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Dolores Fonzi: "En las mejores condiciones, estar frente a una cámara es la libertad absoluta"

Interpreta en La cordillera, estreno del jueves, a la hija de un presidente tironeada en una cumbre entre el poder y los conflictos psicológicos; cuenta cómo es ser dirigida por su pareja y el sueño de ser realizadora

Domingo 13 de agosto de 2017
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LA NACION
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"El único político que me apasiona es el que puede mostrar en la mirada que el bien común le importa de verdad", afirma la actriz
"El único político que me apasiona es el que puede mostrar en la mirada que el bien común le importa de verdad", afirma la actriz. Foto: Santiago Filipuzzi

A una actriz de convicciones tan firmes como Dolores Fonzi le debe haber resultado bastante arduo construir un personaje como el que interpreta en La cordillera. En la película argentina más esperada del año, que se estrena este jueves después de pasar por Cannes, interpreta a Marina, la hija de un presidente argentino (Ricardo Darín) que pone a este hombre poderoso frente a un complejo dilema personal y psicológico en medio de una complicada cumbre de mandatarios latinoamericanos. Dirigida por segunda vez (después de La patota) por su actual pareja, Santiago Mitre, reconocida sin vueltas como una de las mejores actrices de cine de la Argentina, Fonzi define a Marina como "un ser fragmentado entre su padre y el poder, entre lo que ella quiere ser y lo que no, lo que quiere decir y nadie quiere que se diga, lo que quiere nombrar y no puede. Es un símbolo de la mujer de hoy, que se anima a decir algo y puede ser condenada por eso". Su entusiasmo por hablar de cómo interpretó a una hija del poder es tan grande que la lleva a contar aspectos argumentales de La cordillera que conviene no revelar. "A Gerardo Romano le gustó mucho el título -cuenta acomodada en el hall de un hotel de Recoleta-. Veía en la cordillera algo así como a la columna vertebral de América. Haber trabajado con Daniel Giménez Cacho, Paulina García, Alfredo Castro y Elena Anaya le da a la película una sensación muy poderosa, importante. Se hizo una película enorme con una sensación muy grande de gran trabajo en equipo. Vértebra a vértebra se formó esta cordillera de múltiples piezas. Cada una consigue que la otra funcione mejor".

-¿Cómo reaccionaste al ver por primera vez tu personaje?

-No lo supe hasta último momento. Yo pensé que iba a interpretar a Luisa, el personaje de Erica Rivas. Después me alegré de ser Marina, aunque al principio se me complicó entenderlo en la matriz de la película. Una persona frágil, rebelde, en carne viva, que llega a la cumbre en situación de estrés, fuera de sí, porque ella no controla su vida sino su padre, que es el poderoso. Es la heredera de un poder que no quiere. Ahí sí tuve que construir algo porque ya no me quedan muchos personajes de hija rebelde [risas].

-Como le pasa a otro personaje tuyo, Paulina, en La patota, Marina también se resiste a que le indiquen lo que tiene que hacer

-Pero accede a ir a la cumbre, cuando tranquilamente podría no haber ido. Necesita el amparo de su padre y en ese sentido se diferencia mucho de Paulina, que sí está en busca de algo. En cambio, Marina no quiere encontrarse con nada ni nadie, quiere que la dejen en paz. Hicimos mucho trabajo previo con Santiago y con Ricardo, que fue siempre muy generoso. Todos podíamos proponer cosas en ese juego. Cuando todo estaba cerrado, recién se filmaba. Al entender más, pude hacer mejor escenas como la de la hipnosis, que requiere un estado muy especial.

-Frente a una película así, es inevitable pensar en los límites que hay entre realidad y ficción para hablar de política.

-Uf, debe ser muy difícil ser político. Mostrar algo, mantener siempre un estado de equilibrio hacia afuera cuando por ahí por detrás estás haciendo y pensando otra cosa. Los políticos que me apasionan son los que pueden mostrar desde la mirada que les interesa el bien común. Igual esta película es un retrato bastante naíf de lo que ocurre, porque siempre la realidad supera a la ficción. El mundo real de la política debe ser tan negro como lo que uno imagina. Lo peor es que ya nadie se sorprende por estas cosas. Se aceptan como algo natural. Nada de lo que se diga sobre ese mundo nos va a sorprender.

-¿Te ayudaron estas dos películas de alto perfil político como La patota y La cordillera a fortalecer tus convicciones?

-Claro que sí. Yo no puedo abarcar todas las luchas que me gustaría dar. En estos días, por ejemplo, estuvo el tema de Anahí Benítez. Lucho por terminar con la desigualdad entre los hombres y las mujeres. O criar a mis hijos (tengo un varón y una nena) para que puedan abrazar la diversidad. Soy consciente de que tengo un cierto poder porque si digo algo seguramente me van a escuchar. Eso me hizo más responsable.

Foto: Warner

-¿Cómo es trabajar por segunda vez a las órdenes de quien es tu pareja en la vida?

-No hay nada mejor para un actor que un director seguro de lo que hace. Santiago sabe muy bien lo que quiere y filma increíble. Desde la diferencia de roles en el trabajo sentimos de entrada que queremos los dos lo mismo. Así debería funcionar siempre: disfrutar la vista del mismo amanecer desde la unión de las diferencias.

-Podría verse La cordillera como el cierre de una suerte de trilogía política abierta con El estudiante y La patota.

-Los temas siempre son los mismos. Y esa mirada política Santiago la tiene en la sangre. Se crió en ese universo, lo tiene incorporadísimo. Y es un gran retratista de época. Fijate que La patota coincidió con la primera marcha de Ni Una Menos, el debate por los derechos de la mujer, la soberanía sobre el propio cuerpo. Ahora, La cordillera cae en un momento de elecciones, de debates políticos muy fuertes.Además, durante todo este camino me di cuenta de que también me gusta cada vez más dirigir.

-¿Cómo es eso?

-Estoy escribiendo un guión con Laura Paredes, la mujer de Mariano Llinás. Y pronto estreno junto con Pilar Gamboa la película El futuro que viene. Es la ópera prima de Constanza Novick, con quien hice Soy tu fan. ¿Te acordás? Ahora queremos hacer el largo y codirigirlo Constanza y yo.

-Llegás a esa instancia después de construir una gran carrera como actriz de cine.

-Justo anoche leí una frase de Jeanne Moreau que me calmó bastante. La compartí en Twitter. Dice: "Para interpretar a mujeres no me hace falta coraje. Eso es libertad delante de una cámara. El coraje se necesita para vivir". La vida es lo peligroso. La cámara no. Nada te puede pasar frente a ella. Por el contrario, a mí me deja muy tranquila. Tengo un buen estar frente a la cámara. No me intimida. Puedo respirar delante de ella. En las mejores condiciones, estar frente a una cámara es la libertad absoluta. Y además en el cine todo se ve. La cámara registra hasta lo que estás pensando en ese momento. Por eso me gusta elegir lo que hago.

-Si hacés algo que no te gusta, la incomodidad queda a la vista.

-Es que no puedo hacer cualquier cosa. Me deprimo, me enfermo. Lo que siento que no puedo hacer no lo hago. Prefiero poner un negocio de velas. Y eso que en general soy una persona de muy buena disposición, que está siempre de buen humor en el set. Pero este año fue muy difícil. Les dije que no a muchas películas y que sí a otras, que al final se cayeron. No trabajo desde noviembre. Ahora que el cine está un poquito caído vamos a virar al teatro, a ver qué pasa. Voy a hacer una obra con Cecilia Roth, Echi Díaz y Guillermo Arengo en La Plaza. Y Otelo en el Regio.

-A lo del cine se suma la falta de ficciones argentinas en TV. Lo último que hiciste fue La leona.

-El otro día hablábamos del tema con mi hermano Tomás y él me decía: "¿Te acordás de cuando había una novela para adolescentes a las 7, otra familiar a las 9, otra para adultos más tarde y un unitario por día? Ahora hay una sola ficción. Un espanto". Tomás se sumó a Fanny la fan y la levantaron a los 20 días. Nos vamos a quedar sin cultura. Y en cuanto al cine, soy testigo de que se cayeron muchas producciones y las que no se cayeron están retrasadas. Hoy no se está filmando nada. Igual, a mí me gusta estar en casa con mis hijos. Todo ese tiempo dedicado a ellos es inversión total. Y si no aparecen las cosas yo las invento. No me puedo quedar quieta.

Santiago Mitre

(en la Revista La Nacion del 16/7)

"La pasión o la obsesión en la Argentina no es el fútbol, no es el tango, ni los caballos, ni el psicoanálisis, sino la política"

"Consumimos la política en diarios, revistas, noticieros, como si fuera un conjunto de ficciones, y los políticos trabajan también construyendo ficción"

"La política es como una frontera, delimita territorios. Ser el presidente es estar en la cumbre, en el punto más alto de esa frontera. Pero estar tan arriba implica que hacia los costados hay abismos"

"Uno a Darín siempre le cree, le quiere querer. Es algo único lo que irradia. Como el hombre común que representa en el imaginario del público argentino, Darín es la trampa de la película"

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