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Punto final a la vergüenza de la TV aplastada

Jueves 17 de agosto de 2017
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Parecerse a lo mejor del fútbol europeo es meta y quimera a la vez en la Argentina. Son realidades distintas, contextos en muchos órdenes incomparables, aunque lo que tiene el fútbol es precisamente eso: permite soñar. Convencido de que acá se juega mejor que en casi cualquier otro lugar, al argentino futbolero le cuesta aceptar que al Mundial de Clubes (la Intercontinental aggiornada) hace tiempo que se va con las ambiciones recortadas: la meta es llegar a la final y que la derrota ante el europeo de turno sea corta, que no haya goleada con números para la vergüenza. River y San Lorenzo pueden dar fe. ¿Qué queda entonces? Mientras se recupera la categoría y el trabajo en las selecciones nacionales, mientras algunos clubes se modernizan futbolística y administrativamente, llegó la hora de al menos empaquetar bien el producto. Años atrás, la pantalla aplastada por sendas bandas negras generaba espanto y vergüenza entre los argentinos residentes en España. Así se veía tanto un Tigre-Unión como un Boca-River. Atrasado tecnológicamente, el fútbol argentino, que pese a sus problemas tiene un gran nombre, era incapaz de venderse a sí mismo. Gran noticia: ya no es así. ¿A la cancha a las 11 de la mañana del domingo? ¿Por qué no? De a poco, algunas cosas comienzan a cambiar.

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