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Cómo es el avión que había desaparecido en la zona del Delta

La aeronave salió del radar hace aproximadamente un mes; llevaba tres personas a bordo

El avión es una turbo hélice bimotor marca Mitsubishi, matrícula LV MCV. Foto: Archivo
Familiares de los tres hombres que viajaban en el avión llegaron al aeropuerto de San Fernando tras el hallazgo de la nave. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi
Familiares de los tres hombres que viajaban en el avión llegaron al aeropuerto de San Fernando tras el hallazgo de la nave. Foto: LA NACION / Santiago Filipuzzi
Hoy cerca de las 17.40 una aeronave de la ANAC encontró restos de una aeronave mientras sobrevolaba la zona de confluencia de los ríos Paraná Guazú y Barca Grande del delta bonaerense. Foto: Anac
Algunos de los restos del avión fueron encontrados en el río Paraná Guazú. Foto: Anac
La aeronave se encontraba semienterradas en un sector pantanoso, en un cráter tapado por agua y vegetación. Foto: Anac
El lugar del hallazgo. Foto: LA NACION
Estos tres hombres viajaban en el avión encontrado hoy. Foto: Archivo
El avión había desaparecido el 24 de julio. Foto: Archivo
Imágenes del rastrillaje. Foto: Archivo
Imágenes del rastrillaje. Foto: Eduardo Genova
Imágenes del rastrillaje. Foto: Eduardo Genova
Imágenes del rastrillaje. Foto: Archivo / Eduardo Genova
Sábado 19 de agosto de 2017 • 20:41

Hace aproximadamente un mes, un avión, que había despegado de San Fernando rumbo a Formosa con tres personas a bordo, desapareció en la zona del Delta seis minutos después del despegue y tras recorrer apenas 17 kilómetros, cuando estaba sobrevolando Maschwitz/Escobar. Tal como se conoció, desde la torre de control le pidieron al piloto que regresara luego de que este informara que estaba "a 7,5 millas de San Fernando". Finalmente hoy, encontraron el avión pero aún no hay información de los tripulantes.

La aeronave es una turbo hélice bimotor marca Mitsubishi, matrícula LV MCV, tripulada por el piloto Matías Ronzano. Además, la máquina tiene un sistema de balizas que al tocar el agua se activa una señal en forma inmediata que es detectada por los radares, pero nada de eso sucedió.

El avión es propiedad de la empresa Aibal SA, que está radicada en Bragado y se dedica a los servicios agropecuarios, cuyo propietario es Aristi. El hijo del dueño, Matías Aristi, era uno de los que viajaba en la aeronave, junto a los piltos Matías Ronzano y Facundo Vega, ambos de la ciudad de Lincoln.

Además, circuló la versión de que un cuarto tripulante, habría subido en San Fernando, sin ser registrado ni por las autoridades ni por las cámaras, aunque es a información nunca fue confirmada.

Una de las hipótesis que se baraja es que "podría haber tenido un siniestro a poco de salir, porque la última comunicación fue por celular de uno de los pasajeros a los cinco minutos de despegar".

Además, el avión fue uno de los cuatro de ese tipo de aeronave que participó en 1982 de la guerra de Malvinas como parte del escuadrón "Fénix" que brindaba soporte a la Fuerza Aérea y se dedicaba a tareas de guiado de los aviones de ataque Pucará. En ese entonces, el piloto era el veterano de guerra Carlos Lázaro Arregui y el avión pertenecía a IMPSA, la empresa de la familia Pescarmona. 35 años después de la guerra, fue sometida a un proceso de modernización que le permite seguir volando hoy en día y en 1977 pasó a ser parte de la empresa agropecuaria Aibal S.A.

Sumado a este refacción, hace tres años, modificaron las hélices para mejorar su rendimiento y autonomía. De todos modos, para varios especialistas se trataba de una aeronave difícil de pilotar para los inexpertos.

Así, las hélices Hartzell cuatripala con las que la máquina salió de fábrica, fueron reemplazadas por unas MTV-27 de cinco palas, las cuales fueron fabricadas por una empresa alemana y le habría permitido al avión volar más de las cuatro horas y media que se calculaban en un primer momento.

José Indaco, piloto profesional con más de 3.500 horas de vuelo en su haber, habló una semana después de la desaparición de la aeronave y señaló que "las hélices de cinco palas mejoran el rendimiento del avión en todos sus aspectos". Según el experto "capitalizan la potencia del motor, reducen el gasto de combustible, mejoran su aerodinámica y reducen la turbulencia y el ruido en la cabina".

Indaco describió al avión como "espectacular": "Tiene las mismas condiciones que un jet y, con hélices de cinco palas, es uno de los mejores aviones de este tipo que existen".

Pese a ello, de las cerca de 800 unidades que se fabricaron en los Estados Unidos hubo unas 300 que presentaron dificultades, por lo que mandaron a todos sus comandantes a trabajar en simuladores hasta reducir el número de inconvenientes a cero.

En esta misma línea, el experto en aviación consideró fundamental recibir las suficientes horas de instrucción antes de manejar una aeronave de este tipo. "Este Mitsubishi tiene excelentes condiciones y mucha potencia. Es semejante a manejar un auto de Fórmula Uno, si el piloto no está acostumbrado su inexperiencia puede jugarle en contra y provocar un accidente".

La empresa Hélices Clerici, encargada de la instalación de las nuevos propulsores, reconoció haber hecho el trabajo, destacó la calidad y el servicio de los componentes y aclaró que el cambio fue habilitado por la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) y la empresa fabricante.

"Se instalaron para mejorar el desempeño del avión. Son más livianas y menos ruidosas que las cuatripala que el Mitsubishi trae de fábrica", señalaron desde la empresa.

Los propulsores MTV-27 fueron fabricados por la empresa MT-Propeller y, entre otras características, tienen un núcleo reforzado por capas de fibra de carbono y vidrio, un sellado con capas de pintura acrílica de poliuretano y están fabricadas con madera de haya laminada cuya resistencia a la tracción es similar al acero.

Con información de Télam

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