Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Mahagonny: el reality show del capitalismo salvaje

Esta noche se estrena una nueva versión de la obra maestra de Weill y Brecht, con régie de Marcelo Lombardero

Martes 22 de agosto de 2017
SEGUIR
LA NACION
0
El austríaco Nikolai Schukoff será Jimmy Mahoney
El austríaco Nikolai Schukoff será Jimmy Mahoney. Foto: Máximo Parpagnoli/tTeatro Colón

La dupla compuesta por el dramaturgo Bertolt Brecht y el compositor Kurt Weill es uno de los más claros ejemplos de cómo se pueden potenciar los talentos. Del músico dicen que solo encontró su verdadero oficio cuando comenzó a colaborar con Brecht y de éste, que no halló jamás otro compositor como Weill para emprender sus búsquedas estéticas. Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny, estrenada en 1930 y que tuvo como antecedente el Mahagonny-Songspiele, es para muchos la ópera mejor lograda entre todo lo producido por ambos. Esta historia, que narra la decadencia de la sociedad capitalista, se estrenará hoy en el Teatro Colón, con puesta de Marcelo Lombardero y con el director inglés David Syrus al frente de la Orquesta Estable.

Transformado para esta ocasión en un gran estudio de TV, el escenario del Colón le muestra al público -o mejor dicho a su audiencia- todo lo que les sucede a Jimmy Mahoney y sus amigos en ese lugar en el cual todo está permitido. Al igual que un programa televisivo que no se detiene ante nada con tal de medir unos puntos más de rating, en este gran show hay de todo. "Si hay un lugar hoy en el cual el capitalismo se evidencia de manera casi pornográfica es en la televisión. Ella es un espejo de la vida y me parece bien contarlo en ese sentido, por eso toda la ópera es como un programa en vivo", explica.

Se cumplen 30 años desde que este título se estrenó en Buenos Aires -reponiéndose en 2002-, pero, a diferencia de esas dos puestas previas, en las que se había añadido un narrador, aquí se vuelve a la forma en la que Brecht la había concebido, con carteles proyectando el texto que precede cada escena. "El conflicto del arte en colaboración se ve en esta obra como en ninguna otra. Entre Brecht, Weill y un tercero, del que nadie se recuerda: Caspar Neher, el escenógrafo que ideó todo esto. Ya en 1927 estaban planteando una escenografía con proyecciones. Eso me gusta mucho para lograr ese efecto de distanciamiento, y me sirvió para resignificar esos carteles como epígrafes televisivos", afirma.

Luego de haber colaborado en obras anteriores con un éxito increíble, los creadores de Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny no se encontraban acá en los mejores términos. "Es que a Brecht no le interesaba la ópera, sino la forma en la que podía comunicar otra cosa, provocar un fenómeno de extrañamiento; en cambio, Weill sí quería componer ópera. La música funciona en un sentido único, tiene esa carcajada irónica que hace posible digerir este espejo terrible de la sociedad que propone Brecht. No existe ningún fragmento de una ópera que se haya reinterpretado y trasladado de género como la «Canción de Alabama». Fue un éxito comercial que hizo ricos a Weill y Brecht, quienes tuvieron la suerte de contar con ese dinero para sobrevivir en el exilio", explica Lombardero.

Los carteles luminosos que se encienden antes de cada escena anuncian: Comer, Amar, Pelear, Beber, una sucesión de eventos que hablan de una ópera claramente antiwagneriana. "Pero esto no significa que sea una narración fría, sin sentimientos. Lo que el teatro épico propone es que el público se involucre desde otro lugar, desde un punto de vista crítico. No podemos plantearnos los preceptos brechtianos como si estuviésemos en 1927, aunque todavía hay gente que se resiste a uno de estos que dice que al teatro se viene a pensar. Pero al final eso depende del público y de la sensibilidad de la gente", afirma.

Esta puesta es una coproducción entre el Teatro Colón, el Teatro Municipal de Santiago de Chile y el Teatro Mayor de Bogotá. "Hay dos elencos fantásticos: Nicola Beller Carbone, Nikolai Schukoff e Iris Vermillion, entre otros. Hay además cantantes chilenos, de Colombia, Venezuela, Uruguay y un cast nacional maravilloso," comenta Lombardero.

Del Covent Garden al Colón

Durante 40 años, David Syrus trabajó en el Royal Opera House de Londres al lado de figuras como Colin Davis, Bernard Haiting, Antonio Pappano y tocando el piano para diversas producciones junto a Carlos Kleiber. Aunque la mayor parte de ese tiempo lo pasó detrás de escena, como repetidor y jefe de estudios musicales, el músico afirma que también disfrutó mucho en cada ocasión en la que tuvo la oportunidad de dirigir en el Covent Garden. Ahora, ya jubilado, tiene más tiempo para dedicarse a estas producciones que lo han llevado a viajar alrededor del mundo. Precisamente, ésta es la segunda vez al frente de esta obra, que ya dirigió el año pasado en Santiago de Chile.

Su experiencia como maestro repetidor se funde con la de director cuando durante el ensayo busca que cada cantante consiga el fraseo y la pronunciación adecuados, a la vez que insiste sobre los músicos para lograr el tiempo correcto. Además, se nota que conoce esta ópera hasta en sus más mínimos detalles. "No es una ópera que se monta frecuentemente, así que es un privilegio estar acá. La considero una obra inmensa y a la vez problemática. Luego de haber trabajado en gran unanimidad en el Songspiele y en La ópera de tres centavos, la dupla Brecht-Weill no pasaba por sus mejores momentos. Brecht consideraba que lo que hacía Weill estaba lleno de valores burgueses, ya que era una música hermosa: salías tarareando las melodías sin importar lo perturbador que hubiera sido el mensaje. En esto tengo que resaltar lo que hace Lombardero: logra imágenes que obligan a dar un paso atrás y enfrentárteles, pero al final la música tiene esa comodidad centroeuropea y sólo te queda aceptarlo", explica.

La lucidez de la música de Weill está presente durante toda la partitura en la que confluyen y se mezclan variedad de estilos, lo que para el director se convierte en parte del reto y que a la vez contribuye a la coherencia de la obra. "Esa tensión entre la capacidad de la música de sugerir conexiones mientras el drama no puede o no lo hace es la tensión presente en la mayoría de las óperas tonales, desde 1600 hasta ahora, y la vemos muy presente en Mahagonny", afirma.

Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny

Ópera de Kurt Weill, con libreto de Bertolt Brecht

Teatro Colón, Libertad 621

Funciones, hoy, el viernes, el sábado y el próximo martes, a las 20, y el domingo, a las 17.

En esta nota:
Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas