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Función privada

Héctor M. Guyot

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LA NACION
Jueves 17 de agosto de 2017
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Foto: Reuters / Kim-Hong-Ji

La imagen se impone por su impacto formal. Pantallas y testas se alternan en el espacio como los casilleros oscuros y claros de un tablero de ajedrez. Prevalecen la simetría, la uniformidad, el orden. Todas las pantallas repiten lo mismo. Las testas también se parecen: se diría que han pasado hace poco por las manos de un peluquero escrupuloso y albergan adentro pensamientos idénticos, ya que todo en la fotografía lleva la marca de la repetición. Imaginamos que allá enfrente, en un hipotético escenario, estará ocurriendo algo. Sin embargo, cada uno de los presentes tiene su propia función privada al alcance de la mano. Así, un evento público se fragmenta en pedazos para convertirse en muchas experiencias individuales que se repiten exactas en cada uno de los casilleros. En suma, la foto de este acto oficial en el que el presidente de Corea del Sur se dirige a un público cautivo retrata en verdad el efecto de las pantallas que hoy llevamos en la mano.

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