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Un exigente rodaje que se vivió como una cumbre

Domingo 13 de agosto de 2017
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La cordillera reproduce en clave de ficción una cumbre entre presidentes latinoamericanos, escrita por su director, Santiago Mitre, junto a Mariano Llinás. Pero a la vez podría decirse que la realidad de su exigente rodaje reprodujo en casi todas sus consecuencias el difícil armado de un encuentro de esas características, sobre todo por la necesidad de coordinar tiempos de estada y horarios de varias figuras internacionales de alto perfil que se sumaron al elenco. Junto a Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Erica Rivas y Gerardo Romano, participaron en La cordillera los chilenos Paulina García y Alfredo Castro, el mexicano Daniel Giménez Cacho, la española Elena Anaya y el estadounidense Christian Slater, que se sumó al rodaje en Buenos Aires durante unas pocas jornadas para una secuencia decisiva.

A esas dificultades debió exponerse la producción de la película, en la que participaron nombres argentinos (K&S Films, La unión de los Ríos, Telefé), españoles (Mod Producciones) y franceses (Maneki, Arte France Cinéma).

Las primeras exploraciones que hizo la producción en busca del lugar óptimo para ambientar la cumbre apuntaron a Ushuaia. Después de analizar las alternativas del lugar se optó por buscar otro escenario, que finalmente fue encontrado del otro lado de los Andes: un hotel instalado en el corazón del centro de esquí Valle Nevado, a casi 50 kilómetros de Santiago de Chile.

Allí se rodaron las principales escenas de la cumbre (complicadas frente a los tiempos previstos a raíz de imprevistos climáticos y con la nieve) complementadas con escenas de interiores registradas en San Carlos de Bariloche y la Capital Federal. También la producción logró acceder a la Casa de Gobierno para algunas escenas clave. Por ejemplo, el lugar de trabajo del presidente Hernán Blanco (Darín) es el auténtico despacho presidencial.

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