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Trump vive la peor semana de su presidencia y sigue perdiendo apoyos clave

Miembros de su partido, líderes mundiales y empresarios manifestaron su indignación ante la defensa que hizo el presidente de los supremacistas blancos en Charlottesville

Jueves 17 de agosto de 2017
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LA NACION
Protestas frente a la Trump Tower de New York
Protestas frente a la Trump Tower de New York. Foto: AFP

WASHINGTON.- La presidencia de Donald Trump quedó en llamas luego de que reivindicó su primera reacción ante la violencia que azotó Charlottesville, un giro que provocó una nueva ola de repudio contra la Casa Blanca y la dejó pegada al supremacismo blanco como nunca antes en la historia moderna de Estados Unidos.

Trump equiparó anteayer, en una intempestiva y desafiante diatriba fuera de libreto, a grupos de la extrema derecha del país -neonazis, supremacistas blancos y miembros del Ku Klux Klan- con manifestantes que protestaron contra ellos en Charlottesville al repartir en "ambos lados" la responsabilidad por la violencia.

El presidente dijo además que entre los extremistas había "muy buenas personas", que "no todos eran neonazis" o supremacistas y que habían sido tratados "injustamente" por la prensa.

El mensaje de Trump envalentonó a la ultraderecha, desató una ola de repudio inmediata que incluyó a demócratas, republicanos, antiguos presidentes y líderes extranjeros, sobre todo de Europa. Y su gobierno sufrió un éxodo de empresarios que lo forzó a desarmar dos consejos que había prometido preservar apenas un día antes, tras las primeras renuncias.

Con su popularidad deshilachada y su agenda estancada, Trump le dio forma a la peor semana de su presidencia. Trump, que ya era blanco de críticas constantes, fue acusado de amoral, de racista, de carecer del carácter para ser un líder, de ser una vergüenza para el país y de dividirlo, o de apañar a neonazis y ser "el presidente de la derecha alternativa".

En medio de la crisis política, el vicepresidente Mike Pence adelantó su regreso a Washington de su gira por América latina. Su oficina dijo que era para atender una reunión con Trump sobre Corea del Norte.

Desde Londres, la primera ministra de Gran Bretaña, Theresa May, se sumó a la condena que ya había hecho la canciller alemana, Angela Merkel. May se preocupó por contradecir a Trump al afirmar que no existía una "equivalencia" como la que él había sugerido.

"No veo ninguna equivalencia entre los que proponen puntos de vista fascistas y los que se oponen a ellos", dijo May. "Creo que es importante que todos aquellos que están en posiciones de responsabilidad condenen las opiniones de la extrema derecha dondequiera que las escuchemos", agregó.

La Comisión Europea emitió un comunicado para condenar "todas las formas y manifestaciones de racismo y xenofobia". El ministro de Justicia de Merkel, Heiko Maas, dijo que la postura de Trump era "insoportable" y que nadie debería trivializar el antisemitismo y el racismo de neonazis. Incluso el líder supremo iraní, ayatollah Ali Khamenei, sugirió en un tuit que Estados Unidos debía ocuparse de sus problemas raciales antes de meterse con los problemas de otros países.

La Casa Blanca mantuvo la línea fijada por Trump y circuló un memo entre los republicanos con un punteo de argumentos para defenderlo. "El presidente tenía toda la razón: ambos bandos en la violencia en Charlottesville actuaron de manera inapropiada y cargan con cierta responsabilidad", insistieron.

El repudio que sufrió el presidente en su propio partido tuvo matices. Algunos condenaron su reacción sin nombrarlo, mientras que otros, como Mitt Romney, lo contradijeron abiertamente.

Los dos últimos presidentes republicanos, George H. W. Bush y George W. Bush, marcaron la línea en un comunicado conjunto: "Estados Unidos siempre debe rechazar la intolerancia racial, el antisemitismo y el odio en todas sus formas", afirmaron.

Aliados que le dan la espalda

Partido Republicano

Varios miembros del Partido Republicano criticaron ayer los dichos de Trump; entre ellos, los ex presidentes Bush padre e hijo y los legisladores Paul Ryan, John McCain y Marco Rubio

George W. Bush

Ex presidente de ee.uu.

"Estados Unidos debe rechazar el fanatismo étnico, antisemita, y el odio en todas sus formas"

Líderes mundiales

Líderes fuera de Estados Unidos también criticaron al presidente, incluida la canciller alemana, Angela Merkel; el secretario de la ONU, António Guterres, y la primera ministra Theresa May

Theresa May

Primera ministra británica

"Es importante para todos aquellos en puestos de responsabilidad que condenen las ideas de extrema derecha cuando las oigan"

Empresarios

Varios ejecutivos desistieron de integrar los consejos consultivos empresariales por los comentarios del mandatario; entre ellos, los CEO de Merck, Intel y Under Armour

Doug McMillon

Ceo de walmart

"Trump perdió una oportunidad crítica para ayudar a unir el país al no rechazar inequívocamente las terribles acciones de los supremacistas"

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