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Resiliencia: la capacidad de adaptarse

El concepto utilizado en el mundo de la psicología es aplicado para definir ciudades que logran sobreponerse a desastres; los casos de las urbes que aprendieron de la experiencia

Sábado 12 de agosto de 2017
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LA NACION
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La palabra resiliencia comenzó a tomar fuerza en los últimos quince años cuando los urbanistas adoptaron este concepto, que ya en la década del 70 se había empezado a utilizar en el marco teórico para entender sistemas complejos -como por ejemplo los que dan forma a las ciudades- y sus capacidades de aprendizaje, adaptación e interconexiones entre sus componentes; aunque originalmente encuentra su inicio en los campos de la ecología y la psicología.

"La resiliencia en la ecología está asociada a la capacidad de los organismos y los sistemas que estos integran para absorber y responder a perturbaciones y mantener sus funciones, mientras que en la psicología se refiere a nuestra capacidad como individuos de sobreponernos a situaciones adversas. Las ciudades desde su origen han desarrollado habilidades asociadas a la resiliencia. Sus comunidades e individuos constantemente enfrentan problemas y disrupciones, e intentan lidiar con ellos y, en muchos casos, deciden cambiar para afrontar mejor esos escollos. Este es un proceso que mundialmente podemos ver a través de la historia; por ejemplo, el gran incendio de Londres, en 1666, que arrasó con la mayor parte de la ciudad porque estaba construida en madera. Desde ese momento, los londinenses comenzaron a construir en materiales diferentes sus viviendas para que esa experiencia no se repitiera. Esto ha sido una constante desde entonces, actualmente en esa ciudad las construcciones son de ladrillos o concreto por esta razón. Sin embargo, la reciente tragedia del incendio de Grenfell Tower demuestra que cuando las infraestructuras no son construidas con materiales apropiados, las comunidades no conocen su entorno, y los gobiernos no están preparados a responder, estas tragedias pueden volver a suceder", explica Braulio Eduardo Morera, director de estrategias de 100 Resilient Cities (100RC), el programa de la Fundación Rockefeller.

El especialista agrega que el concepto de resiliencia comenzó a ser más relevante para las ciudades luego de dos grandes desastres naturales: el terremoto y tsunami en el océano Índico en 2004 y el huracán Katrina en 2005. Ambos eventos afectaron importantes zonas urbanas en múltiples geografías, lo cual demostró a muchos que las ciudades -sin importar en qué país se localizan- deben estar mejor preparadas para los desastres".

Estudios han demostrado que las urbes resilientes enfocan su trabajo en mejorar el funcionamiento de sus sistemas. La habilidad de aprender del pasado y actuar de forma innovadora en tiempos de crisis son características esenciales. Por ejemplo, luego del huracán Katrina, la ONG de Nueva Orleans Evacuteer pidió a artistas que diseñaran artefactos atractivos e icónicos que, en base a la experiencia de 2005, mostrasen las rutas más seguras para evacuar. "Desde la fundación creemos que las características de los sistemas resilientes son la reflexividad, creatividad, robustez, redundancia, flexibilidad, inclusividad e integración, en otras palabras, estamos convencidos que estos comportamientos colectivamente pueden crear una ciudad más segura y de mejor calidad de vida para todos", agrega Morera.

Santa Fe, el caso local

Actualmente, la red de 100 Ciudades Resilientes trabaja en 17 ciudades en América Latina y el Caribe. "En Sudamérica además de Santa Fe, estamos de manera activa, por ejemplo, en Medellín, Porto Alegre, Río de Janeiro, D.F. México y Santiago de Chile. Los problemas que existen en común en algunas de las urbes de la región también son compartidos por otros lugares del mundo y a través de la red facilitamos un valioso intercambio de experiencias", dice Morera. Y amplía: "Por ejemplo, en Medellín se diseñaron nuevas soluciones multimodales para el transporte, el cual era uno de los principales inconvenientes de la ciudad; ellos lo resolvieron con teleféricos, metros, tranvías y buses, ideales para una ciudad con una topografía muy compleja. En Santiago de Chile, la mayoría de su infraestructura y edificaciones -hasta las viviendas sociales- actualmente pueden resistir terremotos de gran escala. Por su parte, en Cali el trabajo mancomunado de su Alcaldía y ONGs ha generado programas y políticas públicas que promueven la inclusión social y la conectividad como métodos para crear comunidades más seguras".

Todas las ciudades del programa 100RC fueron seleccionadas a través de un proceso de postulación en la cual estas explicaban sus problemas, cómo los están afrontando, y qué esperaban de la participación por parte de la fundación. "En el caso de Santa Fe, nuestro interés fue aprender de sus experiencias exitosas en reducción de desastres, y a la vez ayudarlos a combatir otros problemas significativos como sus inequidades sociales y la falta de inversión en infraestructura en las últimas décadas. El gobierno de la ciudad expreso su interés de innovar en sus formas de construir la urbe, particularmente en su trabajo con los que más necesitan. Su motivación era llevar servicios de calidad a los más pobres, por ejemplo, los jardines de infantes que han edificado recientemente, o las escuelas de trabajo en las áreas más vulnerables. Esta aspiración representa de forma tangible el paradigma de la resiliencia: reconocer y entender los problemas que nos aquejan y generar soluciones que no sean un parche a corto plazo, sino enfocarse en que estas sean sostenibles y que definan un nuevo horizonte para sus ciudadanos. El 100RC apoyará con servicios de asesoría equivalentes a US$ 5 millones", completa Morera.

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