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Historias del mejor clásico del fútbol

Ezequiel Fernández Moores

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PARA LA NACION
Miércoles 16 de agosto de 2017
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Real Madrid y Barcelona, con Alfredo Di Stéfano, en los años cincuenta
Real Madrid y Barcelona, con Alfredo Di Stéfano, en los años cincuenta.

El 13 de junio de 1943. Fue el día, afirman, en el que comenzó todo. A los hinchas de Barcelona les prohibieron ir al Estadio Chamartín por seguridad. El 3-0 de la ida había tenido un arbitraje polémico y Real Madrid no la pasó bien en Les Corts. Una semana después, el ómnibus de Barcelona fue apedreado al salir de su hotel. El equipo entró en la cancha bajo una pitada ensordecedora. Real Madrid había repartido más de 10.000 silbatos entre sus aficionados. El área de Barcelona se llenó de monedas. Jaume Sospedra esquivó un botellazo. "¡Rojos! ¡Separatistas!". Los aficionados insultaban y forcejeaban con los jugadores en cada saque de banda. El preparador físico Angel Mur quiso atender a un jugador. Un policía se lo prohibió. Intervino el presidente Enrique Piñeyro. Otro policía le ordenó que se callara o lo llevaría detenido. En el primer tiempo, con un jugador expulsado, Barcelona ya perdía 8-0.

Los jugadores de Barcelona decidieron no salir al segundo tiempo. Un Guardia Civil (aquí los testimonios son algo confusos) entró en el vestuario. Advirtió que si no volvían al campo irían presos. Eran años de Franco. Real Madrid terminó ganando 11-1. "Era humanamente imposible", pero los jugadores de Barcelona -escribió el diario La Prensa- salieron al campo "como diciendo a sus rivales: sabemos que no podemos jugar, así que haced lo que queráis". El partido "acabó de la única forma que podía terminar". Al autor de la crónica le retiraron el carné. Era Juan Antonio Samaranch, cuatro décadas después presidente del Comité Olímpico Internacional (COI). La Federación multó a cada equipo con 2500 pesetas. A Barcelona también. Fernando Argila, único jugador sobreviviente, no tiene dudas. "La rivalidad -le dice a Sid Lowe- empezó ahí".

Lowe, periodista e historiador inglés, publicó en 2014 "Miedo y asco en la Liga". Es acaso el mejor libro que leí sobre la historia de la Liga de España a partir de sus dos clubes más grandes, que vuelven a enfrentarse hoy. No habrá silbatos ni monedazos en el Bernabéu, pero sí una pañolada de protesta por el arbitraje polémico del domingo pasado en el Camp Nou. Real Madrid ganó igual (3-1) porque hoy tiene más plantel y juega mejor. Barcelona llora a Neymar, "traidor", dice su prensa, como el portugués Luis Figo que, peor aún, se había ido a filas del "enemigo". El caso Figo es otra historia caliente. El 23 de noviembre de 2002, Figo fue linchado por 120.000 personas cuando entró en el Camp Nou con camiseta blanca. Hasta le tiraron un cerdo a la cancha. Unos meses antes, había celebrado el título con Barcelona, con el pelo pintado de culé y cantando contra Real Madrid. Pep Guardiola había prologado su biografía. Pero Florentino Pérez se lo llevó a Real Madrid para ganar su primera presidencia. Barcelona malgastó la fortuna que recibió a cambio. Como podría sucederle ahora con los 222 millones de euros que pagó PSG por Neymar.

El caso más grave, sin embargo, fue el de Alfredo Di Stéfano en 1953. Un "robo" de Real Madrid, según Barcelona. Real Madrid era pobre tras la Guerra Civil. Chamartín, que fue virtual campo de concentración, era un estadio destrozado. Con tribunas desmanteladas para hacer leña y hasta un pequeño huerto en una punta del campo. Presidente encarcelado, otro muerto a garrote vil y vice fusilado. Jugadores presos o exiliados. Llevaba 14 años de posguerra sin ganar la Liga, contra cinco títulos de Barcelona, que era más rico y había sido comprador original de Di Stéfano. Santiago Bernabéu, nuevo presidente franquista, recibió ayuda del régimen y logró que Di Stéfano fuera a Real Madrid. "Barcelona -dice Lowe- perdió así la batalla más importante de su historia". Porque "toda la leyenda, la identidad y la cultura de Real Madrid está vinculada a la figura de Di Stéfano". Y porque "se podría afirmar que hasta España sería diferente sin Di Stéfano".

Real Madrid, que en 25 años había ganado apenas 2 Ligas, suma en 11 años con Di Stéfano 8 títulos de Liga, las primeras 5 Copas de Europa seguidas, 1 Copa de España y 1 Copa Intercontinental. "Papá, ¿era jugador de fútbol?", pregunta un niño ante una estatua de Di Stéfano. "No -responde el padre-, era un equipo". Lowe dice que la anécdota no es real. Pero la cuenta porque es perfecta. La Saeta Rubia "no quería que corrieras por él, sino que corrieras como él".

Pero, como Barcelona, también Real Madrid ha sufrido partidas polémicas de sus cracks. Con 38 años, menos pelo y más lento, como dijo una crónica, Di Stéfano ya no era "Saeta" ni "Rubia". Se fue enojado al Espanyol, dirigido por su amigo Ladislao Kubala, el ídolo húngaro que obligó a Barcelona a construir el Camp Nou. Como si Messi se fuera dentro de unos años a un club menor con Cristiano de técnico. Célebre juerguista, a Kubala le preguntaron en un aeropuerto si tenía algo que declarar. "Dos litros de whisky", respondió señalándose el estómago. Kubala había escapado disfrazado de la Hungría comunista. La FIFA lo declaró "desertor" y Real Madrid frenó su fichaje. Se lo llevó Barcelona. Di Stéfano, entonces, fue una venganza por lo de Kubala. Una de las tantas historias del mejor clásico que nos ofrece hoy el fútbol.

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