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El nuevo guardián del Ciclón: Nicolás Navarro, un admirador de Darín y fan de Breaking Bad

El recorrido de un guardavallas que esperó mucho tiempo esta posibilidad en San Lorenzo y hoy hasta cuenta con el respaldo de un histórico como Torrico

Domingo 13 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
Nicolás Navarro y el festejo en el triunfo ante Emelec
Nicolás Navarro y el festejo en el triunfo ante Emelec. Foto: Reuters

A Nicolás Navarro la titularidad lo tomó por sorpresa. El arquero siempre tuvo en claro cuál era su lugar una vez que arribó a San Lorenzo , en enero de 2016: trabajar en silencio detrás de un emblema como Sebastián Torrico . Para explicar cómo es la tarea psicológica de un arquero que aguarda en el banco de suplentes, Navarro apela a una frase que puede sonar trillada pero que -en su caso- aplica a la perfección: "Uno siempre tiene que estar preparado para cuando le toque entrar".

El futbolista de 32 años respetó las reglas del juego y esperó su oportunidad. Y gracias a la contención de sus manos San Lorenzo todavía sueña con seguir avanzando en la Copa Libertadores, el gran objetivo del año. Para Navarro la noche perfecta llegó ante Emelec: atajó dos penales y le dio un respiro a su equipo en un desafío que se encaminaba para terminar en pesadilla, aunque al final fue derrota por 1-0 que derivó en la definición por penales. En medio de la euforia, los abrazos y algunos llantos contenidos no fueron pocos los que recordaron las jornadas de gloria para el Ciclón desde el punto del penal con el otro protagonista de esta historia: Torrico, avezado en la materia.

San Lorenzo salió adelante en el cierre de una eliminatoria a la que llegó con cierto aire por el resultado de ida pero que la sufrió de principio a fin en su casa. Nunca estuvo seguro ni confiado, síntomas opuestos a los que empezó a vivenciar Navarro una vez que el árbitro Wilson Sampaio pitó el final del partido. Pese a no ser un experto, el arquero abrazó a Blandi y lo miró a los ojos. Puro optimismo: "Empezá vos la tanda y ojalá yo la pueda terminar", le dijo. Diego Aguirre, el DT, intentó emular a Javier Mascherano con Sergio Romero: "Fue algo así lo que le dije a Navarro, sí. Le pedí que lo disfrute. Él iba a ser el héroe".

"En la previa también hablé con Juan Carlos Docabo, entrenador de arqueros, y otro poco con Torrico. Les pregunté qué pensaban y me dijeron que estuviera tranquilo y que hiciera mi trabajo con confianza", le cuenta Navarro a la nacion.

Así como lo hizo con Leandro Romagnoli, reemplazar a Torrico fue una movida arriesgada de parte de Aguirre. El día clave fue el 25 de abril de este año, cuando el uruguayo le brindó a Navarro la llave del arco en el cruce frente a Universidad Católica que culminó con el gol de Nahuel Barrios sobre la hora. Hasta esa noche inolvidable en el Bajo Flores, el arquero sólo había disputado tres partidos oficiales en el club. Desde ahí, los azulgranas hilvanaron tres victorias consecutivas que los colocaron en el primer lugar del Grupo 4 de la Copa. "Con Torrico tengo una relación excelente. Creamos un clima de trabajo positivo y eso es muy bueno. Lo respeto muchísimo como persona y como jugador", dice Navarro cada vez que le preguntan por su colega. "Es un fenómeno, uno de los mejores compañeros que conocí en mi carrera", agrega.

Un error de juventud

Navarro, de 32 años, se inició en Argentinos, donde tuvo dos ciclos: entre 2004-2007 y luego entre 2010-2011; también pasó por River, Tigre y Gimnasia y Esgrima La Plata. En el exterior jugó en Napoli, de Italia, y Kayserispor, de Turquía. Cuando llegó a Boedo lo hizo con el afán de tener revancha en un equipo grande después de su paso efímero por la entidad de Núñez -que atravesaba un momento convulsionado- con apenas cinco encuentros como titular en 2009. "Con el diario del lunes no hubiera tomado la decisión de jugar en un club con la exposición de River con sólo 23 años", explica el arquero.

Lo que nunca imaginó el Ciclón es que el sufrimiento para avanzar a los cuartos de final por primera vez desde 2014 se extendería hasta la tanda de penales frente a Emelec. Navarro confesó que tanto él como Torrico y José Devecchi no practicaron esta definición en la semana previa. Quien sí había estudiado a los adversarios fue Docabo, que le hacía señas para remarcarle un posible destino de los disparos. Un detalle: en tiempo regular, Navarro sólo una vez atajó un penal, a Nicolás Aguirre en un cruce entre Lanús y Gimnasia. Ya en una definición de la Copa Argentina frente a Unión -también con el Lobo- contuvo tres ejecuciones.

La relación entre los tres arqueros del Ciclón, detallan los protagonistas, es excelente. En cada uno de los entrenamientos se pueden observar largas charlas y nunca faltan los consejos para el más joven del trío, el correntino Devecchi (22 años). Admirador de Ricardo Darín y seguidor de la serie Breaking Bad, Navarro describe a San Lorenzo como un club "emocionante". Sonríe, Torrico, cuando recuerda quién fue el rival que más lo complicó en su carrera: "¡Cristiano Ronaldo!". El mendocino es famoso por atajar penales en momentos clave: alcanzó la cifra de doce en San Lorenzo. Un par de ellos, claro, en la recordada Libertadores 2014 frente a Gremio. Hoy, el turno es para su compañero Navarro.

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