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Cómo convertir a futbolistas en rugbiers

Jorge Búsico

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PARA LA NACION
Jueves 17 de agosto de 2017

El neozelandés James Kerr, autor del libro "Legado", que cuenta del sentido de pertenencia e identidad como parte del secreto de los All Blacks, preguntó a los asistentes qué opinaban de la charla de 45 minutos que acababa de brindar a un pequeño grupo en el salón Rafael Aragón Cabrera del estadio Monumental. El presidente de River, Rodolfo D'Onofrio, sentado al lado de Enzo Francescoli y enfrente de Marcelo Gallardo, rompió el silencio: "Modestamente, algo de todo esto que usted propone, lo estamos haciendo". La escena ocurrió hace menos de dos semanas y es, en parte, una primera aproximación a lo que ocurrió en las últimas horas del martes, cuando, en un gesto poco frecuente en el fútbol, la delegación de River invitó a cenar a la de Atlas tras el encuentro que terminaban de disputar. Lo que en el rugby es el tercer tiempo, al que el maestro Carlos Veco Villegas supo definir como "el más importante de los tres que tiene un partido".

D'Onofrio tiene una estrecha vinculación con el rugby. Fue jugador en Central Buenos Aires, el club que alojaba a los estudiantes del Nacional Buenos Aires. Pero su extensión con el deporte se dio en Belgrano Athletic, donde su hijo, Rodolfito, quien lo acompaña en distintas tareas en River, fue capitán de la Primera. Los almuerzos con que los que los dirigentes y viejas glorias del club local agasajan a sus similares que los visitan, y los terceros tiempos entre los que jugaron el primero y el segundo del partido principal, forman parte de la vida de Donofrio. "¿Por qué no se puede hacer esto también en el fútbol? Lo hicimos para ir marcando un camino y para demostrar que el fútbol es mucho más que un producto para la televisión; es entusiasmo, pasión y convivencia", le explicó el presidente de River a la nación.

Pero lo que ocurrió en la noche del martes en Salta tiene otras explicaciones que se agregan a las de D'Onofrio. Hay que buscarlas por el lado del eje Gallardo-Sandra Rossi. Esta última, quizás una de las personas más valiosas en el mundo médico del deporte local, fue llevada por el director técnico cuando llegó a River. Significó su primera y fundamental contratación; única mujer en un lugar que se cree que es sólo para los hombres. Gallardo, desde lo futbolístico, y Rossi, desde la neurociencia, fueron reconstruyendo la identidad de River en cada miembro del plantel. Trabajaron en el sentido de la pertenencia, no sólo del club, sino también del fútbol. Lo que en la cartelera que luce en la entrada de la concentración se define como "Filosofía River. Somos lo que queremos ser...".

Esa filosofía, de algún modo, guarda varios puntos de contacto con el rugby. Porque el fútbol también tiene en su esencia, como el resto de los deportes, su sentido de pertenencia, un don que al paso del tiempo se fue transformando en locura. El triángulo D'Onofrio-Gallardo-Rossi buscan reconstruirlo. En el caso de la doctora, es un trabajo de uno a uno. Con un sello: logró instalar el departamento de neurociencia -inusual en el deporte argentino más allá del fútbol, en el cual es inédito- dentro de la concentración. El vicepresidente Matías Patanian, también presente en la charla de Kerr, añade otro escalón: a cada futbolista que llega a River se lo lleva el primer día al Museo, para que sepa cómo se hizo la historia del club y qué glorias llevaron su camiseta. Es lo que cuenta Kerr de los ABs en su libro "Legado".

El rugby de clubes no tiene razón de ser sin el tercer tiempo. Sencillamente porque un partido no se puede jugar sin otro equipo enfrente y sin un árbitro. River y Atlas lo comprobaron.

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