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El dilema de la Casa Blanca: Trump, sin cartas ganadoras para el choque con Corea del Norte

La escalada retórica entre Washington y Pyongyang creció peligrosamente esta semana; los analistas estiman que ningún escenario es favorable en un eventual enfrentamiento militar

Domingo 13 de agosto de 2017
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LA NACION
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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Foto: Reuters / Jim Bourg / Archivo

WASHINGTON.- Los últimos siete días pusieron al mundo, otra vez, ante la amenaza de una guerra nuclear como nunca antes desde la crisis de los misiles cubanos. Como en ese entonces, ahora todos esperan que la diplomacia vuelva a salvar el día.

Aunque el conflicto sea añejo, la última escalada entre Washington y Pyongyang sorprendió por su vértigo y la voraz retórica de dos líderes, Donald Trump y Kim Jong-un, dispuestos a subir la apuesta, y en cuyas manos descansa la decisión final de lanzar o no un ataque.

Ante esa realidad, mandatarios, funcionarios estadounidenses -antiguos y actuales-, diplomáticos y expertos se preocuparon por remarcar, en los últimos días, que el único camino para desandar la crisis es a través de la diplomacia y las negociaciones. Insisten: no existe una "bala de plata" que resuelva el conflicto.

Foto: Ippoliti

Pero las advertencias mutuas han instalado el espectro de un ataque, aun cuando cualquier escenario bélico sería "catastrófico", como recordó esta semana Jim Mattis, jefe del Pentágono.

Trump puso más esfuerzo en la diplomacia que en la retórica en las últimas horas. Habló con el presidente de China, Xi Jinping, y el de Francia, Emmanuel Macron. Xi urgió a Trump a bajar el tono y evitar mensajes que suban la tensión. Trump presionó para que hiciera más para contener a Pyongyang.

Con todo, la Casa Blanca insistió en que el régimen de Kim debe cortar su conducta desestabilizadora, provocativa y escalatoria. Pero, a la vez, elogió las sanciones aplicadas por Naciones Unidas como "un paso importante para lograr la paz y la estabilidad en la península coreana". Y Trump le dijo a Macron que Estados Unidos está dispuesto a trabajar junto a sus aliados para aplicar "toda la gama de medidas diplomáticas, económicas y militares" para frenar la amenaza del régimen de Kim, según informó la Casa Blanca.

"Nadie quiere apretar el botón rojo", afirmó una fuente diplomática latinoamericana que conoce los entretelones de Washington y las Naciones Unidas. "Al final del día, uno de los principales problemas de Kim es la autosuficiencia alimentaria del país. El win-win es traerlos de vuelta al sistema multilateral para verificar que van a cumplir con la presunta promesa de detener su programa", completó.

Susan Rice, jefa del Consejo de Seguridad Nacional y embajadora ante Naciones Unidas de Barack Obama, ofreció una hoja de ruta en una columna en The New York Times en la cual destacó un consenso sobre Corea del Norte: un ataque preventivo sería una "locura".

"La historia demuestra que podemos tolerar, si debemos, armas nucleares en Corea del Norte, del mismo modo que toleramos la amenaza mucho mayor de miles de armas nucleares soviéticas durante la Guerra Fría", justificó Rice.

Escenarios posibles

En el Pentágono existe una visión casi unánime de que todos los escenarios en una eventual guerra con Corea del Norte son malos. Rice dijo que un primer ataque de Estados Unidos no dejaría "a cientos de miles, sino millones, de víctimas". Y Pyongyang por su parte apuntaría luego a Seúl, Japón o Guam, y quizá hasta al territorio continental norteamericano. Además, Pekín, principal sostén de Kim, podría entrar en conflicto con Washington.

Si Kim ataca primero, Trump debe resolver cómo responde. El escudo de misiles podría quizás frenar un ataque norcoreano, pero eso no quita el cálculo político que implica definir una respuesta y el peligro de que, otra vez, cualquier respuesta provoque nuevos ataques a Seúl o Tokio, o, de nuevo, incluso a Estados Unidos. Otra preocupación: el poder de fuego de Kim, recostado en su vasto arsenal, convencional y nuclear.

Nadie cree que la situación llegará a una guerra en la península, o que los misiles surcarán los cielos. Pero esta última escalada ofrece ingredientes que la distinguen de las anteriores: en el Salón Oval está Trump, afecto al caos, la imprevisibilidad y las frases explosivas, y Kim ha logrado notables avances en su arsenal. El riesgo de un fallo de cálculo que precipite un enfrentamiento ha aumentado.

La última secuencia de tensión comenzó con una nueva ronda de sanciones de la ONU, una respuesta (prevista) de Kim y una amenaza (imprevista) de "fuego y furia" de Trump, que, con todo, no fue la primera advertencia del presidente.

"La gran diferencia ahora es que Corea del Norte ha demostrado tener mayor capacidad", indicó Tom Karako, del Centro de Estudios Estratétigos Internacionales, uno de los principales think tanks de Washington.

"Están jugando un juego muy peligroso que no deberían jugar en primer lugar. Cómo termina esta situación depende de Corea del Norte. Lo mejor para esto es que se bajen. El potencial para una escalada es real. Y es por eso que Corea del Norte necesita enfriarse", agregó.

Jamie Fly, investigador del Fondo German Marshall de Estados Unidos y ex asesor de política exterior del senador republicano Marco Rubio durante la campaña presidencial, coincidió en que las miradas están puestas más en Pyongyang que en Washington.

Incluso las advertencias de Trump y de sus funcionarios han indicado que Estados Unidos respondería a una agresión, pero se abstendrá de lanzar un primer ataque.

"Está en las manos del régimen, y el régimen no tiene muchas opciones tampoco -afirmó Fly-. Trump los encajonó. La pelota está en su cancha."

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