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La evocación fue tema central en la apertura del festival

Celebración de la trayectoria de Piro y homenajes a Troilo y Garello

Sábado 12 de agosto de 2017
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LA NACION
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Osvaldo Piro, festejo propio y justos tributos
Osvaldo Piro, festejo propio y justos tributos. Foto: A. Guyot

La evocación y el homenaje, que son dos pilares fundamentales del tango desde que, hace varias décadas, se rompió un eslabón de la cadena que lo mantenía en funcionamiento, tiene cada año un lugar especial en el Festival y Mundial Tango Buenos Aires. La apertura de la edición que comenzó anteayer tuvo mucho que ver con esto.

Fue para homenajear a un maestro que en enero cumplió 80 años, Osvaldo Piro; para recordar a otro maestro que partió en 2016, Raúl Garello, y para rendirle tributo al maestro de maestros Aníbal Troilo, al cumplirse los 80 años de la fundación de su orquesta típica. Todo eso en un solo concierto que estuvo protagonizado por Piro.

En la semblanza que Ricardo García Blaya escribió para el portal todotango.com dice: "Su bandoneón respira barrio, transmite el perfume de patios con glicinas, sonidos de potrero y de cafés con estaño. Pero también su música nos revela la ciudad de asfalto y cemento, sus calles alborotadas, el ruido de los automóviles, el rumor de los laburantes, el voceo de los vendedores callejeros, el silencio de las plazas".

Probablemente esta afirmación tenga que ver con el hecho de que Piro fue uno de esos valientes que actualizaron a su presente (la década del sesenta, cuando comenzó a tocar con su propio conjunto) el sonido y los arreglos del tango de las dos décadas anteriores. Valientes porque a pesar de la tenacidad y el esfuerzo, la industria musical de aquellos años no estaba orientada hacia el tango o no tenía al tango como una de sus preferencias.

Ese pareció ser el punto de partida o la proyección simbólica desde donde partió el concierto de apertura del festival: Piro haciendo retrospectiva de su vida artística, acompañado por una orquesta típica aumentada y con invitados especiales, como los cantantes Patricia Barone, Alberto Bianco y Carlos Casado (participó en el primer conjunto de Osvaldo y en el primer long play que grabó el bandoneonista con su propia formación).

Piro estuvo secundado por una numerosa típica de trece atriles y músicos de varias generaciones. Se escucharon los temas que Osvaldo escribió con Eladia Blázquez ("La soledad" y "Milonga para Santiago") y el estreno de una pieza que compuso con versos de Héctor Negro y que, luego de un largo debate con el letrista, fue titulada "El agujero de ozono". Se trata de una obra discepoleana -quizá por ser una especie de proyección en el tiempo de clásicos como "Cambalache"- que se estrenó en la voz de Patricia Barone.

También hubo un segmento dedicado a Garello, fallecido en septiembre del año pasado. Hubo obras como "Che, Buenos Aires", de Garello, pero con un arreglo escrito por Piro.

Osvaldo, que se plantó de espaldas al público la mayor parte del concierto para dirigir a sus músicos, tiene en su carácter de arreglador ese espíritu que en los sesenta renovó el "decir" de las décadas anteriores. Su orquesta subrayó los detalles personales de este compositor, bandoneonista, arreglador y director en la particularidad de una flauta, en los agudos del violín, en las intervenciones de la guitarra y en la gestualidad de los arcos y los bandoneones.

Para el final, Piro tomó un bandoneón que fue de Aníbal Troilo para interpretar esos clásicos inoxidables del gran Pichuco, como "María" y "Patio mío". Además sacó de sus recuerdos una milonga que le dedicó a su admirado Troilo.

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