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Trump sube aún más el tono para disuadir a los norcoreanos

Dijo que la amenaza de "furia y fuego" no fue "lo suficientemente dura": no descartó del todo una solución diplomática

Viernes 11 de agosto de 2017
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LA NACION
Japón desplegó ayer baterías de cohetes antimisiles Patriot en el complejo del Ministerio de Defensa
Japón desplegó ayer baterías de cohetes antimisiles Patriot en el complejo del Ministerio de Defensa. Foto: LA NACION

WASHINGTON.- Donald Trump redobló su amenaza a Pyongyang al afirmar que su imprevista advertencia al régimen de Kim Jong-un de responder con "fuego y furia" a sus provocaciones quizá no había sido "lo suficientemente dura".

La escalada de Trump fue el último intento por disuadir al régimen de Kim, que había calificado la última advertencia presidencial como "un montón de tonterías", de lanzar un ataque con misiles contra Guam o alguno de los aliados de la Casa Blanca en el Pacífico.

Trump también envió un mensaje inequívoco a sus críticos, dentro y fuera de Estados Unidos, muchos de ellos alarmados y perplejos ante su declaración improvisada, que consideraron errónea e imprudente.

"Francamente, la gente que estuvo cuestionando esa declaración, ¿fue demasiado dura? Tal vez no fue lo suficientemente dura", dijo Trump, durante un ida y vuelta con periodistas, parado junto al vicepresidente, Mike Pence, en la puerta de su resort en Bedminster, Nueva Jersey, antes de una reunión con su equipo de seguridad nacional.

Trump repitió esa misma frase otra dos veces.

"Si acaso, tal vez esa declaración no fue lo suficientemente dura", insistió el presidente. "Y estamos respaldados por el 100 por ciento de nuestros militares. Y estamos respaldados por todos, y estamos respaldados por muchos otros líderes. Y me di cuenta de que muchos senadores y otros, hoy, salieron muy a favor de lo que dije. Pero, si algo, esa declaración puede no ser lo suficientemente dura", continuó.

"¿Qué es más duro que fuego y furia?", preguntó uno de los periodistas que hacen guardia en la residencia del presidente. "Bueno, ya verán, ya verán", respondió Trump.

Luego de realizar esas declaraciones, Trump se reunió con el jefe del Consejo de Seguridad Nacional, H.R. McMaster, y el director de la CIA, Mike Pompeo. Finalizado ese encuentro, brindó una improvisada conferencia de prensa en la cual, otra vez, volvió a subir la apuesta contra el régimen norcoreano, que ha presentado un detallado plan para atacar la isla de Guam, hogar de dos bases estadounidenses.

"Veamos qué hace con Guam. Si hace algo en Guam, lo que pasará en Corea del Norte será un evento como el que nunca nadie jamás ha visto antes", advirtió Trump.

Un periodista le preguntó qué quería decir con esa frase.

"Ya verán, ya verán. Y él lo verá. Él lo verá", respondió el presidente. "No es un desafío. Es una declaración. No tiene nada que ver con un desafío. Es una declaración. No va a ir por ahí amenazando a Guam, y no va a amenazar a Estados Unidos, y no va a amenazar a Japón, y no va a amenazar a Corea del Sur. No, no es un desafío como dice. Es una declaración de hecho", continuó.

Con su escalada retórica, a la cual sus críticos han considerado poco útil y demasiado provocativa, Trump redobló la apuesta y profundizó la estrategia oficial de enviar un ultimátum a Pyongyang para disuadir al régimen de Kim de realizar un ataque con misiles a Guam, o alguno de los aliados de Estados Unidos en la región.

En medio de la creciente tensión y el temor a una guerra nuclear, muchos siguen el discurso presidencial con inquietud. Otros depositan su confianza en el tridente que conforman McMaster; el jefe de Gabinete, John Kelly, y el secretario de Defensa, Jim Mattis, "mis generales", como los llama Trump.

Con todo, Trump dejó la puerta abierta a que las gestiones diplomáticas que lidera el secretario de Estado, Rex Tillerson, puedan conducir a conversaciones con el régimen de Kim. "Siempre vamos a considerar negociaciones", dijo.

Pero Trump sugirió que la diplomacia no ha brindado resultados satisfactorios en las últimas décadas, durante las presidencias de Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama. Y Tillerson, a cargo de esas gestiones, parece, por momentos, aislado de las tratativas del círculo íntimo del gobierno, signado por las internas.

Esas internas volvieron a despuntar ayer. Uno de los asesores en seguridad nacional de Trump, Sebastian Gorka, dijo entrevistado por la BBC que había que escuchar sólo al presidente, y que la idea de que Tillerson podía tener participación en la discusión sobre planes militares era "simplemente absurda". Gorka, luego, dijo que había sido malinterpretado y elogió al canciller, pero eso no impidió que el tema llegara a la conferencia de prensa del Departamento de Estado.

"El secretario, como saben, tiene una relación muy cercana con el secretario Mattis", dijo la vocera de Tillerson, Heather Nauert, cuando le preguntaron por los dichos de Gorka.

Una de las voces que recicló la alarma ayer fue la de Bill Richardson, ex embajador ante Naciones Unidas y experto en Corea del Norte. Dijo que la retórica de Trump y la forma en la cual conduce su política exterior "no es útil".

"El peligro es que limita las opciones para una solución diplomática", indicó.

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