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Un conflicto violento que crece en la zona del sur chileno

En el área de La Araucanía, un grupo clandestino se adjudica incendios intencionales

Domingo 13 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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SANTIAGO, Chile.- En el sur del país, en la zona de La Araucanía, el foco está puesto en el conflicto entre el Estado y los grupos clandestinos mapuches que abogan por su derecho a las tierras. Jorge Pinto Rodríguez, distinguido con el premio nacional de Historia, es uno de los investigadores que participó en las comisiones asesoras presidenciales creadas en distintos gobiernos, incluyendo el actual, para abordar el problema. Él recuerda que las acciones de la Coordinadora Arauco Malleco (CAM), que agrupa a los weichafes -guerreros- del movimiento, comenzaron en 1997 con la quema de tres camiones de empresas forestales en la comuna de Lumaco, influenciados por líderes desde Bolivia.

Desde esa fecha, la CAM reivindicó el camino violento para realizar acciones de "resistencia", como las denominan, desde la clandestinidad. En sus manifiestos políticos, la CAM defiende los actos, en su mayoría incendios, como un modo de afectar la economía del "enemigo" y su circuito productivo en el Wallmapu -territorio ancestral mapuche-, que consideran ocupado por el Estado y por grandes empresas.

Las compañías forestales, hidroeléctricas, mineras y agrícolas señalan que son víctimas de actos terroristas y exigen a los gobiernos la aplicación de leyes que permitan reprimirlos.

La CAM, al menos hasta 2014, se organizaba localmente en Órganos de Resistencia Territorial (ORT). Sin embargo, Pinto cree que perdieron el control de algunos de estos grupos. "La CAM tradicional está más dispuesta al diálogo. Son jóvenes que se han desprendido de la línea principal. Esto hace que el diálogo sea más complejo", comenta. Según indica, no conoce a Resistencia Ancestral Mapuche (RAM) ni a su líder, Facundo Jones Huala, aunque intuye que pueden haberse desprendido de la CAM porque el intercambio entre la Argentina y Chile se da desde el siglo XVIII.

Los ataques incendiarios afectaron maquinarias forestales y agrícolas, iglesias, aserraderos, casas -los propios mapuches también denunciaron que les queman las suyas- y campos del sur. Este año,se incrementaron los atentados. El más grave ocurrió cuando el ORT Wenteche Katrileo reivindicó la quema de 19 camiones de una empresa en Lautaro. A las pocas semanas, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) expresó su preocupación por la escalada de violencia. Sobre todo, porque consideró que no había avances en el diálogo con las comunidades, pese a la presentación de 28 amparos por excesos policiales y a 17 sentencias de la Corte Suprema.

Los mapuches reclaman que las denuncias sobre las muertes de sus comuneros a manos de la policía -al menos nueve desde el inicio del conflicto- no tienen la misma atención mediática que los incendios.

Hace poco más de un mes, en un gesto inédito, la presidenta Michelle Bachelet pidió disculpas al pueblo mapuche y anunció el Plan de Reconocimiento y Desarrollo de La Araucanía, que incluye medidas económicas, de asistencia a víctimas de la violencia y de participación de pueblos originarios. "Pido humildemente perdón al pueblo mapuche y a las víctimas de la violencia rural. Hemos fallado como país", dijo.

Francisco Huenchumilla fue hasta este año intendente en La Araucanía y nunca escuchó sobre la RAM ni de grupos conectados entre Chile y la Argentina. Hace pocos días estuvo en un foro abierto con Héctor Llaitul, líder y vocero de CAM. Allí, Llaitul reiteró la voluntad de establecer un diálogo, pero "no en un marco de colonialismo por parte de las autoridades".

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