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Marilú Marini: "Arlt vocifera para alertar sobre la presión social"

La gran actriz dirige El escritor fracasado, adaptación de un cuento del autor de Los siete locos; "ese personaje vacuo, de un solo libro, que asiste a los hechos culturales para figurar, hoy prolifera", dice

Viernes 18 de agosto de 2017
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PARA LA NACION
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Menuda, frágil, adorable, Marilú Marini puede ser la imponente y temible ogresa de Las criadas, de Jean Genet; pero le basta cambiar de vestido para devenir la conmovedora investigadora musical de Beethoven en Treinta y tres variaciones, obra de Moisés Kaufman. En su rostro sabe dibujar, borrar y volver a dibujar los infinitos rostros de clown de La mujer sentada, de Copi. Su voz, de una variedad de matices que va desde el susurro de amor hasta el rugido caníbal, se vuelve lírica, pícara y temblorosa para decir los poemas y los cuentos de Silvina Ocampo. Inmóvil, enterrada de pie en un montículo de arena, reducida a una cabeza parlante, deslumbró a Buenos Aires y a París en Los días felices, de Beckett.

En todas sus metamorfosis, Marini es una de las grandes actrices del teatro argentino; corrijamos, internacional. Esta temporada, Buenos Aires disfruta de su arte ejemplar por partida doble; en realidad, triple, porque ahora se apresta a debutar en una nueva función. La actriz que reside en París y, en los últimos años, trabaja aquí en invierno y primavera, ya repuso Todas las canciones de amor, de Santiago Loza, y La journée d'une rêveuse, de Copi; hoy estrena en el Cervantes como directora El escritor fracasado, un espectáculo unipersonal, adaptación del cuento homónimo de Roberto Arlt, interpretado por Diego Velázquez (el Erdosain de Los siete locos en la TV Pública). La adaptación de Diego y Marilú cuenta con la escenografía y el vestuario de Oria Puppo y la iluminación de ésta y Omar Passemato.

Foto: Hernán Zenteno

El mundo de Arlt no tiene nada que ver con aquel en que se mueve la madre y ama de casa concebida por Loza. Dice Marini: "Mi personaje en la obra de Santiago no tiene, en apariencia, puntos de contacto con mi vida; sin embargo, su humor, su amor por quienes la rodean, su ingenuidad lúcida, están en mí. Interpretarla me hace muy feliz. Es una mujer que no tiene nombre porque es «la señora de al lado» a la que le toca sobrellevar situaciones muy duras. Arlt está casi en la vereda opuesta".

El primer trabajo de Marilú como directora ha despertado mucha expectativa. Alejandro Tantanian, director del Cervantes, desde Edimburgo (donde asiste al Festival Internacional para entablar contactos de colaboración entre Escocia y la Argentina) se refirió al próximo estreno: "Marini y Velázquez han generado un diálogo de gran libertad. La obra permite reflexiones muy contemporáneas acerca del ser humano y la circulación de la obra de arte".

Mientras se sonríe y se peina el pelo enardecido por los tirones que se propinó la novel directora durante un ensayo, Marilú se presta a la entrevista.

-¿Por qué te decidiste a dirigir por primera vez?

-Diego Velázquez me propuso que adaptáramos el cuento de Arlt y que yo fuera la directora. Con una inconsciencia ilimitada, acepté. Soy muy dispersa y pensé que esa tarea me ayudaría a aumentar mi concentración: iba a tener que ordenar el trabajo de Diego frente a un texto y luego, traducirlo en imágenes.

-Desde hace mucho, tenías todos los elementos para dirigir.

-Sí, pero no podía ponerme en el lugar del que da el punto de vista sobre el mundo de una obra. Ahora, lo estoy aprendiendo. Más que una puestista, soy una directora de actores. Lo que me gusta de lo que he hecho es que lo siento vivo en escena. Eso se debe a un actor fantástico, muy dispuesto y muy libre como Diego Velázquez.

-¿Qué te atrajo en el cuento?

-Me interesó traicionar ese texto narrativo para convertirlo en un hecho teatral. Además, el personaje que presenta Arlt es de una actualidad asombrosa. El cuento fue escrito en la década de 1930 y ese personaje vacuo, de un solo libro, que asiste a los hechos culturales para figurar, hoy prolifera. Me impresiona la mirada de Arlt, tan lúcida e irónica, frente a ese hombre estéril que echa mano de cualquier recurso para ocultar su infertilidad. Arlt fue un autor que leí siendo joven, en las épocas del Di Tella. Hoy, me sorprende la bronca que se siente en ese relato. También me atrajo algo que se conecta con mi niñez y mi familia materna de origen alemán. Arlt era hijo de alemanes, con un padre temible, que le decía antes de irse a dormir: "Mañana te voy a castigar". Mi tía materna, mi Tante, que me crió, no tenía esa crueldad, pero era muy rigurosa.

-La adaptación que hicieron vos y Velázquez utiliza las mismas palabras de Arlt, salvo en la frase final, que no vamos a revelar.

-Lo único que hicimos fue cortar situaciones reiteradas. Él era muy porteño, pero se había formado en parte leyendo a grandes autores en las pobres traducciones de la editorial Tor. Su español era de traducción. Hay estructuras, palabras inventadas sobre la base de imágenes, que parecen alemanas. También utiliza algunos términos españoles que aquí no se emplean, como "enjalbegar".

-¿Qué tomaron en cuenta de lo que escribió Ricardo Piglia sobre Arlt?

-Lo que tiene que ver con no ir en el sentido literal de lo que Arlt dice. Me lo imagino escribiendo el cuento y sonriendo cuando denuncia esas sectas de impotentes que fingen ser creadores sin asumir que ya no tienen nada que decir.

-Ese hombre fracasado tiene en la actuación de Diego Velázquez una enorme vitalidad.

-Nos propusimos romper el estereotipo de lugar oscuro, terrible, deprimente que se asocia con la obra de Arlt. La violencia y las tinieblas salen a escena de otra forma. La vitalidad del personaje ya no funciona de un modo creativo, pero se canaliza en seducción. El cuento y la obra despliegan el éxito con el que el escritor oculta su fracaso. Si ese texto se dijera con el tono de un hombre aniquilado, no se podría mantener dramáticamente. Hoy, la gente en la Argentina está habituada a que en el teatro le planteen una situación más que un texto. Lo que pensaba y escribía Arlt sobre la cultura estaba a contracorriente de lo oficial, de lo establecido. Y nosotros buscamos nadar a contracorriente en el texto de él. Hay un ritmo en su escritura, una elección de palabras, un tono que es, por momentos, hasta engolado. Quisimos hacer un Arlt más cotidiano y aproximarnos a esa sonrisa gozosa que pudo haber tenido mientras describía los manejos perversos de su escritor fracasado.

-En mitad de la pieza, hay un pasaje musical.

-La parte musical la escribió Nicolás Sorín sobre un tema de un grupo de rock. La música actual funciona como una de las facetas de seducción del personaje. Otra es la ropa que usa, de una elegancia atemporal. Estamos ante un hombre fisurado, por eso se muestra brillante, para tapar la fisura. Su esterilidad la explica entre otras razones por su exigencia. Nada de lo que hace o de lo que hacen los demás es suficientemente perfecto o creativo; por lo tanto, más vale no hacer nada.

-Personajes como el escritor fracasado criticaron mucho a Arlt.

-Escribía mal, pero ese estilo descuidado era coherente con la expresión de su rabia, de su furia. Vivió la época terrible que se inició con Uriburu. Lo deben de haber irritado tremendamente los figurones culturales. Para algunos, Arlt es un resentido; en todo caso, ese resentimiento no se estanca adentro, sino que se manifiesta en borbotones de palabras. De un modo generoso, Arlt vocifera para alertar a sus congéneres sobre la opresión social y el peligro que corre la libertad de pensamiento.

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