Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

En cuestiones del corazón, se puede morir de amor

Eran el uno para el otro. Su amor nació en el mismo lugar que iba a ser testigo de su fin. Un diagnóstico apresurado lo hundió a él en la tristeza y ya no hubo marcha atrás

Señorita Heart

SEGUIR
PARA LA NACION
Viernes 25 de agosto de 2017 • 00:04
0

Se reconocían como almas gemelas. Liliana y Claudio. Claudio y Liliana. La vida los había cruzado en 2004 cuando ella tenía 49 años y él 62. Él era Jefe del Departamento de Kinesiología, Fisioterapia y Rehabilitación del Hospital de Clínicas. Ella, una de las tantas pacientes que circulaban a menudo por los pasillos de la institución. "Todo empezó cuando mi médica clínica me derivó a una interconsulta con Claudio para que evaluara con él la posibilidad de arrancar un tratamiento de rehabilitación por un tumor que había aparecido en mi columna y que necesitaba de intervención quirúrgica", recuerda Liliana.

Ella, de carácter tímido, asistía a las consultas con agrado porque él, un seductor nato, la hacía sentir bien. "Era un personaje adorable, contenía a todos sus pacientes, siempre se mostraba amable, cariñoso, sensible, era muy atento, te recibía con una sonrisa y te despedía con un abrazo afectuoso, era un verdadero caballero. Hasta que un buen día me invitó a tomar un café y yo acepté", detalla Liliana. Y así empezaron a transitar un camino juntos. Corría diciembre de 2004 y Liliana sabía en su interior que el destino los había cruzado en el momento adecuado para compartir su amor hasta el último de los días.

Luego de varios años de convivencia se casaron. Eran las terceras nupcias para él pero Claudio quería hacer feliz a su futura esposa y concretaron entonces la unión matrimonial. "Él era mi todo: mi bebé, mi amado, mi amante, mi amigo, mi compañero, mi padre. Siempre necesitábamos estar en contacto físico, despiertos o dormidos, con abrazos, besos, caricias, nos gustaba estar de la mano y a mí me encantaba colgarme de su cuello. Jugábamos, nos gustaba sorprendernos, descubrirnos, tuve la gracia divina de conocer el amor, la felicidad, el compartir todo, la incondicionalidad. Nos mimábamos, jugábamos y lo “malcriaba”¨, dice ella con una sonrisa difícil de esconder.

Pero en 2016 llegaron los problemas. Liliana comenzó a evidenciar síntomas de adormecimiento en las piernas y finalmente, luego de medio año de espera obtuvo un diagnóstico: un meningioma (un tumor que se genera a partir de la membrana que recubre el cerebro) comprimía la médula y hacía que Liliana perdiera estabilidad. Era necesaria una operación muy riesgosa pero no había otra alternativa. Fue entonces cuando sucedió lo inesperado: "un neurocirujano nos dijo que yo no volvería a caminar, que probablemente quedaría postrada en una silla de ruedas. Claudio se deprimió, se hundió en una profunda tristeza y quedó desolado. Eso activó una enfermedad hematológica crónica que tenía de base y, a su vez, el mal trago detonó una leucemia",recuerda Liliana. Y ese fue el comienzo del fin.

Claudio tuvo que ser internado mientras a Liliana la operaban por su tumor. "Estaba preocupado, sentía que me había fallado por no haber sido capaz de cuidarme luego de la operación. Lloraba desconsoladamente, tenía miedo y no podía soportar la idea de verme mal y mucho menos de imaginar que yo no iba a volver a caminar", dice ella que logró recuperarse de la intervención y que, para sorpresa del médico que había sentenciado su futuro, no necesitó siquiera hacer rehabilitación. Hoy Liliana camina, corre y lleva una vida absolutamente normal.

Pero era ya tarde para Claudio y la enfermedad lo consumió en cuestión de meses. En un principio hubo una pequeña esperanza; Claudio se mostraba positivo e ilusionado, pero la quimioterapia era extremadamente fuerte y para colmo de males una infección intrahospitalaria agravó su estado. El malestar era evidente, pero Liliana no bajó los brazos y decidió regalarle pequeños momentos para que juntos atesoraran el amor que tan felices los había hecho. "Me acostaba, con autorización de los médicos en su cama, previamente pedía ser perfumado, peinado, disfrutábamos de esas horas juntos, sintiendo el calor de nuestros cuerpos", recuerda entre lágrimas. Claudio falleció en septiembre del año pasado, tenía 73 años. "Él me enseñó a ser una mujer completa, elevó mi autoestima, me dio tres nietos, dos nueras y la posibilidad de compartir mi vida con sus hijos. Pero es imposible que no me pregunte qué hubiera pasado si el doctor que jugó a ser Dios no hubiese emitido ese dictamen. Sé que Claudio me está esperando y que nuestro amor nos reencontrará cuando sea el momento indicado, ni antes ni después".

Si querés que la Señorita Heart cuente tu historia de amor en sus columnas, escribile a corazones@lanacion.com.ar con todos los datos que te pedimos acá.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas