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Ripoll, el pueblo que se convirtió en cuna y epicentro del doble atentado jihadista

Rodeado de ruinas romanas y con un espléndido monasterio que le da identidad, el lugar en el que "nunca pasa nada" se convirtió en punto clave de la investigación de los atentados

Sábado 19 de agosto de 2017 • 16:29
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LA NACION
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Ripoll, inesperado nido de los jihadistas que cometieron los atentados
Ripoll, inesperado nido de los jihadistas que cometieron los atentados. Foto: Reuters

Ripoll, Gerona.- Poner un pie aquí es pisar el Paraíso. Un valle verde desde el que se intuye la silueta de Los Pirineos. Un pueblo con ruinas romanas y un espléndido monasterio románico como seña de identidad.

Pero, a pesar de todo ese encanto, este pueblo a sólo una hora de Barcelona y donde, según sus vecinos, "nunca pasa nada" es, también, cuna y epicentro del doble atentado jihadista que acaba de sufrir Cataluña. El que rompe un invicto de trece años en la materia en este país.

De Ripoll salieron los asesinos más buscados de las últimas horas
De Ripoll salieron los asesinos más buscados de las últimas horas. Foto: EFE

De estas calles y de este mismo cielo salieron los asesinos más buscados de las últimas horas. Protagonistas, todos ellos, de un proceso de "radicalización exprés", el adoctrinamiento más difícil de detectar.

Nadie puede creerlo. "Yo estoy flipando, tía", dice Hamed, que atiende un puesto de Kebab -exquisito- cerca del edificio donde vivían al menos tres de los doce terroristas del comando. Los conoce bien.

"Eran casi unos críos a los que cualquiera hubiera tumbado de una hostia bien dada", asegura. Dice que dos de ellos solían llegar en bicicleta, luego de haber jugado al fútbol en un club cercano.

Ni él ni nadie en este pueblo -ahora "tomado" por la policía y la prensa internacional- se lo explica. ¿Cómo se puede pasar, de una vida en bici a la planificación -fallida, pero planificación al fin- de un atentado con coche bomba para un blanco potencial de cientos de personas?

Personas en la casa de la familia Oukabir en Ripoll, luego de que la policía llevara a cabo un allanamiento en el marco de la investigación de los atentados
Personas en la casa de la familia Oukabir en Ripoll, luego de que la policía llevara a cabo un allanamiento en el marco de la investigación de los atentados. Foto: AFP

Por eso hay tantos mossos de esquadra . Están convencidos de que el hilo conductor del drama partió de una mezquita, ahora cerrada, que parece más bien un garaje. Queda en la calle Sant Antoni. Su fachada amarilla no está lejos del monasterio que nadie deja de visitar. O sea: un local a la vista de todos

Allí llegó, hace unos meses, un imán nuevo. Albdelkabi Essati. Imposible dar con él: dicen que desapareció hace semanas.

Personal policial frente a un edificio en Ripoll
Personal policial frente a un edificio en Ripoll. Foto: AP

Es posible que no regrese: la policía sospecha que suyo sería el segundo cadáver encontrado en la casa de Elcanar. El chalet donde el comando acumulaba explosivos para su fallido ataque en cadena.

Ahora se sabe que Essatti era un salafista, una rama que reivindica un Islam extremo y radical. Un punto de contacto con el fanatismo de los líderes de la descabezada Al Qaeda. El -dicen- sería el responsable del adoctrinamiento ultra rápido y absoluto de los jóvenes asesinos.

Por arriba de la sorpresa, hay que tirar del hilo. Poco a poco, la comisaría se convierte en destino de vecinos y familiares de los yihadistas. Sus casas son registradas y quedan detenidos. Muchos aún no salen del estupor.

Hay vecinos de Moussa y de Driss Oukabir, los dos hermanos que vivían en una planta baja en la calle Gaudí, muy cerca de allí. También de los hermanos Omar y Mohamed Hychami, vecinos de los anteriores.

"Mi marido no tiene nada que ver. ¡Déjenlo en paz!", dice la mujer de Salh El Karib, el dueño del locutorio que frecuentaban los jihadistas. Viste chador negro, el velo típico de las mujeres chiitas. Está detenido y la gente ha pegado carteles con amenazas en su local.

La policía está sorprendida. A diferencia de localidades como Salt, Reus y Lérida, nunca el salafismo radical había hecho pie en esta zona. Ignora, también, cómo opera ese "adoctrinamiento exprés". Pero saben que es letal y difícil de detectar.

Un experto consultado por LA NACION lo define como "el arte de convertir los problemas personales en un proyecto político basado en la violencia y la destrucción de lo que se oponga".

De todos los terroristas, a sólo uno Moussa Okabir, se le conoce un mensaje radical. "Si yo fuera rey por un día, mataría a todos los infieles y sólo dejaría que los musulmanes practicaran su religión", escribió en internet.

Fue hace dos años. Por entonces, tenía quince. Nadie, por supuesto, lo tomó en serio. Hoy, este pueblo enclavado en una geografía de encanto no puede creer la monstruosidad que albergó.

Un hombre reza en una mezquita de Ripoll
Un hombre reza en una mezquita de Ripoll. Foto: AFP
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