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Un simulacro electoral a puro voluntarismo

La previa de las PASO ensanchó la grieta entre la visión del futuro y el pasado económico, y las diferencias sobre el rol de un Estado deficitario

Domingo 13 de agosto de 2017
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Foto: Alejandro Agdamus

Las PASO de hoy deberían ser una suerte de prueba de clasificación destinada a depurar y ordenar la grilla de las próximas elecciones legislativas. Pero la ausencia de internas en los principales espacios políticos y medio país -en especial, los distritos con mayor número de votantes, como provincia de Buenos Aires y CABA-, multiplica las escuderías con piloto único y las convierten en un simulacro electoral de octubre.

Con estas características, y salvo escasos hallazgos atribuibles al marketing más que a propuestas viables, las campañas previas fueron un virtual festival de voluntarismo y realismo mágico. Muchos candidatos de la oposición pasaron de largo cinco estaciones del subte A -entre Congreso a Plaza de Mayo-, al plantearlas como si fueran una elección presidencial y no la renovación de la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Otros dramatizaron diagnósticos, lanzaron consignas disparatadas para llamar la atención en radio y TV u opciones extremas en redes sociales. Pero no parece haber sido una buena estrategia: la última encuesta del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano en la Capital Federal -la ciudad más conectada a Internet-, revela que apenas 1 de cada 3 votantes conoce al menos tres de los precandidatos a diputados nacionales y otro tanto no es capaz de mencionar un sólo nombre correcto de alguno de ellos. Otra incógnita, excepto en los casos de militantes políticos, es la participación y voto de los millennials (la generación de 18 a 30 años nacida o criada en la era digital), que representa alrededor del 40% del padrón.

La candidatura de Cristina Kirchner, por fuera de la estructura formal del peronismo y con chances de imponerse en el conurbano bonaerense, no escapó de esta regla aunque con sobredosis de hipocresía. No tanto por haber transformado su agresiva verborragia en silencios, tuits oportunistas, o calculadas apariciones públicas. Más que nada, por haber soslayado todos los problemas sociales y económicos que barrió debajo de la alfombra durante años de populismo para endosárselos a su sucesor y promover ahora el voto castigo para el gobierno de Mauricio Macri por no resolverlos de inmediato. Todo mientras la ex presidenta al igual que todo su entorno de procesados por corrupción, denunciaban persecución política por vía judicial.

En Cambiemos, sólo en el tramo final de la campaña se enfatizaron los cambios ya concretados (reinserción en el mundo, fin de los controles cambiarios, estadísticas confiables, recuperación del crédito interno y externo, obras públicas; énfasis en la lucha contra la corrupción y el narcotráfico). Elisa Carrió hizo su aporte al agregar el factor tiempo, que hubiera sido deseable cuando se anunció el objetivo de "pobreza cero" y "lluvia de inversiones". Y María Eugenia Vidal no se privó de describir con crudeza la herencia recibida en las zonas más pobres del conurbano bonaerense. Fueron formas de pedir un voto de confianza a cuenta de futuros cambios, hasta ahora planteados como aspiracionales ya que no se caracterizan por sus precisiones.

Sergio Massa, por su lado, buscó diferenciar su campaña a base de encuestas de opinión pública y atender inquietudes con propuestas que no explicitan costos fiscales ni viabilidad legislativa.

Un problema adicional para el oficialismo es que las PASO tienen lugar en un clima económico menos propicio que el que imaginaba para esta época, aunque tiene chances de mejorar hasta las legislativas de octubre. La reactivación que toma impulso en las estadísticas y ahora se extiende poco a poco a la mayoría de sectores industriales, todavía no se hace sentir en el consumo interno. Aunque el retroceso se viene atenuando, los sectores más cercanos a la ensanchada base de la pirámide social son los más afectados por el deterioro de ingresos que redujo el consumo masivo. Y los que se ubican en el delgado extremo opuesto pueden viajar al exterior en tours de compras, lo cual debilita parte de la demanda de bienes durables.

A esto se suma que los mercados internalizaron las encuestas según las cuales CFK podría ocupar en diciembre una banca en el Senado y aspirar a su candidatura presidencial en 2019. De ahí la mayor demanda de quienes se dolarizaron en las últimas 12 jornadas para esperar el resultado de las PASO y forzaron al Banco Central a desprenderse de unos US$ 1800 millones de sus reservas para contener al dólar en $ 18.

Esto puede explicarse en que las campañas ensancharon la grieta política especialmente en el terreno económico. Desde el oficialismo se plantea la apuesta a un cambio necesario pero aún incierto para el futuro y que por ahora sólo puede mostrar resultados parciales. Y desde la oposición, el retorno a un pasado populista que ya demostró su inviabilidad, tras haber consumido los stocks de energía, granos, carnes, lácteos, frenado la inversión privada y derrumbado las exportaciones. En líneas generales, las propuestas pasaron por aumentar el gasto público, bajar impuestos sin cuantificar el costo fiscal y no financiar el déficit con más deuda. O sea, buscar la cuadratura del círculo.

De todos modos, estas visiones políticas opuestas sobre el futuro de la economía argentina dejan de lado dos cuestiones clave. Una es la necesidad de lograr un crecimiento sustentable del PBI a base de mayores inversiones para crear empleos de calidad en una economía más competitiva, sin la cual será más difícil reducir la pobreza. Otra, que el problema de fondo que subsiste en la Argentina es la ausencia de un mínimo consenso sobre el rol del Estado en la economía.

Aquí se plantea un problema cultural: buena parte de la sociedad tiene la imagen de que el Estado es una fuente inagotable de fondos sin costo, cuya distribución depende de la bondad o perversidad del presidente de turno, cuando en realidad debe asimilarse a un gran consorcio en el que todos los ciudadanos terminan pagando las expensas, de manera directa o indirecta.

En los últimos 12 años el gasto público creció el equivalente de 12 puntos del PBI y tiene por delante una fuerte rigidez, debido a las enormes necesidades sociales atendidas por el Estado (un tercio de habitantes en la pobreza y más de 7 millones de jubilados) y de infraestructura en casi todas las áreas.

La contrapartida del gasto fueron los impuestos que, si bien elevaron la presión tributaria no impiden que el déficit fiscal supere actualmente el 7% del PBI (incluyendo a las provincias y los intereses de la deuda) y tienda a crecer, debido a que mayormente se financia ahora con endeudamiento externo. Esa presión tributaria se distribuye entre 35 impuestos nacionales y provinciales, más 122 tasas municipales, algunas francamente disparatadas para recaudar de cualquier forma, todo lo cual se potencia con el "impuesto inflacionario". Por otro lado, las exenciones legales y alícuotas reducidas de distintos impuestos (o sea, quienes están autorizados a pagar menos expensas) alcanzan a 2,46% del PBI, más casi otro punto (0,87%) si se incluyen los regímenes de promoción económica o sectorial.

De esto nadie habló en la campaña electoral para las PASO, salvo tímidamente el Gobierno al anunciar reformas para bajar el "costo argentino". Tampoco que ni Cambiemos ni las tres fracciones del peronismo tendrán mayoría en el Congreso. Y que -como en todo sistema republicano- el Presupuesto, las prioridades de gasto e inversión en infraestructura, las leyes que bajen o suban impuestos, más todas las reformas estructurales anunciadas y pendientes (fiscal, tributaria, laboral, judicial, educativa, etc.) dependerán de la negociación entre los distintos bloques. Más allá del resultado de hoy, ayudaría que este debate fuera planteado dentro de los 70 días que van hasta las elecciones legislativas, que son las que configurarán el Congreso. En octubre habrá quienes voten mirando por el parabrisas o por el espejo retrovisor. Y aún faltarán dos años para las presidenciales de 2019.

nestorscibona@gmail.com

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