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Qué es ganar o perder para el oficialismo y la oposición en las PASO bonaerenses

En el territorio de la mayor disputa se ponen en juego la gobernabilidad y el destino político de varios candidatos

Claudio Jacquelin

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LA NACION
Viernes 11 de agosto de 2017 • 20:11
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Las elecciones primarias del domingo arrojarán un resultado, pero infinidad de interpretaciones. Sobre todo en la provincia de Buenos Aires, territorio de la disputa mayor, donde la incertidumbre de las horas previas es total y en la que el oficialismo pondrá en juego en buena medida la gobernabilidad y las principales figuras de la oposición arriesgarán su destino político.

Más allá de los números que al final arroje esta encuesta oficial, el partido de ida, el primer examen real para el Gobierno o simple y formalmente la selección de candidatos para competir en las elecciones legislativas nacionales del 22 de octubre próximo, todos las fuerzas políticas evalúan qué consecuencias tendrán y qué motivos dejarán para el festejo, la preocupación o la frustración. La línea que separe el éxito del fracaso puede ser angosta y difusa. O demasiado provisional.

Para el Gobierno una victoria no sólo será imponerse a la lista de Unidad Ciudadana, que pertenece a Cristina Kirchner, aunque sea por una diferencia mínima, sino también lograr un virtual empate. Y en las horas previas hasta dicen estar dispuestos a firmar una derrota ante Cristina por menos de dos puntos en esta instancia, convencidos de que el miedo al regreso del kirchnerismo, agitado con cierto éxito hasta acá, más una recuperación más sostenida de la economía en los próximos meses le darían los votos necesarios para imponerse en octubre.

El siempre optimista Jaime Durán Barba animaba al comando de campaña y a los candidatos oficialistas con su teoría de que quedar hasta cuatro puntos por debajo del kirchnerismo en el territorio bonaerense no sería un mal resultado. Les promete que con esos números estarían en condiciones de revertir la derrota inicial en las elecciones generales y definitivas de octubre.

Sin embargo, no convencía con su hipótesis al sector más político de la primera línea macrista, que admite que un resultado así tendría efectos negativos en lo económico y podría ayudar a atenuar las percepciones negativas que tiene la mayoría sobre el krichnerismo. El efecto miedo podría perder poder.

Massa y Randazzo

Una derrota sin vueltas para el macrismo sería quedar a cuatro o más puntos debajo de Unidad Ciudadana y sacarle menos de siete puntos de distancia a la lista de 1País, que encabeza Sergio Massa, envalentonado así para salir a ensanchar la angostada avenida del medio a expensas suyas.

Asumido, aunque no públicamente, que el tercer lugar es el más probable para 1País, el massismo considera que si queda a menos de 6 puntos del segundo tiene alguna posibilidad de quitarle votos al oficialismo en octubre y llevarse algunos de los de Cumplir, el espacio que impulsa a Florencio Randazzo, para que su líder ingrese en la Cámara de Senadores y quede a salvo su proyecto presidencial para 2019.

Todo o nada

En el kirchnerismo los cálculos son sencillos: ganar es sólo salir primeros, aunque sea por media centésima, y perder sería no alcanzar ese objetivo, que están seguro de tener al alcance de la mano. Cultores a ultranza del cortoplacismo, octubre queda muy lejos para ellos y no entra ahora en sus especulaciones.

De todas maneras, si Cristina resultara segunda en las PASO sus chances de acceder al Senado serían muy altas. En tal caso se produciría un efecto paradojal, ya que podrían alegrar el luto de sus seguidores tanto como contentar a los dirigentes oficialistas para desgracia de Massa, de Randazzo y de todas las expresiones del peronismo antikirchnerista.

El kirchnerismo podrá celebrar por motivos obvios la sobrevida de Cristina aferrado al voluntarismo del "Vamos a volver", mientras que el macrismo festejaría su continuidad acotada porque eso dificultaría la reorganización del peronismo y mantendría dividida la oposición.

Se trataría del mejor escenario que podrían imaginar Macri y sus seguidores. Un regalo impagable para negociar en los próximos dos años medidas de gobierno con los sobrevivientes del justicialismo con poder territorial y no dispuestos a someterse nuevamente a la ex presidenta. También para imaginar otro escenario de fragmentación opositora que empiece a despejarle el camino para las elecciones presidenciales de 2019.

No deberá sorprender, entonces, que el domingo festeje más de un espacio político. No todo será salir primero o segundo en las PASO bonaerenses.

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