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Julián Bedel: "Hay más de mil olores y, en su mayoría, no tenemos palabras para describirlos"

Creó la marca de perfumes Fueguía 1833 en 2010; hoy, con ediciones limitadas, tiene locales en Milán, Nueva York y Tokio

Sábado 12 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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Foto: Paula Salischiker

La zona del cerebro asociada a los recuerdos de nuestra infancia que vuelven cuando percibimos un determinado olor es el hipocampo. Distintos estudios de neurociencias vienen demostrando que la intensidad de esas sensaciones y recuerdos es mayor a la que solemos experimentar a partir de otros sentidos, como la vista y el oído. Pero aunque el hipocampo "se enciende" más, el sentido del olfato suele ser el más subestimado a nivel cultural.

"Falta educación en este tema, hay cientos de olores para los que no tenemos ni siquiera palabras que los describan", dice Julián Bedel, el perfumista argentino más exitoso a nivel global. Con más de 1000 tipos de olores identificados (más que colores y sonidos), y con el factor adicional de que cada cerebro los decodifica de manera distinta, Bedel remarca que en su proceso creativo cuenta con una "paleta infinita", que le da más posibilidad de innovar que cuando hace música o artes plásticas.

Fueguía 1833, la marca de perfumes que creó Bedel en 2010 junto a Amalia Amoedo, ya tiene negocios en más de diez ciudades, entre ellas Buenos Aires, Nueva York, Milán y Tokio. El nombre hace alusión a Fueguía Basket, una niña fueguina capturada por los ingleses en 1830 y llevada a Inglaterra. La producción de las fragancias se realiza con ingredientes naturales, sin derivados del petróleo. En un café cerca de su tienda de la avenida Alvear, Bedel conversó con LA NACION sobre la composición química de su proceso creativo.

-¿Cómo se define la creatividad en el mundo de los perfumes?

-Hoy la industria muestra un escenario en el que una de las pocas oportunidades para entrar tiene que ver justamente como su escasísima creatividad. La primera impresión que uno tiene hoy cuando ve la oferta de fragancias es la de "esto es todo lo mismo". La creatividad aquí se divide en dos partes: la originalidad de los ingredientes que se usan y qué haces vos con ellos. Picasso decía: "Si no tengo azul uso verde; dame lo que sea, cerámica, papel maché, que yo creo". En perfumes los ingredientes ayudan muchísimo, en mi caso son los bloques de construcción para que yo pueda tener una idea y presentarla en una forma innovadora.

- ¿Y por qué decís que en la industria principal de las fragancias falta creatividad?

-Si vos sos la megamarca de lujo de un diseñador italiano, vos no producís nada, das tu marca a una franquicia para que un gran distribuidor (como Coty, L'Oreal, etcétera), analice qué se puede hacer con esa marca. Luego llaman a alguna de las cinco empresas productoras (aquí hay casi un monopolio), y les dicen: ?Estamos dispuestas a pagar tanto por kilo'. El problema es que los briefs que se dan son un reciclaje de lo mismo, de lo que ya tuvo éxito. El mismo perfume floral, el mismo con olor a chocolate, no hay toma de riesgo, porque es tal el costo de la campaña, de su desarrollo, distribución, que lo único que quieren es hacer lo que ya funcionó el mes anterior con otra marca.

- Lo que describís es una dinámica anticreativa que también se da en otros sectores.

-Totalmente, pero aquí hay algunas particularidades. El mercado fija una limitación de precios e ingredientes, que hace que los perfumistas debamos ser extremadamente creativos y trabajemos con lo que hay. En el caso de las grandes marcas, acceden a estos cinco productores de fragancias que crean olores sintéticos, que no existen en la naturaleza. Tienen esa ventaja competitiva. En mi caso, como no tenemos esa hipertecnología, puedo llegar al grado molecular desde la naturaleza, con lo que hay. Uso ingredientes que nunca antes fueron usados en la perfumería, que tienen que ver con nuestra ubicación geográfica, aprovechando nuestra biodiversidad. Vienen de la medicina tradicional del Chaco, de la Patagonia, Mesopotamia, etcétera. Nada del uso de petróleo, todo de uso verde.

- Y desde el punto de vista de un consumidor, ¿qué es un perfume original?

- Todo lo que hagas fuera de lo industrial es noble, es original. Hoy el camino creativo de las marcas de lujo está completamente agotado. Es un reciclaje de un reciclaje de un reciclaje. La genialidad, si hablamos de genio creativo, está en lo inesperado. Puedo incorporar el acorde que sale de destilar pasto seco de la Pampa con el ámbar gris de una ballena con un cedro de Misiones. Es como la música, que con sus siete notas y sus semitonos, continua siendo inagotable a partir de la intensidad que le das, con los silencios y los espacios.

- Vos también sos músico y artista plástico. ¿Cómo se traduce este tipo de creatividad a la de los perfumes?

-Hay un hilo común que es la economía de recursos y la vitalidad de la obra, a su energía. Hay, sin embargo, una diferencia importante. Todos olemos el perfume de forma diferente. A estas moléculas que tiramos al aire el cerebro las lee en forma de patrones, y la construcción del olor del café es diferente para cada persona. Escuchar un "la" es lo mismo para todos, son 440 megahertz, oler café es diferente, ahí es donde tenés una gran ventaja frente a la música y al color, que también son vibraciones de frecuencia, y que fue lo que me atrajo: acá hay una paleta infinita.

- ¿Estudiaste química?

- Leo mucho, pero soy autodidacta, toda mi vida fue así, desde el secundario. Trabajamos con carbono, oxígeno, nitrógeno, a veces hidrógeno. Son pocas moléculas, el tema es su estabilidad y la de los compuestos originados con esas moléculas.

- ¿Cuál es el equivalente a la hoja en blanco en la perfumería?

- Uf... es algo frustrante a veces: tenemos 1250 ingredientes, entonces, arrancar con tanto es un problema. Y cada uno de ellos a su vez tiene una complejidad tremenda: el café tiene 850 moléculas. Uno puede mezclar dos o tres y ya tenés un perfume, pero no lográs la performance de un perfume, como evoluciona, si dura, cómo sigue. La hoja en blanco, lo que excita a la gente no son los ingredientes, sino la historia que hay detrás. Cuando vos le decís a un cliente esto es la Biblioteca de Babel, está inspirado en el cuento de Borges, relacionás la fragancia con un concepto simple al que todos pueden referenciar: esa es la hoja en blanco. ¿Es un tema de amor, de desengaño, de qué hablamos? Y luego cómo le damos forma.

- La química Valeria Edelsztein pregunta en sus charlas qué sentido preferirían perder, y la audiencia responde mayoritariamente "el olfato"...

- Pobres, no saben lo que se pierden...[risas]

- Nadie quiere perder la vista, el oído. ¿Te parece que está subestimado el sentido del olfato?

- Claro que sí, no hay una educación. Yo era un analfabeto de olores y me eduqué, no es que tenía un don especial. Nuestro lenguaje es muy pobre para describir olores; hay más de mil y, en su mayoría, no tenemos palabras para describirlos. Pasa lo mismo con los sommeliers, con los vinos, que hacen tanto énfasis en las palabras: las necesitás para recordar un gusto o fragancia, para fijarlos al cerebro de alguna manera.

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