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La fortaleza mental de Schwartzman y el arte de ganar jugando mal

El Peque, mejor argentino del año, avanzó a los cuartos de final en Canadá al derrotar a Donaldson y superar el desgaste emocional

Viernes 11 de agosto de 2017
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LA NACION
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Schwartzman, sobre el cemento de Montreal; hoy se medirá con Haase
Schwartzman, sobre el cemento de Montreal; hoy se medirá con Haase. Foto: AFP

"Es mucha la emoción que estamos viviendo... Este chico es una bendición de la vida", dice, emocionada, Silvana Schwartzman, madre de Diego y fanática número uno del tenista que no deja de evolucionar desde el año pasado y que, luego de vencer por 0-6, 7-5 y 7-5 al estadounidense Jared Donaldson (66º) en Montreal, alcanzó por segunda vez en la temporada los cuartos de final de un Masters 1000 -en Montercarlo, en abril, perdió en esa instancia con Rafael Nadal-. Extremadamente demandante desde lo emocional y lo físico había sido el partido anterior del Peque (primer triunfo frente a un top 10, Dominic Thiem, y lográndolo después de levantar cuatro match points) y ello se advirtió inmediatamente contra Donaldson. Es más, el jugador formado en Náutico Hacoaj perdió los primeros ocho games (el primer set se le fue en 19 minutos) y lucía groggy, confundido. Por ello, la remontada de Schwartzman adquirió tanto valor. Porque exhibió madurez y calma para eclipsar los golpes, algo fundamental en un deporte como el tenis que no da tregua.

"Lo que más rescato del triunfo de Diego es la parte mental. Cada día está más acostumbrado a jugar estas instancias y partidos importantes. Antes, estos partidos los veía más lejos. Hoy, son partidos y sensaciones que ya las vivió y que lo ayudan en los momentos difíciles", le comenta Juan Ignacio Chela, entrenador de Schwartzman, a La Nacion. Con el ex número 15 del circuito como coach, el mejor argentino de la temporada en el ATP Tour halló, evidentemente, una especie de disciplina descontracturada. Al Peque se lo nota disfrutando y liberado, pero enfocado y con los dientes apretados.

"Siempre es complicado jugar después de un gran triunfo, o quizás el mejor de su carrera, como fue ante Thiem. Inevitablemente, con toda la repercusión y el desgaste, el cuerpo y la mente se relajan. En el tenis no tenés tiempo, hay que competir de nuevo al otro día y a veces es más difícil el partido siguiente que el propio gran triunfo, en este caso contra Thiem. Creo que se notó, porque frente a Donaldson empezó mal, sin energía, sin fuego, jugando corto. Por eso es importante que haya demostrado capacidad para salir adelante", añadió Chela, en Buenos Aires. Cuando no puede acompañar a Schwartzman a los torneos por sus compromisos en ESPN, mantiene el contacto por teléfono y físicamente es reemplazado por Leonardo Olguín, lo que ocurrió en este caso en Montreal.

"Siento que este año estoy ganando partidos incluso sin jugar bien y contra Donaldson fue un ejemplo. Sufrir menos sería ideal, pero cuando terminás ganando después de tanto esfuerzo, se disfruta el doble. No me sentía nada bien al principio, me costó recuperarme de Thiem, tenía calor en la cancha, después escalofríos y piel de gallina. Por ese motivo llamé al médico, me dio una pastilla y hielo para el cuello. Estaba apagado. Poco a poco me fui recuperando, mi rival empezó a fallar más tiros y me dejó entrar en el partido. Él se sintió nervioso y lo pude remontar. Eso es parte de la experiencia que estoy ganando y de saber que siempre hay que mantenerse en el partido, porque la chance puede llegar", le explica Schwartzman a La Nacion, desde Canadá.

A los 24 años, se encuentra en el mejor momento de su carrera, independientemente del ranking (hoy es 36º; fue 34º hace unos meses y seguirá avanzando). Está jugando con intensidad y conceptos claros, con autoridad y buenas estrategias. Además, exhibe una resistencia física óptima. Nada es casual, claro. En diciembre pasado hizo una rigurosa pretemporada supervisada por Martiniano Orazi, el hombre que perfeccionó el cuerpo de Juan Martín del Potro durante más de siete años, y Juan Manuel Galván (preparador físico, entre otros, de Guido Pella). Se afianzó muscularmente y ganó en velocidad. En el circuito, algunos ya lo empiezan a llamar El Muro, por su buena capacidad para devolver golpes. Está claro que lo que le quita la altura (1,70 metro), Schwartzman lo gana en otro aspecto, como uno de sus espejos deportivos, el español David Ferrer.

La victoria de hace algunas noches frente a Thiem, una de las raquetas más destacadas de la nueva generación, fue un desquite personal para el argentino, ya que este año había estado cerca de vencer por primera vez a un top 10 y no había podido. "No se me había dado. Al hacerlo, entonces, recibí muchos mensajes, tuve mucha comunicación con la Argentina y eso me desconcentró un poco. Eso fue lo que sentí al principio contra Donaldson", reconoce. Mucho peor la pasó su madre, viéndolo por TV en Buenos Aires. Silvana y Ricardo, los padres del Peque, hicieron numerosos esfuerzos económicos para tratar de solventar la carrera de su hijo. Lo que viven hoy es muy emotivo. Y experimentan situaciones como ésta, con el corazón en la mano, narrada por Silvana: "Contra Thiem se le iba escapando el partido. En el 2-5 del tercer set dije 'ya está'. Con mi hijo (Matías) tenemos una cábala, entonces no me dejaba ni ir al baño ni a tomar agua. Yo estaba dura, sentada. Diego ganó el partido y, cuando terminó, me acalambré íntegra, me tuvieron que levantar los pies. Por lo menos voy a morir viendo triunfar a mi hijo. Es mucha emoción".

"Llegar al nivel que estoy demostrando fue un proceso largo. A mitad del año pasado, después de un mal torneo en Houston (cayó en la 1a rueda, ante Marcos Baghdatis), me replanteé muchas cosas, pensé, después empecé a ganar partidos, al tiempo llegó el título en Estambul y empecé a mejorar en distintas superficies. Después pasé por una lesión (fractura en el pulgar izquierdo), estuve varias semanas ausente, pero esa inactividad me sirvió para pensar, para ver mucho tenis por TV, hacer un balance y ver qué cosas necesitaba", admite el fanático de Boca. Evidentemente, barajar y dar de nuevo le hizo muy bien. Hoy (desde las 13.30 de la Argentina), buscará las semifinales en Montreal frente al holandés Robin Haase (52º). Razones para seguir siendo optimista le sobran.ß

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