Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Jugar con fuego

Lunes 21 de agosto de 2017
0
Foto: Reuters / Daniel Becerril

En un extremo, la silueta metálica de un alto horno. Del otro, suspendido a vaya a saberse cuántos metros sobre la ciudad de Monterrey, el equilibrista. Como si las llamas de la fundidora, aunque ahora aplacadas en lo que es parte de un parque público, apenas pudieran emular algo de su fuego interno: ese impulso difícil, inaprensible para nosotros, tímidos mortales, que lo miramos desafiar el aire, las luces y el cielo, suspendido de un cable tan excesivamente delgado, tan vertiginosamente al desnudo. Mejor no pensar en lo que el viento pueda hacer a semejante altura; mejor intuir el latido terrible de la adrenalina: un rumor de sangre enardecida, pasos contenidos, intensas y cuidadas bocanadas de aire. Allá abajo, la ciudad hormiguea en autopistas y edificios; en las alturas, el acróbata quizá busque ofrendar algo de sí: un gesto de pura y gratuita audacia, ¿el sucedáneo de aquellos corazones palpitantes que sus antepasados dedicaban al sol?

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas