Social (FPVS) promueve la urbanización de barrios de bajos ingresos del nordeste del GBA. Inicialmente, fue a través de microcréditos solidarios para el mejoramiento de viviendas, otorgados ya a 8700 familias y, a partir de 2002, con un programa de infraestructura de servicios básicos. Su líder y director ejecutivo, Raúl Zavalía Lagos, explica que supieron recoger la voluntad de los propios vecinos para desarrollar la red de gas merced a fideicomisos entre ellos: ya son más de 6000 las familias alcanzadas en 18 barrios con un tendido de 120.000 metros. Capacitar, conectar, impulsar, innovar y sembrar son algunos de los verbos que mejor conjugan en un trabajo articulado para desarrollar valiosos modelos de inclusión y participación.

En estos días, los gobiernos nacional y bonaerense lanzaron conjuntamente una línea de microcréditos como parte de la iniciativa Mejor Hogar del plan Procrear, dirigida a paliar la dificultad de acceso a la conexión domiciliaria de servicios básicos y facilitar tanto refacciones como mejoras en las viviendas. En su primera etapa, alcanzará a 30 municipios del GBA, donde 150.000 viviendas localizadas sobre la red de la empresa Gas Natural Fenosa no cuentan con conexión y 40.000 reciben subsidios para la compra de garrafas, extremadamente caras, en un mercado con mucha informalidad, nada transparente y viciado de operaciones de reventa.

Podrán postularse las familias que ganen hasta tres salarios mínimos, vitales y móviles, que no tengan antecedentes negativos en el sistema financiero y cuyas viviendas estén sobre la red de gas, con montos y cuotas variables, según la cantidad de bocas por conectar.

El trámite requiere inscribirse (www.argentina.gob.ar/mejorhogar) y está previsto que una vez aprobado el préstamo, que no será gratuito, sino a una tasa del 16% anual, a lo sumo se demore 22 días en regularizarse la conexión, con 60 cuotas que van de los 257 a los 433 pesos mensuales, muy por debajo de lo que actualmente abona una familia por garrafas y consumo eléctrico sustituto.

Se prevé sumar una empresa distribuidora de gas cada dos meses hasta cubrir todo el país y el objetivo para el primer año es asignar un total de 100.000 créditos, incluidos aquellos para compra de materiales destinados a refaccionar viviendas y establecer 40.000 conexiones nuevas.

Celebramos que la política habitacional contemple estas realidades. Carecer de acceso a los servicios básicos es una de las formas que asume la pobreza que sufren tantos compatriotas. Que Estado, privados y organizaciones de la sociedad civil agoten los esfuerzos por devolver a las personas la dignidad de un hogar. Ayudarlas a autogestionar las mejoras ha de ser una constante que demanda el compromiso de todos.

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