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Tiempo para jugar en familia

Domingo 20 de agosto de 2017
PARA LA NACION
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El juego tiene una importancia central en el desarrollo integral de niños, niñas y adolescentes. Favorece el crecimiento, las relaciones sociales y la comunicación. Permite a los niños asimilar y comprender el mundo que los rodea, incorporar nuevas habilidades, desarrollar sus propias ideas. En suma, ganar poco a poco la confianza que le permitirá lograr mayor autonomía. Jugar permite vencer miedos, hacer catarsis y canalizar a través de la repetición y los cambios de roles. También es un puente entre fantasía y realidad.

Pero, ¿qué rol cumplen los juguetes en esta experiencia? En muchas ocasiones, para jugar los niños se sirven de juguetes, y en esa manipulación ejercen su dominio sobre ellos. Al mismo tiempo, los adultos se los otorgan como algo propio y permitido. Y, en ese acto, se transforman en instrumentos para el dominio de situaciones penosas, difíciles y traumáticas.

En definitiva, los juguetes y el juego permiten a los niños y niñas repetir a voluntad situaciones que les resultaron placenteras o dolorosas para así elaborarlas y comprenderlas mejor. Sin embargo, jugar con un niño no implica la compra de juguetes costosos ni en demasía. Muchas veces los juegos que más se disfrutan son aquellos que recurren a la inventiva del adulto y que trascienden de generación en generación. El respeto al derecho al juego no está dado por el juguete sino por la dedicación que pone el adulto en acompañar al niño al momento de jugar.

Este Día del Niño se nos presenta como una ocasión ideal para reflexionar sobre el lugar de los juegos y los juguetes no sólo en la vida de los niños, sino también de los adultos y de todo el entorno familiar. Es una realidad que a la vez que se valora positivamente el juego, se minimiza la importancia de la falta de tiempo de juego y de tiempo compartido para jugar.

Por eso, estamos convencidos de que el mejor regalo que podemos hacerles a los chicos es tiempo para jugar. Como adultos, es nuestra responsabilidad destinar tiempo y generar espacios. Promover la recreación y la creatividad. El juego es un derecho de cada uno de ellos, y como tal está resguardado en la Convención Internacional de los Derechos del Niño (art.31).

Si bien pareciera que nadie pone en duda esta relevancia, es necesario repensar esta lógica. Para que los niños puedan jugar es imprescindible un marco que los contenga y sostenga. No perdamos nunca de vista que la posibilidad de ser niños nos convierte en "grandes" adultos. Aprovechemos este día y regalemos tiempo para jugar juntos.

La autora es directora nacional de Aldeas Infantiles SOS Argentina

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