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Los padecimientos de una mujer abandonada

Sábado 12 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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La hora de la calabaza / Autora: Esther Feldman / Intérprete: Romina Richi / Escenografía: Eva Duarte / Vestuario: Ana Markarian / Iluminación: Gabriel Haenni / Música: Iván Wyszogrod / Video: Federico Rivares, Natacha Valerga / Asistencia de dirección: Bárbaro Lago / Dirección: Alberto Lecchi / Sala: Payró, San Martín 766 / Funciones: sábados, a las 21 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

Romina Richi encarna muy bien a su criatura
Romina Richi encarna muy bien a su criatura. Foto: Alternativa teatral

Una novelista llega a su departamento acompañada por un imaginario ex amante. El encuentro ha sido casual e invitarlo a su casa resulta una excusa perfecta para hablar de la relación que mantuvieron pero, sobre todo, le permitirá a la mujer repasar sus sentimientos respecto de lo que significó esa relación en su vida.

El invitado toma asiento en un cómodo sillón. Ella le ofrece beber un té o un vino. Prefiere el primero. El alcohol será un estimulante adecuado para la señora. Le permitirá desandar recuerdos que le irán posibilitando un sinnúmero de reflexiones acerca de los acontecimientos que vivieron juntos. Fundamentalmente reparará en aquellas cuestiones que quedaron marcadas en su cuerpo. El amor fue intenso y con la partida de ese hombre, la soledad en la que ella ingresó sólo le da oportunidad ahora de buscarse a sí misma, reconocer cómo ha crecido, cómo ha construido su vida a lo largo de los años y, sobre todo, detenerse a observar qué intereses, qué necesidades, qué expectativas, la movilizan a la hora de intentar formar una pareja.

El relato de Esther Feldman aporta una nueva historia a la saga de comedias femeninas que año a año se repiten en los escenarios de Buenos Aires. La hora de la calabaza tiene algunos puntos altos, sobre todo cuando la protagonista exterioriza sus sentimientos con profundidad, y otros que resultan reiterativos y están más ligados a comentarios banales sobre la condición femenina. Situaciones que, seguramente, divertirán a un grupo de mujeres que comparte su intimidad en una reunión.

Alberto Lecchi conduce a Romina Richi por un camino de mucha libertad. Le posibilita jugar a fondo con ese personaje que, por momentos, expone una gran desprotección y en otros se siente muy íntegra. Hasta se permite hacer comentarios desfachatados. Finalmente comprende que puede muy bien justificar unas determinaciones que tomó y que, en definitiva, le posibilitaron dejar de lado sus padecimientos y fortalecerse. El cierre de la obra se convierte en una agradable sorpresa.

Richi se mueve muy bien en escena y a la hora de realizar una composición, como en el caso de Camila, una amiga de la narradora, lo hace con creatividad y mostrando detalles del personaje que resultan muy atractivos y que el espectador disfruta mucho.

En La hora de la calabaza resultan muy destacables la escenografía de Eva Duarte y la iluminación de Gabriel Haenni. El ambiente en el que se mueve el personaje responde muy acabadamente no sólo a su condición de clase, sino además a ese espíritu quejoso que la domina.

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