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Un gallo para Esculapio: Peter Lanzani contó cómo se preparó para convertirse en Nelson

El actor encarna a un chico de Misiones que termina enredado en una mafia de riñas de gallos y, más tarde, siendo parte de una banda de piratas del asfalto

Martes 15 de agosto de 2017 • 01:13
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LA NACION
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Peter, en las grabaciones de Un gallo para Esculapio
Peter, en las grabaciones de Un gallo para Esculapio. Foto: Gerardo Viercovich

En una casa casi en ruinas en pleno barrio de Palermo, Peter Lanzani está grabando una escena de Un gallo para Esculapio. Enfrente, en un motorhome, Eleonora Wexler espera su turno. Los camarógrafos y técnicos salen a fumar, piden silencio. La propiedad está en venta, tiene tres pisos y, dice en el cartel, más de 100 metros cuadrados. Pero ellos usan solo la planta baja, al menos para esta escena que se repetirá cuatro veces. Bruno Stagnaro mira desde el control, vuelve adonde están Nelson (Lanzani) e Ismael (Diego Echegoyen). "Para mí siempre vas a ser el pajuerano ese", le dice Ismael, tras tocarse la barba, y se dan un apretón de manos. El director quiere repetir la toma, después cambia una palabra. La escenografía es oscura, hay un sillón donde está sentada La Edu (Manuel Victoria) con una taza de té. Desde producción cuentan que ese personaje fue el más difícil de encontrar. También que Stagnaro es más exigente que Juan José Campanella.

Arriba, unas bolsas de consorcio aíslan el ambiente, el silencio es total. Peter y Diego repiten el diálogo y Stagnaro pide que queden las dos alternativas para elegir después. Las grabaciones están en su última etapa, después de cuatro meses de trabajo intenso. La locación palermitana es una excepción, la mayoría de la miniserie -que podrá verse esta noche y todos los martes a las 22, por TNT, y mañana y todos los miércoles a las 23:15, por Telefé- se filmó en el conurbano bonaerense. Peter está cansado, siente que para este papel lo dejó todo. Es que si bien es para televisión, explica, fue filmada para cine. Entonces, todo tomó más tiempo y más exigencia. En un breve espacio hasta que preparen la escenografía para su próxima aparición en cámara, Peter sube las escaleras y, después de grabar un spot para TNT (se trata de una producción de Underground y TNT junto a Boga Bogagna, con el apoyo del INCAA), se sienta unos minutos a hablar con LA NACION. "Nadie se guardó nada. Si vas a entrevistar a cada uno de los chicos que estamos acá hace cuatro meses filmando, ninguno te va a decir que le sobra energía porque se deja todo", explica. También participan del elenco: Luis Brandoni, Luis Luque, Julieta Ortega, Andrea Rincón y Ariel Staltari -quien escribió la historia junto al director.

Peter, en las grabaciones de Un gallo para Esculapio
Peter, en las grabaciones de Un gallo para Esculapio. Foto: Gerardo Viercovich

"Conocí lugares interesantes y gente que en la vida había tenido la oportunidad de conocer y estar un rato charlando. Pero después, para el día a día, es un poco complejo ¿no? Porque se terminan alargando bastante las jornadas. Es largo el viaje hasta llegar ahí, después filmar las horas que hay que filmar y después volver a tu casa", cuenta sobre su trabajo en los barrios bonaerenses. Aunque para crear la atmósfera, el actor destaca que la elección de estas locaciones fue un acierto. "Se creó un mundo muy interesante: era Un gallo para Esculapio. Meter gente de ahí, charlar y escuchar las cosas que les van pasando fue muy rico. Muchas de esas cosas terminaron entrando en las historias", agrega.

El es Nelson, el protagonista, un joven humilde que viaja desde Misiones a Buenos Aires para darle un gallo de riña a su hermano Roque, que en realidad resulta ser su tío. Para aprender a hablar como una persona del litoral, el actor practicó un mes con dos coach y además se fue a Misiones donde compartió tiempo con chicos que lo ayudaron. "Me mostraron un poco sus costumbres, los lugares a donde iban de chicos. Esas cosas terminan sumando", explica. Aunque admite que no fue fácil cambiar su forma de hablar. "Te termina acotando muchísimo porque es más difícil terminar de lograr una improvisación con una tonada que no es tan fácil de interiorizar, ¿no? Porque es bastante diferente a la nuestra, y tiene sus yeites. Las ´eses´ que no las usan, los cantitos", cuenta.

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Nelson llega a la terminar de Lanús con el animal, al que trata como una mascota doméstica. Roque no lo está esperando. Desde ese momento, emprende la búsqueda. ¿Dónde está su hermano? En medio de unos escenarios marginales, el joven camina junto al gallo y va siguiendo pistas hacia su hermano que lo llevan a un lavadero de autos y, más tarde, a un gallerío. Lanzani explica sobre su personaje: "Creo que hay un desafío importantísimo de entender quién es esta persona, dónde está parado ahora y de qué manera es y a dónde va a querer o a dónde va a terminar yendo por culpa de sus malas decisiones". El misionero no va a tener más remedio que poner al gallo a competir para hacerse de unos pesos. El poco dinero que trajo se le terminó rápido e incluso tuvo que comer parte del salame que había traído de regalo. En paralelo, está Chelo Esculapio (Brandoni) quien es el cerebro detrás de una banda de piratas del asfalto. Él es quien, al parecer, lo puede ayudar a dar con Roque.

Nelson, quien termina sospechando que Esculapio tuvo algo que ver con la desaparición de Roque se va a infiltrar en la banda para investigar qué pasó con su hermano. Y en ese camino se termina metiendo en un mundo bastante lejano a sus momentos iniciales, donde parece un chico del interior inocente. "Es un personaje muy intrincado pero bueno hay muchas cosas que las irán descubriendo dentro de la miniserie", dice.

Sobre las peleas de gallos, el actor contó que no estaba para nada interiorizado en el tema. "No es algo en lo que me sienta cómodo, ni iría a verlo. Pero nosotros tuvimos mucho cuidado al hacerlo. Eso me deja tranquilo. Creo que está bueno, de una manera u otra, contarlo para que se entienda y se vea cómo es. Más que la riña de gallos, habla un poco sobre el mundo oculto que está detrás de eso, que es bastante más pesado y fuerte", explica.

Peter, en las grabaciones de Un gallo para Esculapio
Peter, en las grabaciones de Un gallo para Esculapio. Foto: Gerardo Viercovich

En la miniserie también se habla de los robos en la ruta y los llamados "piratas del asfalto", un submundo que Lanzani tampoco conocía en profundidad. "Fue entrar a un mundo loquísimo que lo fuimos descubriendo un poco entre todos, sin saber cómo es. Estuve averiguando un poco sobre todo eso, los golpes comando que hacen que están completamente organizados. ¡No se pueden creer! Fue interesante y fueron de las escenas más difíciles de filmar", revela. Es que, lejos de esta casona en pleno Palermo donde todo está en orden, para contar esa historia hacía falta hacerlo desde muchos lados y "de la mejor manera posible". Se usaron 85 locaciones distintas y participaron 500 extras, para lograr que surta efecto. Además, para hacer un golpe a determinado camión o a determinada persona, los personajes tuvieron que estudiar bien las maniobras para que parezca algo cotidiano.

Tras unos minutos de charla, la gente de producción sube las escaleras en busca de Peter. "¿Vamos?", le preguntan. El actor explica que están grabando las últimas escenas. "Estamos tocando las escenas del final, cerrando algunos personajes y dándoles color a algunas situaciones. Ya nos quedan pocos días de rodaje. que también es una mezcla de sensaciones, ¿no?", concluye mientras se prepara para volver a convertirse en Nelson, el alter ego que está apunto de abandonar .

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